ZAIRE, MUCHO MÁS QUE OTRA BATALLA ENTRE TUTSIS Y HUTUS

ZAIRE, MUCHO MÁS QUE OTRA BATALLA ENTRE TUTSIS Y HUTUS

El actual desastre humanitario en el este de Zaire, los violentos combates en las ciudades de la frontera zairo-ruandesa, el millón doscientos mil refugiados deambulando entre las bombas, muriéndose de sed, de disentería y desnutrición, y las llamadas a la guerra y a la masacre, evidencian que la catástrofe de Ruanda de 1995 fue sólo un anuncio, un primer toque de campana de la gran tragedia africana en la zona de los Grandes Lagos, donde se encuentran el Zaire, Rwanda, Burundi y el sur de Uganda. En otras palabras: la región en la que conviven, malviven y guerrean desde hace siglos los tutsis y los hutus.

10 de noviembre 1996 , 12:00 a.m.

Lo de Ruanda fue una guerra civil, pero el actual conflicto de Zaire tiene ya dimensiones mayores pues se trata del primer choque armado entre dos Estados africanos en los últimos 20 años.

Sin embargo las razones no son muy diferentes a las de 1995: el presidente de Ruanda, el tutsi Pascal Bizimungu, no duda en apoyar a las milicias tutsis del este de Zaire, rebeladas contra el poder del presidente-dictador zaireño Mobutu Sese Seko (uno de los últimos emperadores del Africa). En esa zona, además, se cruzan varias guerras: algunos caciques locales, apoyados por los restos del antiguo ejército hutu de Ruanda, se enfrentan a las milicias tutsis zaireñas, apoyadas por el actual ejército ruandés, mientras que el ejército nacional de Zaire se enfrenta a ambos, lo que, a fin de cuentas, equivale a una guerra entre Zaire y Ruanda. Paralelamente, las milicias de las otras etnias zaireñas que luchan contra el poder de Mobutu, pescan en río revuelto haciendo alianzas alternativas con hutus o tutsis, según sus intereses.

Sin embargo, en términos generales se puede decir que lo que tenemos es a los tutsis tratando de ampliar su dominios al este de Zaire y a los hutus resistiendo.

El sueño tutsi es el de cualquier nacionalismo basado en la separación étnica, el de tener un territorio propio, limpio de diferencias, en el cual vivir y gobernar sin tener que estar gobernados por Estados que les son ajenos y que sólo responden a las caóticas fronteras dejadas por el colonialismo alemán y belga de la zona.

El problema surge de que, al igual que en la ex Yugoslavia o en la Europa Central, las fronteras administrativas de los países no corresponden a la realidad de los pueblos que los habitan, de ahí el problema de las minorías, los conflictos de poder y las masacres finales en que suelen terminar.

Occidente no se decide Los occidentales, ahora, quieren limpiar sus malas conciencias creando una fuerza de interposición, pero con quién? Los tutsis no olvidan que Francia armó al poder hutu de Ruanda y luego, durante la guerra civil, los protegió con su ejército creando una zona de seguridad al sur del país, razón por la cual el presidente tutsi de Ruanda nunca aceptará una iniciativa que sea sólo francesa, por más que Mobutu sí la acepte en Zaire, como de hecho ya hizo.

París llama a los demás socios occidentales a participar, pero de momento sólo España, con el presidente Aznar, responde que sí. Europa quiere actuar bajo la bandera de la OTAN (por costos y por seguridad), pero Estados Unidos no se anima a involucrarse en una operación de resultados inciertos, que puede implicar bajas, en una zona de bajo interés estratégico y que además, por razones históricas, es responsabilidad de Europa.

Entre tanto, Suráfrica, que desea erigirse como la potencia del Continente Negro, apoya la idea de una fuerza de interposición que sea exclusivamente africana.

En suma, la voluntad de resolver esta catástrofe humanitaria es, a la vez, una filigrana de intereses geopolíticos de complicada resolución, con el agravante de que cada día que pasa la situación se deteriora para los civiles, principales víctimas del conflicto.

Dos etnias o dos clases? Según el historiador polaco Ryszrd Kapucinsky, los hutus y los tutsis no son en realidad etnias diferentes, sino el nombre histórico de dos condiciones sociales: los hutus , o labradores, de condición humilde, y los tutsis o comerciantes, la oligarquía culta de la región que durante siglos tuvo el poder.

En Ruanda los tutsis fueron apartados del poder por una especie de revolución hutu apoyada por Francia en los años 60, tras el fin del colonialismo belga, y los tutsis debieron refugiarse en Burundi y el sur de Uganda.

Siempre soñando con el regreso, sintiendo la nostalgia del poder perdido, los tutsis se lanzaron a la reconquista de Uganda en 1985, logrando el poder para el actual presidente Yoveri Museveni. De Uganda pasaron a Ruanda, en 1990, creando el Frente de Liberación Ruandés.

Del otro lado los hutus, que los veían venir y que sentían el peligro, iniciaron las masacres de tutsis con el viejo argumento de que la mejor manera de vencer un problema es exterminando a quienes lo representan, y así fue la explosión de 1995, que culminó con la expulsión de Kigali del poder hutu y la reinstalación de los tutsis. El ejército hutu de Ruanda, sin embargo, no desapareció sino que se refugió en Zaire y en Burundi, preparándose a su vez para reconquistar el poder con la complicidad de los caciques del Sur y Este de Zaire, los llamados señores de la guerra , enriquecidos por el comercio de diamantes y el narcotráfico.

Pero los tutsis, hasta ahora vencedores en Uganda, Ruanda y Burundi, también desean seguir, y ahora quieren el control de la región Este de Zaire. El sueño final sería lograr unificar esos territorios bajo una sola bandera y un solo poder tutsi, acabando con las absurdas fronteras dejadas por el colonialismo de Bélgica y Alemania, que los partió en 4 países.

Es esta la guerra actual en el Este de Zaire, país en el que viven cerca de 500 etnias y que, por lo demás, está dirigido desde 1965 por Mobutu Sese Seko, que en 30 años ha tenido la oportunidad de amasar una fortuna personal de casi 4.000 millones de dólares en un país cuyo ingreso anual per cápita no llega a los 300 dólares, y que posee villas de recreo en la Costa Azul francesa, residencias de lujo en Suiza y cuentas numeradas en todos los paraísos bancarios del planeta.

La tragedia africana que ahora se ve en los Grandes Lagos es la disolución de los Estados surgidos en la época postcolonial. Ya sucedió en Somalia, en Liberia y en Chad, y sigue sucediendo en Burundi e incluso en Angola, sin hablar de Sudán, partida en dos en los últimos 30 años. La pregunta actual de Occidente es si debe intervenir para que esas fronteras se mantengan o si deja que se creen nuevas, a un costo humanitario y civil enorme. Una pregunta de cuya respuesta depende, hoy, la vida de millones de personas.

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