EN URABÁ VIUDAS VIVEN DEL RECICLAJE

EN URABÁ VIUDAS VIVEN DEL RECICLAJE

Oídos sordos a los comentarios de la gente que la tildó de basurera y loca, tuvo que aplicar Nubia Ibarguen para seguir adelante con sus labores de reciclaje.

10 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Fueron casi cinco años soportando las miradas y las habladurías de sus paisanos de Chigorodó, en Urabá, que la veían recorriendo las calles y establecimientos comerciales en busca de cartones, botellas de vidrio y latas de cerveza.

A la gente le pareció muy raro y se burlaban de uno, pero ahora que cayeron en cuenta que eso genera empleo, que da plata, somos más los que recogemos que los que compran , dice esta mujer de 40 años, que con su trabajo pretende conseguir el sustento para sus cinco hijos.

Nubia perdió a su marido desde hace varios años y desde que eso ocurrió le tocó asumir el papel de jefe de hogar.

Algo similar le ocurrió a Nirma Moreno, una mujer joven de Turbo, que pese a la vitalidad de sus 26 años, guarda en sus ojos y en su voz toda la tristeza de las viudas de la violencia de Urabá.

Hace seis años comenzó a reciclar y hace cinco que mataron a su esposo en un establecimiento público de Turbo.

Recicladoras de nailon Pese a las críticas que soportan unas 200 mujeres urabaenses, reunidas hoy en la Empresa Asociativa (Parú) y en la Asociación de Mujeres de Turbo (Asociatur), acaban de recibir el respaldo del Gobierno Nacional y de la empresa privada, al ser incorporadas al Plan de Generación de Empleo Urbano.

El programa, impulsado en la zona por la Corporación para el Desarrollo Sostenible de Urabá (Corpourabá), Fundaunibán y la Red de Solidaridad Social, entregó el fin de semana pasado dos máquinas lavadoras de nailon para que trabajen unas 208 mujeres cabeza de familia y viudas de la violencia.

Esa extraña máquina, que las mujeres miran como la cristalización de un sueño, servirá a las habitantes de los estratos 1 y 2 de Turbo, Carepa, Chigorodó y Apartadó para hacer parte del programa con el cual se pretende recolectar el nailon que desde hace más de 30 años le está cayendo a la tierra de las bananeras de Urabá, y que afecta su productividad.

Pese a que el nailon es un material abundante en la zona, su reciclaje es aún una actividad extraña para las mujeres que hacen parte del proyecto. Armadas con guantes, cuchillos y y unas especies de azadones, que son los implementos usados para remover y cortar el nailon, las mujeres se preparan para quitarle a la tierra de ese material plástico que la asfixia.

El proyecto está planeado para tres años y las entidades impulsoras en la región pretenden hacer una recolección más intensa La máxima cantidad de nailon que se ha recogido en Urabá son 6 mil toneladas, pero Augura estudia un proyecto que vale unos 8 mil millones de pesos para alcanzar la recolección de 20 mil toneladas. También se pretende generar otros 1.300 empleos para la gente de la región.

Mientras termina de desarrollarse el proyecto, el sueño de las mujeres es formar su propia empresa y llegar a ser las principales comercializadoras de nailon de Colombia y del mundo.

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