INTERMEDIO DE EL TIEMPO

INTERMEDIO DE EL TIEMPO

Un NO, dicho con clara firmeza y arrogante altivez se escribe con letras de oro en la historia . Eduardo Santos.

08 de junio 1997 , 12:00 a.m.

El país vivía una cruenta etapa de lucha partidista. Era constante la persecución del gobierno conservador al partido liberal. Por ese motivo, cuando el 13 de junio de 1953 el teniente general Gustavo Rojas Pinilla dio un golpe de cuartel y derrocó al presidente titular, Laureano Gómez, los liberales sintieron cierto alivio. Se habló de golpe de opinión , frase que le fue atribuida al ilustrísimo maestro Darío Echandía.

Esa luna de miel aparente, duró poco. El perfile dictatorial del nuevo gobierno quedó delineado a escasos días del golpe. Antes de cumplir su primer aniversario en el poder, Rojas ya se había granjeado la desconfianza de todos los demócratas. Los trágicos sucesos del 8 de junio de 1954 cuando el gobierno repelió a bala una manifestación estudiantil que conmemoraba el sacrificio de Gonzalo Bravo Páez, estudiante de derecho, víctima, 25 años atrás, de otra represión oficial marcaron la ruptura total con el gobierno.

LENC, en su carta del 9 de agosto de 1955 a Rojas Pinilla, le dice: La luz que se encendió el 13 de junio desgraciadamente fue una luz de semáforo. No nos alcanzó sino para recorrer una cuadra, hasta el 8 de junio, cuando caímos de nuevo en la oscuridad, al tropezar con los cadáveres de los estudiantes asesinados con las armas oficiales . Diez estudiantes muertos, seis soldados heridos, gran cantidad de contusos fue un saldo muy doloroso. La explicación del brigadier general Duarte Blum, de que la tragedia la habían originado unos saboteadores que le dispararon a la patrulla militar, no la creyó nadie.

Las críticas al gobierno militar arreciaron en los periódicos. Para defenderse, el gobierno impuso la censura de prensa. Agentes del régimen se apostaron en las redacciones de los diarios para impedir la publicación de temas que no fueran de su agrado. Incluso censuraban las fotografías. EL TIEMPO edición agosto 3 de 1955 metió, en primera página, la foto de la muerte de un tigre, porque los censores vetaron la que debía ir en ese sitio.

Ni rectificación, ni excusa La mordaza del gobierno a EL TIEMPO, el principal diario del país, era cada vez más apretada. La situación con los censores instalados en la redacción del periódico se estaba tornando intolerable. Y pronto estalló el conflicto con motivo de una noticia: el asesinato del director de El Diario, de Pereira, Emilio Correa, y de su hijo, Carlos, a manos de sicarios del Valle conocidos como pájaros . Sobre ese crimen de los Correa, el general Rojas, de visita en Quito, declaró a la Associated Press que había sido un accidente de tránsito, que EL TIEMPO y El Espectador estaban explotando con fines políticos. Al conocer la versión del general, el director de EL TIEMPO, Roberto García-Peña, reaccionó indignado y, en cable al director de El Comercio, periódico de Quito, pidió una rectificación. Los Correa fueron asesinados y sus autores materiales son bien conocidos. Te ruego hacer esta aclaración con mi firma porque no es posible que la verdad se deforme al amparo de la generosa hospitalidad ecuatoriana , escribió el periodista.

El gobierno, a través del jefe del Estado Mayor, general Rafael Calderón Reyes, citó a García-Peña en su despacho y, en presencia del doctor Luis Angel Arango, director de Información y Propaganda, le entregó al director de EL TIEMPO un texto que el periódico debía publicar en primera página, durante 30 días, sin comentarios, bajo el título: Rectificamos y damos públicas excusas al Jefe del Estado . García-Peña rechazó tal imposición. Ni rectificamos, ni damos excusas , le dijo a Reyes.

