COLOMBIA CAPRICHOSO ROMPECABEZAS

COLOMBIA CAPRICHOSO ROMPECABEZAS

Si hace cien millones de años usted hubiera tenido el privilegio de mirar el planeta Tierra desde el espacio, no habría podido reconocerlo. Ni siquiera estando en su superficie. Si hubiera tratado de ubicar el territorio de Colombia tal como se conoce hoy, tampoco habría podido hacerlo. La mayor parte de lo que hoy es la región andina estaría cubierta por el mar. Sus altivas cordilleras estarían representadas, a duras penas, por uno que otro lomerío situado en lo que hoy son la Cordillera Central y el departamento de Santander. Las zonas habitables del país estarían en lo que son hoy los Llanos Orientales y los territorios amazónicos. Allí, los dinosaurios retozarían bajo el sol tropical.

06 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Este modelo, que ha sido hallado por generaciones completas de geólogos después de muchos años de investigación, corresponde tan solo a unos minutos en la evolución de la Tierra, en particular de Colombia.

A través del estudio de las rocas, estos científicos han logrado establecer más minutos y muchos otros hechos, y armar parcialmente el rompecabezas de la geología colombiana.

Por ejemplo, saben que hace doscientos millones de años, lo que es ahora el valle del río Cauca al occidente no existía. Incluso se sospecha que alguna parte de Centroamérica ocupaba este lugar.

Pero tal vez lo más interesante que se ha encontrado --dice el geólogo Mario Moreno, profesor de la Universidad de Caldas-- es que en donde hoy está el valle del Magdalena había una cadena de humeantes conos que periódicamente oscurecían el cielo y arrasaban el suelo con infernales avalanchas de materiales a elevada temperatura .

Estas estruendosas explosiones nunca fueron vistas por ningún ser humano. Los reyes del momento eran los dinosaurios. Aunque no se han encontrado restos fósiles de ellos en Colombia --dice Moreno--, se supone que vivieron en muchos lugares de la geografía nacional. Esta afirmación se hace partiendo del hecho de que casi en toda Suramérica se han encontrado .

Y es que en ese período, llamado por los geólogos Jurásico, todos los continentes estaban unidos en un gran supercontinente llamado Pangea, rodeado por un gigantesco océano llamado Pantalasa. Muchos sectores de ese supercontinente eran mares someros repletos de vida. Un dinosaurio podía viajar desde Europa a Suramérica por muchas vías sin mojarse las patas y en cierto sentido eso pasó, ya que parece que ningún continente estuvo libre de su presencia.

El estudio de los fósiles o restos de formas de vida existentes en Colombia hace trescientos noventa millones de años le han indicado a los geólogos una procedencia sorprendentemente lejana: vienen de Nuevo México en Estados Unidos.

Durante ese período, llamado Devónico, existió en la primitiva Norteamérica un mar que cubría parte de su territorio. En sus aguas cálidas, por estar en latitud ecuatorial, prosperaban los corales, briozoos, trilobites, y braquiopodos.

Hoy se sabe que la parte sur del continente norteamericano, con esa rica fauna tropical, es nada más ni nada menos que gran parte de la región andina oriental colombiana. Es decir lo que hoy corresponde a los departamentos de Santander, Cundinamarca, Boyacá, Tolima y Huila , dice Moreno.

Mientras que los Llanos y la Amazonia formaban parte de otro gran continente llamado Gondwana, y estaban muy al sur, tan al sur que el polo climático se encontraba en la región amazónica brasileña. Los glaciares se extendían como los dedos de una gran mano desde allí y producían aglomeraciones desordenadas de guijarros llamadas tilitas, que pulían y rasguñaban las rocas a su paso.

Muchos de estos rasgos todavía se pueden ver en amplios sitios de Suramérica, pero no en la región andina colombiana. Bloques de otros continentes La conclusión a la que han llegado los científicos es que la parte oriental de la región andina es un terreno extraño (o alóctono), y solo gran parte del oriente ha permanecido unido a Suramérica, siendo entonces el bloque nativo (o autóctono) colombiano. Parte de la Amazonia y de los Llanos Orientales forman ese bloque en continuidad con el supercontinente llamado Gondwana.

