HACIA DÓNDE VUELA CON-AIR

HACIA DÓNDE VUELA CON-AIR

Todo en Con-Air es como una película. Desde la melena leonil de Nicolas Cage seca y despelucada hasta las amenazantes cabezas lisas de los presos más peligrosos, parecen sacadas de otras películas y ensambladas con el método mágico de cortar y pegar.

06 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Cameron Poe, el personaje de Cage, es un tipo sureño, de buen corazón, fiel y honesto aún en apuros, una versión reblandecida (sin riesgo ni dudas) de Sailor en Corazón salvaje. Y no es descabellado imaginarse una reunión de productores encorbatados, con sus autos deportivos tostándose bajo el sol de California, preguntándose: por qué no hacer un Duro de matar con Cage en vez de Willis? De nuevo podría aplicarse el subtítulo de la persona equivocada en el momento equivocado, que logra salvar el día, el sistema, el pellejo, su felicidad y los neones de Las Vegas de un solo tirón sobrehumano, largo y modesto. Un hombre que hizo lo que tenía que hacer en el momento que más lo necesitaban.

Pero la película no tiene tanta gravedad como parece. Si en la serie de Duro de matar el humor partía del desenfado de Bruce Willis, en Con-Air proviene de la sonrisa apenas visible del director inglés Simón West tratando de ganar algunos puntos en su primer largometraje.

Entre los chistes, un Cage señalando amenazante a un compañero mientras repite suelta ese conejo . O una pareja que se queja del popó de paloma que les cayó en el parabrisas antes de recibir un excremento mayor.

Pero el sentido del humor de West induce a la confusión. Se está burlando del género? De los personajes? El guión fue hecho por los tres chiflados? Aunque en general la película tiende hacia la seriedad, los guiños de West son la única señal de vida en este refrito volador.

Lugares comunes La trama es la siguiente: Poe es un comando sentenciado a pagar siete años de prisión por matar a un borracho que molestaba a su esposa embarazada. En su último día de condena es transportado a su destino en un avión lleno de prisioneros peligrosos que secuestran la aeronave para volarse a un país tropical sin extradición, donde puedan tomar bebidas con sombrillitas adentro.

Y de paso, liberar a Cindino, el hijo de un narcotraficante colombiano preso en Estados Unidos, que podría acabar con el cartel de los mafiosos. Afortunadamente para todos, Poe, el sureño musculoso de buen corazón, se encuentra en el avión y decide quedarse ahí para cuidar a un amigo diabético y a una guardiana a punto de ser violada.

Eso en el aire. En tierra, también hay lugares comunes. Están las luchas de rigor entre las fuerzas del orden. La DEA y los alguaciles federales se enfrentan en una pelea llena de testosterona por la nave, como si fuera un hueso mecánico en una carrera de galgos.

Y lo más grave de semejante reunión de esquemas es la cantidad de talentos desperdiciados. Desde John Malkovich, quien encabeza la rebelión con algunos buenos momentos pero apabullado por el rol de sicópata estándar, hasta John Cusak como el guardián Vince Larkin, un yupie estándar también, todos los personajes parecen muñecos de cartón a la entrada del teatro.

Steve Buscemi, interpretando a un temible asesino en serie, es el único que pone sentido del humor a su personaje. Un oasis de tranquilidad en medio de un ambiente general de gritos y exageración que hace evidente la desproporcionada farsa dirigida por West.

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