Esa noche, por la televisión, el ministro de Gobierno, Lucio Pabón Núñez, le anunció al país que el gobierno de las Fuerzas Armadas, en acuerdo con todos sus ministros, clausuraba el periódico, por no haber aceptado la tolerante y magnánima oportunidad que el Jefe Supremo le había dado al director de EL TIEMPO para rectificar y reparar el agravio a Colombia y a su presidente . Luego corrieron rumores de que Rojas quería tomar acciones mayores contra García-Peña, pero que gracias a la oportuna intervención del ministro Evaristo Sourdís, el gobierno se había contentado con cerrar el periódico. Era un buen castigo.

La clausura de EL TIEMPO fue el detonante de la caída de la dictadura militar , opina el doctor Abdón Espinosa. El, como subdirector y gerente del periódico, tuvo que asumir con las directivas una serie de responsabilidades pues los problemas se sucedieron en cadena. Después de la toma de las instalaciones de la Jiménez por tropas armadas hasta los dientes, comenzó un proceso de liquidación de la empresa, cuando el doctor Santos regresó de París, donde estaba radicado. Pero la principal preocupación recuerda el doctor Espinosa era el futuro de los trabajadores del periódico que de un día para otro quedaban en el aire. Pero en medio de tanto problema fue muy reconfortante contar con la lealtad de todos. Nadie quería irse. Nadie quería dejar apagar esa llama de libertad y de independencia. Pero, qué íbamos a hacer para no dejar sin trabajo a toda esa gente tan leal que nos seguía acompañando? Pensamos en hacer una revista semanal, pero luego descartamos la idea. Decidimos que lo mejor era intentar hacer otro periódico. Y ahí mismo comenzamos a hacer las diligencias .

El ex presidente Eduardo Santos, dueño de EL TIEMPO, dio su respaldo total a la actitud asumida por el director y por sus colaboradores. ... A cuantos desde 1911 han trabajado en EL TIEMPO les corresponden la gloria y el mérito de la labor realizada y así lo reconozco. Proclamar mi entera solidaridad con ellos es no solo un deber que cumplo con gusto, sino un grande honor , dijo después el doctor Santos, en un mensaje que tituló De cómo vivió y cómo sabe morir un periódico libre .

EL TIEMPO entonces representaba al partido liberal y corrió la suerte de su partido dice el doctor Espinosa. Pero el partido le correspondió al periódico con solidaridad y con apoyo. Y los liberales en todo el país lo rodearon en ese momento difícil. En aquellos tiempos el partido era fuerte y estaba unido. Y estaba dirigido por grandes personajes: el ex presidente López Pumarejo y los doctores Lleras Camargo y Lleras Restrepo.

Solidaridad La clausura de EL TIEMPO causó revuelo internacional. Porque la historia de EL TIEMPO ha sido la vida misma de Colombia durante medio siglo. Y usted le dice LENC a Rojas en otra carta el 29 de agosto pasará a la historia como el hombre que acabó con la dictadura de EL TIEMPO... una dictadura basada en medio siglo de servicios eminentes .

En el mundo, la clausura fue considerada como el más grande atropello a la libertad de expresión. Y el ex presidente Santos fue objeto de un plebiscito de respaldo. Entre las muchas manifestaciones de protesta que hubo en Colombia contra esas arbitrariedades, fue famosa en Bogotá una manifestación de mujeres. Amas de casa, empleadas, señoras de sociedad, mujeres humildes, todas se dieron cita en las iglesias de San Francisco, La Veracruz y La Tercera y desde allí, desafiando la fuerza pública que andaba de bayoneta calada, salieron a desfilar por la séptima hacia la plaza de Bolívar. Pero los tanques les impidieron ingresar. Y, con gases lacrimógenos, la policía consiguió disolver la nutrida manifestación.

