EL MODELO ESTÁ EQUIVOCADO

EL MODELO ESTÁ EQUIVOCADO

Es la guerrilla colombiana el enemigo común de Colombia y Venezuela? Sin duda para el Estado colombiano sí lo es. Sin embargo, para el Estado venezolano la Coordinadora Nacional Guerrillera no debería serlo. El que el gobierno de Caracas haya asumido la tesis del enemigo común no significa que esta sea acertada y útil. Las actividades de la guerrilla colombiana en la frontera constituyen un problema grave, pero ello no la convierte necesariamente en la enemiga de Venezuela, no obstante Caracas lo haya definido así. Si bien ello le brinda beneficios tácticos, eso no mejora los vínculos estatales entre Venezuela y Colombia ni contribuye a superar el problema guerrillero.

09 de junio 1997 , 12:00 a. m.

El asunto de los grupos armados insurrectos en un territorio dado y el papel de los países vecinos frente a ese fenómeno ha seguido, por lo general, tres modelos: Costa Rica, Turquía y Camboya.

El modelo Costa Rica implica que la nación vecina a un país que vive un conflicto armado no identifica al grupo insurgente que actúa allí como su enemigo, preserva su neutralidad frente a la guerra irregular en el país contiguo y mantiene una autonomía que le permite incidir, en algún momento, a favor de una solución pacífica de la disputa en el país afectado. El gobierno costarricense no definió al sandinismo como su enemigo, no se vinculó negativamente al conflicto armado de su vecino y así pudo participar de manera activa en la paz en Nicaragua.

El modelo Turquía responde a una práctica contraria a la anterior: el país vecino a una nación con un grupo rebelde armado define también a ese actor como su enemigo. Particularmente después de la guerra del Golfo de 1991, el gobierno turco no solo persigue en su territorio, sino que penetra en Irak y ataca a los kurdos ubicados cerca de la frontera entre ambos países. Esa situación ha generado la violación de los derechos humanos y la penuria social del pueblo kurdo, así como la inestabilidad militar en un sitio geopolítico neurálgico.

El modelo Camboya es distinto a los dos mencionados. En este caso, el país no busca asumir como suyo al enemigo insurgente de su vecino, pero se ve envuelto en un conflicto ampliado con dicho actor armado en razón del comportamiento de un tercer país. Durante la guerra de Vietnam, Estados Unidos forzó a Camboya en la lucha contra las fuerzas de liberación vietnamitas. Ello produjo un costo inmenso para Camboya que sufrió lustros de violencia brutal y colapso institucional.

Un híbrido Venezuela escogió un esquema híbrido. A semejanza del modelo Turquía identifica a la guerrilla colombiana como su enemigo, aunque a diferencia de ese ejemplo todavía no ha logrado, con el argumento de la persecución en caliente , ingresar masivamente a Colombia a combatir a las Farc y al Eln. Con cierto matiz frente al modelo Camboya, el gobierno de Caracas coquetea a Estados Unidos para lograr su mayor atención y eventual respaldo para enfrentar el problema fronterizo causado por su enemigo. En el fondo, Venezuela cree que es Colombia, como un todo, su contrincante pues el Estado hace poco por controlar el territorio nacional, lo cual reafirma una visión conspirativa sobre un presunto contubernio colombiano contra los intereses venezolanos.

Merece revisión La política venezolana contra la guerrilla colombiana, probablemente sustentada en su propia experiencia exitosa de los sesenta, y más concretamente en los ataques y secuestros que ha realizado el Eln en su territorio, augura mayores dificultades en el futuro. Esta política debería revisarse seriamente. La estrategia venezolana le crea a Caracas problemas críticos. Primero, le otorga a las Fuerzas Armadas un lugar de inusitada influencia corporativa frente al poder civil: los militares absorben grandes recursos financieros, incrementan sus facultades institucionales y aumentan su capacidad de veto en los temas fronterizos en general. Segundo, la militarización de los límites con Colombia le resta capacidad de acción social al gobierno venezolano en su lado de la frontera, distanciando a sus propios ciudadanos frente a un Estado que solo hace, crecientemente, presencia militar en una amplia franja limítrofe. Tercero, la estratagema de Caracas le otorga a la guerrilla colombiana un apoyo simbólico, que nunca antes había gozado, entre algunos colombianos de la frontera porque los excesos de los militares venezolanos despiertan cada vez más irritación y malestar en Colombia. Y cuarto, la política de presión en torno del asunto guerrillero no le asegura nada a Venezuela en cuanto al tema del diferendo de aguas marinas y submarinas: más temprano que tarde la actitud de dureza de Caracas puede llevar a Colombia a cambiar de estrategia de diálogo bilateral en el tópico del Golfo de Venezuela.

Venezuela puede jugar un papel clave y positivo en la pacificación de Colombia. Pero ello exige acercar a Caracas más al modelo Costa Rica. Por ahora, no parece existir la voluntad política para eso.

(*) Investigador del Instituto de Estudios y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional.

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