ME DUELE HASTA LA CÉDULA

ME DUELE HASTA LA CÉDULA

Nosotros salimos de Riohacha faltando un cuarto para las cuatro. El accidente se vino a presentar como a las cuatro y veinte.

09 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Veníamos bien. Estaba lloviendo en toda la Costa, pero había muy buena visibilidad.

En un momento dado cuando llegamos a un picacho (de la Sierra Nevada de Santa Marta) se perdió por completo la visibilidad. Se cerró todo.

El teniente (Carlos Hernando Mojica Rodríguez) trató de regresar otra vez a Riohacha. Y en ese momento, cuando giró, lo agarró un viento de cola y nos precipitó al mar. Cerré los ojos y le oré a Dios Nuestro Señor.

Sabía que nos iba a suceder algo. Era previsible, porque se cerró muy feo el firmamento. De un momento a otro quedó todo oscuro; no se miraba una cuarta.

Se sintió ese vacío tremendo luego de un golpe en la cola del helicóptero. Fue un giro tremendo y caímos en plena agua, a unos 200 ó 300 metros de la orilla.

El helicóptero no se hundió por completo. Siempre se hace una especie de bolsa de aire y eso había que aprovecharlo para soltarnos de los cinturones, abrir las puertas y tratar de salir. Bendito sea mi Dios, lo logramos.

Se partió en dos o tres partes. Me solté el cinturón y abrí la puerta. Luego me paré en el patín y salí de primero. Esperé que salieran los otros, luego salió el técnico. Cuando iba a hundirme de nuevo a ver que había pasado con el piloto salió el muchacho, había tomado agua con gasolina y noté que estaba muy mal. Lo colocamos entre los dos patines del helicóptero y les dije que iba a buscar ayuda.

Como el teniente estaba mal, alguien tenía que cuidarlo. Se quedaron con él el técnico y el escolta y yo fui a buscar auxilio No sabía si el mar estaba en alta o en bajamar. Veíamos la orilla a unos 200 o 300 metros, pero se me hicieron kilómetros. Entonces me quité los zapatos y comencé a nadar. Dos veces se me fue el aire, daba la vuelta, descansaba y seguía.

Yo le pongo quince minutos lo que gasté hasta alcanzar la playa. No divisé a nadie, pero había un perro lo que indicaba que estaba cerca a una casa. Entonces le pegué un susto para que corriera para la casa y así buscar ayuda.

Afortunadamente, gracias a Dios, aparecieron unos trabajadores de una finca que iban a ver unos trasmallos que habían colocado.

Dios es muy grande. Después me enteré que ellos no querían ir a ver los trasmallos y el dueño de la finca, Jairo, los obligó, que no importaba que estuviera lloviendo, y eso nos salvó, Les hice señas con la camisa y les pedí auxilio a gritos. Les indiqué desde la playa que subieran cuatro kilómetros arriba y los recogieran. No había tiempo para que llegaran a la playa y me recogieran, así que sólo les indiqué dónde estaba el helicóptero y cuando llegaron ya sólo flotaban los patines del aparato.

Desde el momento del accidente habían pasado unos 50 minutos, que se me hicieron eternidades .

Rescatado el grupo nos reunimos todos en la finca del señor Jairo y llevamos al teniente Carlos Hernando Mojica Rodríguez, debido a la gravedad de sus heridas, a la Clínica La Milagrosa en Santa Marta.

Ya más tranquilos llamé a mi casa como a las ocho y media. El regreso a Barranquilla también fue traumático porque informaciones sobre presencia de guerrilla en Ciénaga nos obligó a devolvernos hasta que la contraguerrilla revisó la zona Llegué a la casa hasta la una de la mañana, donde me esperaban angustiadas Carmenza, mi mujer y María del Pilar , mi hija de 15 años. Aunque les había dicho que todo estaba bien no me habían creído porque ya saben cómo es el oficio de uno de policía que dice que todo está bien para no preocuparlas, cuando algo anda mal Lloré cuando las vi, acompañadas de mis oficiales, y nos abrazamos, pero con Pilar duramos como quince minutos tratando de calmar a Carmenza que no se reponía de la angustia y la alegría de volver a verme lleno de moretones, con cortaduras en las piernas y la cara, pero sano y salvo gracias a Dios Me dormí como a las tres de la mañana y madrugué a seguir con mis labores cotidianas. Fui a la inauguración de un frente de seguridad ciudadana pero durante el día he sentido que me duele hasta la cédula .

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