El país cuenta con una agitada historia geológica; con seguridad su territorio ha crecido a expensas de múltiples anexiones. Unas veces se han añadido retazos de otros continentes (como la del norteamericano durante el Devónico).

Otros trozos, por ejemplo la Cordillera Occidental y el valle del río Cauca, eran hace ochenta millones de años parte del fondo del océano, y ahora han terminado apilados contra lo que era el borde continental colombiano. Por eso, una reconstrucción del país para esa época debe excluirlo del mapa, colocando una gran fosa donde ahora están los escarpes occidentales de la Cordillera Central andina.

Estos casos --dice Moreno-- no son excepcionales: los continentes crecen y se fraccionan. Lo que en un tiempo es un pequeño continente puede luego aumentar de tamaño al chocar con islas o al arrancar trozos del fondo del océano. También puede chocar con otro continente aún mayor, y con el tiempo este último se puede volver a fraccionar y dar origen a nuevos microcontinentes (ver recuadro) .

Todo esto parece un caprichoso rompecabezas donde las piezas solo cambian de lugar y lo único que se tiene que tomar en cuenta para su acople son los contornos.

Pero no es la forma de los continentes la guía para armar el rompecabezas geológico. Africa y Surámerica pueden unirse utilizando este sencillo criterio, pero al intentar otras reconstrucciones se debe estudiar la historia geológica de las piezas. Es allí donde se encuentran los criterios verdaderos. Pero a medida que transcurre el tiempo geológico aumenta el tamaño de las piezas y la dificultad para empatarlas.

Hoy, la comunidad científica colombiana, por ejemplo, discute el caso de La Guajira, donde hay rocas que con una edad de mil millones de años, pero nadie sabe a ciencia cierta si es parte de Norteamérica, si perteneció a Suramérica o si es un bloque de otro continente diferente.

Otro caso típico es la Cordillera Central en la región de Antioquia y un sector de Caldas. Allí también se discute si pertenecía al país hace 180 millones de años (en el Mesozoico) o si era parte de otro continente.

Definitivamente faltan piezas, estudio, y mucho tiempo (no tanto como el geológico) para resolver estos enigmas. CONTINENTES QUE SE MUEVEN Aunque sea difícil asimilarlo, los continentes no son tan estáticos como parecen.

En los años 70 surgió la Teoría de la Tectónica de Placas, que postula que la parte más externa de la Tierra, llamada litósfera, está formada por cerca de una veintena de placas o trozos esféricos. Algo así como la cáscara partida de un huevo cocido.

Las placas litosféricas no tienen más de 100 kilómetros de espesor y flotan sobre materiales que se comportan como un fluido viscoso.

Estas se mueven en diferentes direcciones llevando sobre sí la corteza continental más ligera y gruesa (alrededor de cuarenta kilómetros), lo que permite que sobresalgan y se formen los continentes verdaderos. En cambio, la corteza del fondo de los océanos es más densa y delgada, lo que la condena a estar permanentemente sumergida en el mar.

En algunos lugares, la corteza oceánica es tragada bajo un continente, como consecuencia de la colisión de cuerpos litosféricos de diferente densidad. Este fenómeno, llamado subducción, genera erupciones volcánicas y terremotos: la corteza oceánica al hundirse se recalienta por el efecto combinado de la fuerte fricción y el aumento de la temperatura con la profundidad, luego alrededor de los cien kilómetros de profundidad se comienza a fundir parcialmente formando gigantescas bolsadas de magma que por su densidad, ahora más baja, ascienden a la superficie aprovechando fracturas y zonas de debilidad. Cuando finalmente llegan, forman volcanes caracterizados por su explosividad.

La fuerte fricción genera muchas veces violentos terremotos, de ahí la relación antes no entendida entre vulcanismo y terremotos.

Colombia, como todo el occidente suramericano, está sometida al incesante empuje de la placa americana que se monta sobre la placa de Nazca de naturaleza oceánica. Esto genera los sismos de la región andina, además de las tristemente célebres erupciones volcánicas.

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