CERO Y VAN TRES

Por tercera vez, durante la actual administración, en el Concejo se hundió la posibilidad de vender la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá.

10 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Lo grave es que en esta oportunidad ni siquiera se llegó a una votación. El debate se interrumpió a punta de piedras y gritos por unos 300 empleados de la ETB que encontraron eco en algunos concejales dentro del recinto.

Este es un asunto de la mayor trascendencia para la ciudad. Si bien durante años el monopolio legal le permitió a la empresa nadar en la ineficiencia y a sus trabajadores, en prebendas financiadas por los usuarios, con la llegada de la competencia de Telecom que llegó pisando duro y espera tomarse de un solo trago el 30 por ciento del mercado bogotano y de las Empresas Públicas de Medellín (EPM) que también le pusieron el ojo a los desatendidos usuarios potenciales la ETB se vería abocada a la liquidación. Es solo un problema de tiempo.

Esto poco le importa al sindicato que se ha dado cuenta que aún en esta situación terminal los trabajadores saldrán con los bolsillos llenos. Pero sí le debería importar a la ciudadanía cuyo patrimonio en esa empresa, que ascendía a unos 2.500 millones de dólares al comenzar la administración Mockus, se ha visto reducido drásticamente. La pérdida del monopolio con la entrada de Capitel le dio el golpe más duro al valor de la ETB, que hoy podrá situarse entre los 600 y los 1.000 millones de dólares, según los entendidos.

Hay que reconocer que esta pérdida patrimonial no fue culpa del Concejo. Ni Mockus ni su primer gerente de la ETB entendieron la importancia de proteger su mercado. En cambio Telecom, bien dirigida por Julio Molano, hizo una alianza estratégica con las multinacionales del negocio.

Con una pequeña inversión propia, Telecom le ganó la partida a la ETB que bien hubiera podido atraer inversión extranjera para impedir el ataque de Capitel sobre su otrora mercado cautivo. Este descuido de la administración representó el más duro golpe que jamás hayan recibido las finanzas distritales, cuyo mayor patrimonio está en las empresas de servicios públicos.

Si bien el primer golpe, y grande, lo dio Telecom, no todo está perdido. Tanto su sindicato como el de EPM han logrado impedir la inaplazable entrada de capital privado a esas empresas, permitiendo que compañías privadas, a través de sus nuevas tecnologías satélites, televisión por cable, telefonía celular e Internet irrumpan por la puerta de atrás en ese lucrativo negocio. Allí es donde la ETB podría recuperar el liderazgo. Con la venta parcial de la empresa, que incluye el traslado de su manejo a un socio estratégico con la tecnología y el dinero para enfrentar la competencia.

Sin embargo, esta propuesta ha sido negada tres veces por el Concejo. Aprovechando las elecciones de octubre, no es hora de consultar a la ciudadanía para que decida el futuro de la ETB? Si el Concejo no permite su transformación no queda más remedio que los ciudadanos asuman esta tarea. Esto es, al menos en teoría, lo que la Constitución llama democracia participativa.

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