LA CLIENTELA EN ACCIÓN

LA CLIENTELA EN ACCIÓN

Se duele el profesor Panesso de que se haga referencia peyorativa a la clientela, y la defiende con sabiduría y vehemencia, expresando que es un elemento consustancial al ejercicio de la política; sin ella, afirma, ni los almacenes ni los partidos existirían. Ambos establecimientos la necesitan para subsistir. Le endilga al ex presidente Lleras Restrepo la frase de que clientelista es el que le gana a uno las elecciones . Dudo de que quien dedicó sus mejores esfuerzos a desterrar el clientelismo de las costumbres políticas se haya referido de esta manera tan condescendiente a ese quiste tan maligno y protuberante de nuestra organización política.

06 de junio 1997 , 12:00 a. m.

A la clientela se la conoce desde hace mucho tiempo, por lo menos desde los romanos, como el grupo de personas que rodea a los poderosos para que estos las protejan y les ayuden. De allí la degeneración del clientelismo hasta nuestros tiempos. Su definición actual: el grupo que medra alrededor de las esferas del poder para obtener prebendas y ventajas, utilizando procederes lícitos pero no políticamente éticos y, en ocasiones, ilícitos.

Yo debo decir claramente, al contrario de mi amigo Panesso, que a mí me horroriza el clientelismo, así una voz autorizada como la suya afirme que gracias al clientelismo se ganan elecciones, no importa cómo.

Ensayo levantar un inventario de las características fundamentales de las prácticas clientelistas en Colombia y de sus consecuencias. He aquí el decálogo: 1. Gracias al clientelismo, los puestos públicos son única y exclusivamente para la clientela. No ha podido consolidarse un régimen de carrera administrativa nacional, departamental o municipal, ni siquiera en el servicio exterior, que les asigne las posiciones públicas a los más preparados y capaces. Hay que nombrar al representante de la clientela, sirva o no sirva, especialmente si se trata de comprar a los miembros de la Rama Legislativa.

2. Colombia ostenta el poco recomendable récord de ser uno de los países más corruptos del mundo. Corolario de la situación anterior. Las posiciones públicas, ejercidas con criterio clientelista, son para el beneficio personal, no para el beneficio colectivo.

3. El ejercicio de la oposición o de la crítica se volvió degradante y hasta peligroso. Quien no está conmigo está contra mí, son las palabras de quien está en la cumbre, y de sus inmediatos validos, lo mismo que en muchas dignidades y hasta en remotas inspecciones de policía donde se practica esta sabia máxima.

4. Colombia ostenta uno de los más bajos índices de participación electoral. Niveles de abstención (sanción) cercanos al 70 por ciento de la población les quitan representatividad a los elegidos. La apatía de quienes no participan porque nada cambia ha amenazado de muerte el sistema democrático.

5. Las leyes de seguridad social y las normas sobre pensiones excluyan a los congresistas, que las tienen mucho más ventajosas. Cuál es la causa de esta discriminación? La Ley 100 corrigió muchos abusos, pues ciertos empleos de representación popular, como los diputados, tenían prebendas exorbitantes.

6. El Estado colombiano no ha podido ser eficiente en el manejo de la cosa pública. Logró acabar con los Ferrocarriles; casi logra acabar con los puertos y aeropuertos. La justicia en su aspecto acusatorio está en crisis. Entidades en algún momento eficientes como el Sena y Telecom y muchas otras están postradas.

7. Los partidos políticos carecen de organización; no tienen vigor ideológico. No hay democracia interna. Están carcomidos por el clientelismo.

8. La compraventa de votos es una práctica común y corriente en el electorerismo clientelista. Por supuesto, gana el que más da y el que más corrompe.

9. Cargos de representación popular y altas dignidades del Ejecutivo se utilizan en beneficio de la clientela y no del bien común. ( Qué ha pasado con las administraciones de aduanas?) 10. El clientelista no tiene ideología. Esta le importa poco. Es fulanista. Y cambia de fulano a mengano o perencejo, con la misma facilidad con que cambia de camisa. Al fin y al cabo, el ejercicio electoral no es un problema de conciencia: es un dramático caso de subsistencia.

La clientela no es, admirado doctor Panesso, condición de la democracia abierta. Es el vicio que la carcome lentamente y amenaza con liquidarla.

Por ello, la sociedad civil debe hacer frente común para acabar con el clientelismo.

Anticlientelistas de todas las vertientes: uníos!

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