SALUD PARALIZADA:

05 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Los movimientos huelguísticos en la esfera de la salud pública no resultan en general bien comprensibles para el común de las gentes. Las batas blancas han sido tradicionalmente insignia de abnegación, no pocas veces de sacrificio, y siempre de consagrada asistencia para las víctimas de las enfermedades. Y eso es precisamente lo que no parece corresponderse con la eventual negativa a la prestación de servicios en ese campo.

Desde luego surgen situaciones que sirven de fundamento a los reclamos y protestas, entre ellas las que se refieren al aspecto salarial y a las prestaciones, porque da la circunstancia de que los servidores de la salud también son sujetos del derecho laboral, y no es explicable que se les margine.

En esta materia las autoridades a que corresponde deben agotar todos los esfuerzos indispensables, mientras todos los colombianos deseamos que los trabajadores de la salud puedan superar las dificultades y regresar cuanto antes al cumplimiento de su misión, de tan honda incidencia pública.

Al margen de estas consideraciones, acaso convenga decir que el propósito de que todos los hospitales sean económicamente autosuficientes, financiados con la venta de sus servicios, no puede tomarse en forma absoluta, para excluir al Estado de sus aportaciones, porque esa circunstancia contraría el espíritu mismo de la llamada asistencia pública.

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