Secciones
Síguenos en:
ANTE TODO LA PAZ

ANTE TODO LA PAZ

El objetivo primordial es la paz. Lo que no conduzca a ese noble fin debe ser aplazado o excluido. Los partidos deben colaborar a una política programada de acuerdo con los imperativos nacionales. No están de acuerdo en su conducta con la realidad conmovedora. Se discute apasionadamente sobre si debe ser la Convención Nacional o una encuesta popular la que señale al candidato. La energía política está siendo invertida en preocupaciones y ocupaciones secundarias. Hasta que el horizonte no esté abierto y tranquilizada la opinión pública, no se pueden emplear los esfuerzos políticos en tareas que no están de acuerdo con el alarmante contexto nacional. El programa político que debe realizarse es el de buscar todos los medios que conduzcan a la normalidad en los campos y en las ciudades y al regreso a las buenas horas de bonanza y de paz. No pueden reunirse convenciones mientras existan amenazas de bombas. Los guerrilleros y terroristas pueden buscar modificaciones políticas por medio de

Más temible que el manzanillismo que se quiere proscribir con la encuesta nacional es el efecto desolador y desorientador de los explosivos. Ellos deben cesar. Y solamente cuando sean suspendidos, podremos hablar de paz. No es posible realizar una política normal y fecunda en iniciativas mientras no cese la violencia.

La opinión nacional debe acompañar al señor presidente de la república, doctor César Gaviria, en el esfuerzo duplicado que está haciendo para el logro de sus fines. Se ha aumentado el presupuesto de guerra, el número de hombres en pie de fuerza, la dotación técnica capaz de enfrentar el desafío. Hay esperanzas concretas en la obtención de los fines esenciales. Pero la cuidadanía debe respaldar activamente al Gobierno, mientras sus soldados combaten por volver a la normalidad y por ofrecerle perspectivas tranquilizadoras a un pueblo que ha sufrido dramáticamente el dolor de un injusto castigo y que presencia la serie de desafíos de la subversión armada.

No es con indiferencia como pueden observarse esos fenómenos, ni es aceptable moralmente la familiaridad con el horror. No estamos en paz. Esa es la desnuda verdad. Nos conmueve el presente y el destino de esta tierra que amamos, por todo lo que nos precede y por todo lo que nos sigue, por lo que nos creó y por lo que hemos de crear, por la inmovilidad de sus sepulcros y por el vaivén de las cunas .

Hay que confiar en el destino de la patria y todos debemos ser militantes activos de ese propósito. El país ha demostrado una enorme resistencia, física y moral. No se ha dejado naufragar en el caos. Ningún otro país de la América ha sufrido tan intensa y tan injustamente. Se vio envuelto en una ola destructora y en una década ha padecido violencias y arrebatos que hubieran disuelto a otra comunicad menos firme.

La conducción acertada de la economía, el manejo serio de la política exterior y las reformas que fortalecen la justicia, lo han redimido del desastre. Tiene fuerzas para seguir marchando, pero es justo que esa marcha se haga en paz. Debe estar orgulloso de su resistencia y aún más orgulloso de su presente. El caos no lo disolvió. Merece como ninguno la paz, que es don de Dios.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.