Pero el momento culminante de aquella etapa histórica fue el banquete en el Hotel Tequendama, ofrecido al doctor Eduardo Santos, como afirmación de fe democrática . Ese banquete fue para el doctor Santos como el acto culminante de su vida , dice el doctor Espinosa. Y el periódico en ese momento era el emblema de la resistencia moral. Fue cuando Alberto Lleras dejó la rectoría de la Universidad de los Andes y desde esa noche, en el Tequendama, él encabezó un movimiento contra el gobierno militar. En seis meses tumbo a Rojas , le había dicho Lleras a Santos, horas antes de pronunciar su discurso.

Ese banquete hizo historia. Por los motivos que lo originaron, por el entusiasmo de los asistentes, pero, sobre todo, por el discurso del doctor Alberto Lleras. Esa pieza maestra, inolvidable, comenzaba así: En este estrecho recinto en donde hoy se refugia la exilada voz de millones de colombianos forzosamente silenciosos, no ha habido, y me temo que no volverá a haber, un suceso semejante. Hacia aquí confluyen todas las emociones ya sin cauce en el derecho de reunión, abolido, las ideas, ya sin vehículo en el derecho de opinar, cancelado, las tendencias políticas ya sin atmósfera para el ejercicio del derecho de disentir, eliminado. Vos sois, doctor Santos, el símbolo vivo escogido, por muy diversas razones, para oficiar este restringido rito de la democracia en apuros por un grupo de vuestros compatriotas que durante medio siglo de vida pública os admiraron y combatieron, os siguieron o se separaron de vos, os dieron su voto, o se opusieron a vuestros propósitos, a quienes gobernásteis sin que os temieran y a quienes servísteis sin que os adularan .

Entreacto Pasaron varios meses antes de poder obtener los permisos para editar un nuevo periódico en los talleres de EL TIEMPO, donde desde el 3 de agosto de 1955, las rotativas estaban paradas, y estaban en receso los trabajadores. Finalmente, el 21 de febrero de 1956 salió a la luz Intermedio. Era un diario con el mismo formato de EL TIEMPO, dirigido por Enrique Santos Calibán , con los doctores Luis Castro Montejo y Abdón Espinosa como gerentes. Ese primer número publicó en la primera página una caricatura de Chapete: en un escenario, con la consabida canasta de flores a los pies del actor, un viejo tiempo , guadaña en mano, se inclina reverente para decir: Respetable público, mil gracias. Y, a continuación, unos momentos de Intermedio... .

El doctor Espinosa recuerda que tuvieron que dar mil vueltas y llenar mil requisitos para emprender esa nueva empresa. Para comenzar, las 500 toneladas de papel importado de Canadá para imprimir el nuevo periódico las declaró la Aduana de contrabando pues la licencia había sido revocada inesperadamente. Después les quisieron cobrar abusivamente un bodegaje millonario, pleito que finalmente ganaron. El doctor Espinosa debió viajar al Canadá para comprar más papel y luego, con el doctor Castro Montejo y con Calibán , el director, tuvieron que sortear muchos obstáculos pues había entidades oficiales que hacían lo imposible por evitar que el nuevo periódico pudiera circular. Cuando finalmente Intermedio salió a la calle, el doctor Espinosa le comentó a Calibán : Yo creo que esto va a durar poco . Pero Calibán le advirtió: No hay nada que dure más que lo interino... . Intermedio duró 458 días. Algo así como un año y tres largos meses.

El 8 de junio de 1957, antes de cumplirse un mes de la caída de Rojas, volvió a aparecer EL TIEMPO. Traía en la primera página otra caricatura de Chapete: en un escenario, el viejo tiempo , en su escritorio, guadaña en mano, se dirige a la audiencia: Como decíamos ay... Recordando esos tiempos, el doctor Espinosa dice: En realidad, EL TIEMPO no se cerró nunca. Hubo un receso, como un período de letargo, pero todo el entusiasmo volvió a renacer ese 8 de junio, cuando vimos, otra vez, circular EL TIEMPO. Eramos los mismos. Todos habíamos seguido juntos. Nada se había perdido. EL TIEMPO seguía con su mismo sello intelectual y moral .

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