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REFLEXIÓN SOBRE LOS PEPES

REFLEXIÓN SOBRE LOS PEPES

El fenómeno de los Pepes merece una reflexión más allá de la espectacularidad de sus pepazos. La innegable popularidad de los llamados Perseguidos Por Pablo Escobar obedece no solo a que han interpretado un colectivo anhelo de represalia, esa rabia acumulada y cada vez más extendida, contra quien ya pocos dudan en considerar como el enemigo público número uno, sino porque en pocas semanas han dado la impresión de haberlo debilitado más de lo que en muchos años ha logrado hacerlo el Gobierno. Ante los ojos de la opinión, están llenando así, con brutal contundencia, el vacío dejado por la ineficacia oficial. Utilizando, claro, procedimientos a los que el Estado no puede acudir so riesgo de deslegitimizarse. Pero si resultan ser los Pepes los que en últimas dan al traste con Escobar, éste sería más un triunfo del hampa que del Estado, que ha invertido tanto esfuerzo, tanto tiempo y tantos recursos en su desgastadora e infructuosa búsqueda. Serían los antiguos compinches de Escobar, an

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de febrero 1993 , 12:00 a. m.

Con todos los efectos psicológicos y prácticos que tal desenlace podría traer en un país donde ya pululan grupos paramilitares, escuadrones parapoliciales, y vengadores anónimos de toda índole. Se consagraría aún más la privatización de la Justicia en una sociedad en la que ya se ha generalizado de modo aterrador la aplicación de justicia por propia mano. En este caso, a través de métodos terroristas iguales a los que se pretende extirpar.

Se dirá que a gente como Escobar solo se la puede neutralizar de esta manera. Y que el Gobierno debería más bien colaborar con los Pepes en un objetivo que es común. Dentro de la consabida máxima de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos , se puede presumir que el Bloque de Búsqueda habrá aprovechado la información que han demostrado tener los Pepes sobre los flancos débiles de Escobar. Existen precedentes en este sentido con otros enemigos declarados del capo antioqueño. La misma política de la delación recompensada busca estimular la colaboración de los delincuentes. Se trata de utilizar al hampa contra el hampa. Estrategia válida que, sin embargo, puede tener peligrosas desviaciones. O resultar totalmente contraproducente. Fue lo que sucedió, en otro contexto, con la alianza táctica que en algunas regiones del país formaron sectores del Ejército con narcotraficantes latifundistas para combatir al enemigo común que representaba la guerrilla. Las legítimas autodefensas de campesinos y agricultores contra la extorsión guerrillera quedaron convertidas en grupos narco-paramilitares que terminaron atacando al Estado y asesinando a candidatos presidenciales. Ante el auge de los Pepes, el presidente Gaviria ha reiterado con razón que no se puede enfrentar el terrorismo con más terrorismo. Es ciertamente un camino sin fin, que solo conducirá a la definitiva desinstitucionalización del país. Pero mientras el Estado no demuestre que es capaz de ejercer el monopolio de las armas que tanto reclama; mientras no produzca resultados más convincentes en su guerra contra el terrorismo, la subversión y el crimen; mientras sigan haciendo explosión las bombas y cayendo inocentes, grupos como los Pepes seguirán actuando. Y, como están las cosas, ganando simpatías.

Y qué decir del frustrado y misterioso viaje de la familia de Pablo Escobar? Sigue siendo objeto de las más contradictorias hipótesis: que es porque se va a lanzar más a fondo a la guerra; que es porque se va a entregar... Las confusas explicaciones sobre la expedición y posterior cancelación de las visas a USA; la presencia de la prensa en el aeropuerto el día y la hora en que viajaba la familia; su posterior desaparición en un helicóptero de Helicol, se ha prestado todo para especulaciones muy diversas. Pero en medio de las conjeturas, una cosa ha de quedar en claro: el Gobierno debe hacer lo posible por garantizar la seguridad de la familia de Escobar. La explicación que dio su hijo es que buscaban huir de los Pepes (calificados por Pablito junior como policías perseguidores de Pablo Escobar ). Tiene su lógica (no el calificativo, sino el motivo del viaje).

Y aquí el Gobierno, que les prohibió la salida del país, no se puede cruzar de brazos. No solo porque los hijos no tienen por qué pagar por los pecados del padre, sino por elementales razones éticas y humanas. También, políticas. De Estado, si se quiere. Aun en las guerras más sucias, hay códigos de comportamiento. Inclusive entre los grupos criminales y de asesinos profesionales. No involucrar a las familias en los conflictos internos ha sido norma de la mafia americana e italiana. Hasta en Colombia ha existido en este sentido, aun en las épocas del general Maza, una especie de pacto tácito entre la fuerza pública y el Cartel de Medellín. Uno puede preguntarse por qué debe haber consideraciones de esta índole con quien no ha vacilado en matar a inocentes y les ha traído tantos luto y dolor a tantas familias. Por una sencilla razón. El Estado, si quiere guardar su legitimidad política y superioridad moral, no puede volverse jamás como sus enemigos. Porque entonces ya le sería difícil diferenciarse de ellos.

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