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INFIERNO DE 90 MINUTOS EN LA TORRE

INFIERNO DE 90 MINUTOS EN LA TORRE

El siguiente relato fue escrito por Christopher King, un empleado de la Casa de Bolsa Dean Witter, quien estaba en el piso 74 del Centro Mundial de Comercio cuando ocurrió la explosión. Tardó 90 minutos en bajar, junto con varias personas. La primera señal de problemas sucedió justo cuando estaba listo para salir a almorzar: el edificio comenzó a mecerse.

Hubo una tremenda explosión, y el piso se sacudió. Sonó como un trueno increíble. Era extraño. Todos lo sintieron. Las luces se prendían y apagaban.

Apenas entonces escuché que una mujer gritaba: No vamos a ningún lado. Llamen a seguridad, rápido .

El recibidor estaba lleno de humo. Los ascensores no funcionaban. Pensé que no iba a salir de allí. Nunca había estado en un edificio con tanto humo negro.

Mi primer pensamiento, y no fui el único que lo tuvo, fue que estaba atrapado en algo como la película The Towering Inferno (Infierno en la Torre).

Comencé a tener pánico porque nadie parecía saber qué puerta de salida deberíamos tomar, y nadie nos estaba dando información alguna.

Lo que me sorprendió fue que no escuché ninguna alarma hasta que empezamos a forzar las puertas de salida de urgencia.

Bajar fue espantoso, como el infierno. Nadie sabía qué estaba sucediendo.

No recibimos instrucciones de nadie sobre si debíamos salir o no, así que decidimos por nosotros mismos bajar los 74 pisos por las escaleras.

Una vez que tomamos esa decisión, algunos tuvimos pánico porque no sabíamos qué puerta tomar. Cadena humana La escalera estaba oscura y con humo. No había luz, así que poníamos nuestras manos en la persona que teníamos enfrente para formar una cadena humana.

En el piso 68, el humo se puso peor y fuimos obligados a salir de la escalera hasta que una autoridad del cuerpo de bomberos nos dijo que tomáramos toallas desechables de papel, que las mojáramos y cubriéramos nuestras bocas.

Una mujer tomó un contenedor de un escritorio, lo llenó de agua y lo usamos para mojar nuestras toallas a medida que avanzábamos.

Mientras bajábamos, las personas parecían compartir sus conocimientos y juntar información sobre cómo cuidarnos unos a otros.

Todos sentíamos pánico.

Había este sentimiento de que teníamos que salir de allí, pero al mismo tiempo, no sabíamos qué hacer porque ignorábamos lo que en realidad sucedía pisos abajo.

A medida que descendíamos por las escaleras, se volvía más caliente y más caliente. Nunca se sabía si, al dar vuelta a una esquina, nos encontraríamos con una pared de llamas.

Esa película (Towering Inferno) estaba en nuestras cabezas todo el camino.

El calor se volvió insoportable por el piso 40 ó 50. No veíamos fuego alguno, pero teníamos pánico y sentíamos que la escalera hervía.

Una mujer, una asmática que estaba con nosotros, necesitaba agua extra.

Por el piso 27, nos encontramos un bombero que nos pidió que nos relajáramos y que bajáramos despacio.

Todos nos sentimos aliviados por sus palabras.

Cuando llegamos al quinto piso, comenzamos a contar hacia atrás y empezamos a gritar cinco, cuatro, tres, dos, uno, a medida que descendíamos.

Cuando llegué al piso, mi rostro estaba oscuro por el humo. Estaba bañado en sudor, pero todo lo que me importaba era que estaba vivo.

Algo me sorprendió del incidente: no había luz de urgencia en la escalera. Lo que realmente me estremece es que si hubiera habido fuego, todos habríamos muerto .

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