AQUELLA MAÑANA DEL 53

AQUELLA MAÑANA DEL 53

Pasado mañana, martes 10, se cumplirán 44 años de un acontecimiento maravilloso. Un hecho doméstico y a la vez excepcional. No es una efemérides como las obras; el 10 de junio de 1953 no nació ni murió ninguna estrella del fútbol, ningún club se consagró campeón ni se batió récord alguno. Simplemente fue el día en que un garoto de piernas torcidas y cara tan angelical como su alma, un rapazinho del interior del estado de Río de Janeiro, fue probado en la primera división de Botafogo.

08 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Era Manuel dos Santos, llamado Garrincha.

Con el tiempo sería el ciudadano más amado de Brasil. Y miles de ellos aseguraron, durante muchos años, haber estado aquella mañana en la sede de General Severiano, frente a la Bahía de Guanabara. Todos aseguraban haber viso aquello que terminó convirtiéndose en una leyenda, con las deformaciones y exageraciones de toda leyenda.

La historia está reproducida de Estrella solitaria, un brasileiro chamado Garrincha, excepcional libro de Ruy Castro, obra que todos los periodistas jóvenes debieran leer (y a algunos viejos no les vendría mal). Es un magistral tratado de periodismo de investigación y un canto a la sencillez y al buen gusto.

Un domingo de marzo de 1952 en que no había fútbol, un durísimo zaguero botafoguense, Araty, fue invitado a una parrillada en Pau Grande, a unas dos horas de Río. Esas invitaciones a las que nunca se va. Araty fue. Comió, bebió, charló. Por la tarde había un partido en el clubcito de fútbol barrial. La fábrica textil local contra la Unión de Bancarios de Cavalcante, otro pueblo. Lo invitaron a ser juez del encuentro; Araty aceptó. Fue el hecho que marcó su vida para siempre. En el cuadrito local había un punta derecha genial. Arrancaba como un huracán, dribleaba adversarios en hilera y chutaba como un cañón. En media hora arrasó con cuanto bancario se le puso en frente.

La gente local no hizo mayores comentarios, estaba acostumbrada. Araty quedó como aquel que encuentra un ovni estacionado en la puerta de su casa y dos marcianos tomando café con su esposa. Terminó el show y fue sobre el muchacho: Vea, su lugar está en Río, en Botafogo, yo lo llevo . Le extendió su tarjeta. Garrincha agradeció y prometió que iría. No fue. No le interesaba. Pau Grande era un paraíso en el que vivía pescando, cazando, enamorando a cuanta menina se le cruzaba y, los domingos, jogando futebol. Tenía, además, el sueldo de la Compañía América Fabril, en la que no hacía casi nunca nada, pero se salvaba por ser el crack del equipo.

Araty volvió a Botafogo sobresaltado. He visto un monstruo del fútbol! . Habló con el técnico, el presidente, los otros jugadores... Nadie le creyó. Pasó más de un año. Hasta que Eurico Salgado, un allegado al club, decidió comprobar personalmente los dichos de Araty; nadie insiste tanto porque sí. Salgado fue hasta Pau Grande un domingo y lo vio. Quedó deslumbrado. Era todo cierto lo de Araty. Salgado esta vez lo comprometió en serio al muchacho y Garrincha fue a Río de Janeiro.

Garrincha nunca había jugado fútbol oficial y jamás había hecho un solo abdominal; no tuvo inferiores ni técnicos, pero ahí estaba, iba a ser probado en la primera de Botafogo. En el vestuario miraban con sorna sus piernas insólitamente torcidas, reían por lo bajo, cuchicheaban: este es el crack de Araty .

Gentil Cardoso, el director técnico, le dio la camisa número 7 y lo incluyó en el equipo de los suplentes; debía enfrentar al mejor lateral izquierdo de la historia de Brasil, Nilton Santos, conocido como La enciclopedia del fútbol . Fue la primera bola tocada por Garrincha la que generó la leyenda. Garrincha la paró y en lugar de encararlo lo esperó a Nilton. Este fue tranquilo y el garoto lo pasó como un poste. Nilton salió corriendo detrás a todo vapor para lavar la afrenta, pero el punterito frenó en seco y lo hizo pasar de largo. Volvió a esperarlo, toreándolo, Nilton se vino como para partirlo en dos y Garrincha se la tocó por entre las piernas y se fue con pelota y todo.

Fue una conmoción general. Lo de Araty era todo cierto, estaban en presencia de un demonio, un superstar del fútbol. Un desconocido que en su primera intervención había humillado a Nilton Santos. De inmediato hubo llamadas telefónicas al presidente, a otros directivos. No lo dejaron volver a Pau Grande sin firmar un contrato. Al día siguiente salió en los diarios: Botafogo descubre un movo craque .

Después, lo que el mundo ya sabe: Garrincha se convirtió en el más extraordinario gambeteador de la historia. Su auge, la decadencia y la muerte por alcoholismo. Jamás quiso ser jugador de fútbol, su desgracia es haber sido tan fabuloso dribleando. Si no, hoy estaría feliz en Pau Grande, cazando pajaritos y bebiendo cachaca. Pero eso es motivo de otra nota. Hasta el domingo.

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