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SÓLO 28 MINUTOS CON MARTHA SENN

SÓLO 28 MINUTOS CON MARTHA SENN

Faltan pocas horas para que comience su presentación en el Teatro Colón, y Martha Senn no puede ejercer con su tiempo y con su voz una cualidad que defiende como básica en su personalidad: la generosidad. Está afanada. Tiene que arreglarse el pelo y probarse los vestidos que una mujer alta y rubia, y de aspecto severo, le acaba de traer a su apartamento del piso 20 (y a la que un corte intempestivo de luz por poco obliga a subir por las escaleras, con graves consecuencias para los vestidos y para la mujer rubia).

No hay tiempo que perder. Martha está enfundada en un pantalón de lana y tiene un suéter azul. Dice que ya vuelve y pide que se la espere en la sala.

El apartamento es sencillo y sensible, y se queda en silencio. La dueña debe gustar del arte religioso hay un retablo, un candelabro de piso, estatuillas e imágenes de la Virgen (muchas). A la entrada de la sala, un cuadro de Caballero, y mas allá, junto a la mesa del comedor, otro con el Telón de Boca del Colón pintado por Gatti, miniaturas de Mutis y una escultura de Rafael Barrios (junto a la ventana).

Y está la mesa con las fotos. Muy pequeñitas. Sus hijos Javier Nicolás y Lina María, su mamá Dilia y ella junto a un hombre. Se ve bonita y enamorada recostada en el hombro de Juan Sebastián Betancur. Sí, es el amor.

Sólo que no hay mucho tiempo. Martha Senn va a cantar esa noche (la del jueves pasado) con Lucy Ferrero y Fernando De La Mora, y bajo la dirección de Enrique Patrón Rueda, con la Orquesta Sinfónica de Colombia. Ella comienza...

El apartamento tiene un pequeño cuarto que limita con la cocina. Ahí está la música. Mahler, mucho Mahler en Compactos, y cinco casetes con Las primeras cien clásicas del amor . Y en papelitos pegados en la pared, escritas con esfero, las instrucciones para manejar el equipo (espiche este botón, nueva para allá, etc.).

Martha regresa. No sólo es que no tiene mucho tiempo. Es que no puede hablar mucho. Como cantante de ópera que es, debe cuidar su voz que es dulce y linda (y es una sola: en el canto, cuando habla en persona y hasta por teléfono). La voz es su tesoro y la unidad su dogma. El tiempo se acaba y Martha se sienta. Y bien? Nicolás: uno solo Los archivos de prensa vuelven aburridas a las personas.

Qué pensar de una mujer que sólo tiene éxito, que sólo es hermosa, que sólo es Diva? Y el cuento que se repite de una historia a otra se vuelve una coraza que no deja entrar al alma del personaje. Y cómo concebir a una mujer que se mete en la personalidad de Carmen o de Tosca o de Aída o de Mimí o de Violeta o de Dalila, y que no tenga alma? Y cómo concebir el alma sin siquiera un encuentro con el sufrimiento? A Martha Senn le gusta esa visión feliz (la del archivo) porque se siente obligada al optimismo. El dolor (no el de Isolda o el de Lucía o el de Julieta, no: el de Martha Senn) aflora con la muerte de su padre.

Y es que Nicolás Senn le brilla en los ojos a Martha. Lo recuerda en ese instante fugaz con una bondad de alma sin límites. Siempre solidario con la vida de su hija.

Pero sobre todo, tiene la imagen de él como un hombre ejemplar (para ser ejemplar sólo se necesita dar buen ejemplo). Generoso. Y la unidad de pensamiento, palabra y acción la heredó de él.

Como la afición por la música. El día comenzaba entonces en su casa con la música que escuchaba su padre (religiosa y sinfónica, y poco vocal, qué curioso). Don Nicolás tocaba la cítara. Y Martha desarrollaba lo que sería su virtud (descubierta por la profesora Carmen Barbosa en el Colegio de la Asunción): el oído absoluto.

Sus cualidades para el canto las conocería a través del castigo. Y es que cuando la regañaban se encerraba en un cuarto. Y para demostrar que no se dejaba vencer por la tristeza ( hay algo más triste que un castigo?), cantaba.

Pero estudió Derecho y Musica. Y así integró el espíritu práctico de su mamá ( con la música te vas a morir de hambre ), y el torrente idealista de su padre, que tuvo que trabajar de día y de noche como traductor, conocía cinco idiomas para pagarle las dos carreras a la muchachita (y a sus dos hermanos, que venían detrás).

Pero el otro dolor de su vida, mucho tiempo después del Derecho y cuando ya era una profesional casada y con hijos, está representado en la gran decisión (decisión, decisiones de verdad, son siempre sinónimo de dolor): ser ella misma y cantar.

Determina separarse de su marido. Ese momento es como la muerte , dice. Pero tenía que escoger el camino. Morir y volver a nacer. Nació como artista. La Ley de la gitana El tiempo se agota (por decencia hay que mirar el reloj compulsivamente). Y las pocas palabras se convierten en exceso (para un cantante de ópera no hay nada más terrible que quedarse sin voz: ni pensarlo).

Las preguntas surgen atropelladas. A Martha Senn, a quien muchos imaginan centrada en Puccini y Donizetti, le gusta la música popular. El vallenato, por ejemplo, porque es poesía (dice: voy a hacer una casa en el aire, solamente pa que vivas tú ). Pero también los boleros y las rancheras ( quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento ). La asaltan como recuerdos en los aviones, la llenan de nostalgias.

No prefiere a ningún personaje femenino de las óperas. Entre otras cosas porque entre más las estudia y las canta, descubre que no encarnan historias de amor sino de desamor. Gente que se porta mal con la otra gente. Y hay más pasión que amor romántico.

Pero de Carmen le gusta su filosofía de la vida ( Cómo es de bella la vida errante ). Físicamente Martha es tan Carmen, tan gitana como las canciones del próximo miércoles 3 de marzo...

Va a presentar en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Angel Arango, un recital de canciones gitanas. De Brahms, Tchaikovsky, Liszt, Dvorak, cantadas en alemán (y traducidas al español en el programa por Otto De Greiff).

Entonces lucirá altiva como el jueves pasado cuando cantó coqueta la habanera de Carmen, de Bizet, con el vestido blanco pegado al cuerpo (la mujer rubia cumplió su cometido) y el pelo cogido ambos el fruto de la espera diaria y la voz limpia y sin desgaste para entonar: L amour est enfant de Bohéme, il n a jamais (jamais) connu de loi... (el amor es como un niño gitano que jamás conoció la Ley).

En la puerta, un intercambio de cortesías. Martha cierra. Es el minuto 28.

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