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CON EL SIDA VUELVE EL ENEMIGO

CON EL SIDA VUELVE EL ENEMIGO

La tuberculosis que fuera durante mucho tiempo azote sin remedio no está definitivamente vencida ni queda limitada a los países subdesarrollados, como creían los médicos desde la Segunda Guerra Mundial, sino que vuelve con mayor intensidad y nuevas complicaciones a las naciones industrializadas por culpa del sida y la nueva pobreza. Para un paciente portador del virus de sida el riesgo de enfermar de tuberculosis es de cien y quinientas veces mayor que para una persona que dispone de un sistema de inmunidad intacto, señalan los expertos.

Pero también se hallan en peligro los que viven bajo condiciones poco higiénicas, mal alimentados y hacinados, por lo que los especialistas temen que los campamentos de refugiados y alojamientos para vagabundos se conviertan en focos donde la enfermedad podría propagarse rápidamente.

Viena podría convertirse de nuevo en un foco de infecciones por cuanto es una de las capitales europeas que atraen a más inmigrantes del Este.

En las estadísticas europeas de los nuevos casos de tuberculosis, Yugoslavia figura en primer lugar con 594 casos por cada 100.000 habitantes, seguida de Portugal con 572, Polonia con 426, Hungría con 379, Italia con 349 y Checoslovaquia con 239.

Hasta ahora, el 95 por ciento de los 60 millones de tísicos en el mundo y diez millones de recién contagiados, correspondía al Tercer y Cuarto Mundo. Pero, últimamente la Organización Mundial de la Salud ha advertido que también avanza el contagio en los países industrializados.

El ministro de Sanidad austríaco, Michael Ausserwinkler, anunció una campaña preventiva contra este mal mediante una nueva vacuna, ya que Austria se halla entre los países occidentales donde más casos nuevos se registran.

Estados Unidos, y sobre todo en las grandes aglomeraciones urbanas de Nueva York y Washington, representa la triste vanguardia: en Nueva York entre 1978 y 1990 se duplicaron los casos de tuberculosis hasta superar los 4.000.

Este hecho se reflejó en la campaña para las recientes elecciones presidenciales estadounidenses durante la cual la prensa publicó repetidas veces titulares sobre la tuberculosis así como llamamientos a los candidatos para que se ocuparan de un problema que asusta a la opinón pública de Estados Unidos. Drama histórico Hace cien años, uno de cada siete adultos moría a consecuencia de la tuberculosis que devoraba, poco a poco, los pulmones del paciente, carcomía la columna vertebral y los huesos, dañaba los ojos, oídos y las cuerdas vocales, al igual que las paredes del estómago y otros órganos internos.

En el siglo XIX la tuberculosis llegó a ponerse de moda en ciertos círculos de artistas decadentes, y la palidez y las tosecillas continuas de los condenados a muerte se consideraban como símbolo de gran sensibilidad y delicadeza, fenómeno que posteriormente halló expresión en la literatura y en filmes como La dama de las camelias, con Greta Garbo en el papel principal, o en la ópera La Traviata, de Verdi.

El poeta inglés Lord Byron decía ansiar esta forma de morir porque las damas lo encontrarían interesante, mientras que genios como Frederic Chopin, Franz Kafka y Amadeo Modigliani, fueron arrebatados por la tisis que no les otorgó ninguna condición romántica.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando se descubrió a la penicilina como primer remedio eficaz, la dolencia parecía vencible gracias entre otras cosas al mayor nivel de vida, la suficiente alimentación y unas mejores condiciones higiénicas.

Ahora se presentan problemas desconocidos en el pasado, como el de la resistencia de los agentes patógenos a los medicamentos disponibles, fenómeno al que han contribuido los propios enfermos, que en vez de atenerse a los dos años de terapia de rigor dejan de tomar los antibióticos a los dos meses de haber desaparecido los síntomas.

Los microbios que sobreviven a ese ataque con antibióticos, desarrollan luego resistencia a aquéllos, como está sucediendo en uno de cada cuatro casos en Nueva York.

Así pueden originarse cepas multirresistentes, fenómeno que ha costado la vida a 13 enfermos en un hospital de prisión del barrio de Queens, en Nueva York, en 1991.

Los niños y jóvenes que no han podido adquirir anticuerpos y son atacados por bacterias multirresistentes están irremediablemente condenados a la muerte, advierten los especialistas en enfermedades pulmonares.

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