EL DE TURMEQUÉ

El primer Memorial de Agravios redactado en la Nueva Granada y elevado al rey de España lo lleva don Diego de Torres, el cacique de Turmequé, a fines del siglo XVI. Para ser exactos, en 1584. Había recibido un agravio directo en la persona de su madre y decidió ir en persona a quejarse ante el rey. Salir de Turmequé a la corte en España es una hazaña que puede marcarse como el comienzo de la historia nacional.

05 de junio 1997 , 12:00 a. m.

El cacique pone en su mochila pescaditos, culebritas, sapos, lagartos de oro y con eso irá pagando las posadas hasta llegar, cruzando los montes, al océano y hasta las tierras de España para presentar ante el rey su queja y reclamar sus derechos. El Memorial de Agravios que lleva tiene razones tan bien expuestas que el Rey vería pasmado cómo los que consideraba indios bestias fray Tomás de Ortiz podían enseñarle la ley al rey sabio de las Siete Partidas.

...He dicho esto para que V.M. entienda cómo son tratados aquellos miserables naturales y cómo podían conservarse e ir en aumento que es lo que V.M. quiere y desea, porque si a los pobres les toman sus tierras y labranzas, que es de donde han de sacar el tributo que les mandan pagar y los demás que los miserables han menester para sustentar sus personas, mujer e hijos, a qué han de acudir y de qué lo han de sacar para cumplir con los españoles? Hanse hallado tan atajados y miserables, viéndose tan desventurados y, por otra parte, como los excesivos servicios personales en que de ordinario los fatigan y traen, que muchos de ellos han desamparado sus tierras y naturales y se van a partes remotas en donde miserablemente han perecido sin lumbre ni fe de bautismo, cosa de gran lástima y en que está encargada vuestra real conciencia y todo esto se puede ver ocularmente que está careciendo de remedio tan necesario...

El cacique de Turmequé hizo su viaje. Cruzó los altos montes, llegó a la costa del Caribe, cruzó el Atlántico, llegó a la Corte. Resultó con una inteligencia que era como una lámpara que arrojaba claridad inesperada para abrirse paso por todos los caminos. En todo caso, el viaje del corazón de la Nueva Granada a la corte en España lo hace el cacique, pasando por todas las aduanas, burlando todos los centinelas en la primera y más audaz de las travesías de una América virgen para llegar a la antigua Europa.

Sorprendería al rey esta tozudez del indio peregrino que llegaba con el memorial de la justicia clamorosa, y tendría que rendirse ante la evidencia de sus quejas. El regreso del cacique cierra el primer capítulo de la lucha del americano por que se haga justicia en su tierra. No hay otro ejemplo de una voluntad igual, que logre abrirse paso poniendo el primer eslabón para que vaya abriéndose camino al derecho en el Nuevo Reino de Granada.

Gilberto Abril Rojas, escritor boyacense que ha sacado del olvido de siglos la vida del Cacique, recogiendo toda la documentación que permanecía muerta en los archivos, se ha hecho acreedor a nuestra gratitud y merece todos los elogios. El viaje del cacique de Turmequé es la proeza, no por olvidada menos digna de alabanza, que coloca a los indígenas de la Nueva Granada en primera línea entre los defensores de los derechos humanos en Nuestra América. Turmequé está en el corazón mismo del reino de los chibchas. La lección que el cacique les da a las autoridades coloniales en América resulta conmovedora por ese empeño en presentar ante el rey lo que, en justicia, debe considerarse como elemental en el pueblo conquistado.

Abril Rojas, en su libro La segunda sangre, abre un estudio que estaba por hacerse. Veníamos escribiendo la historia nacional con un desconocimiento, que ahora salta a la vista, de la dignidad del indio. Reconociendo que el acero y la pólvora y la organización política europea se habían impuesto en América, el indio, que había puesto un oído más atento de lo que parece en las lecciones cristianas, las aprovecha para volverlas como su defensa contra el conquistador abusivo.

Acepta el vasallaje porque reconoce la superioridad militar del invasor, pero le devuelve las lecciones que ha recibido de los misioneros para que vea hasta dónde ellas lo obligan a ser cristiano. En el Memorial de Agravios del cacique está toda una doctrina cristiana que el indio viene a enseñarle al conquistador poniendo al revés la historia para que humanamente resulte al derecho.

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