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ULTIMO INTENTO POR PACTO DE CAFÉ

ULTIMO INTENTO POR PACTO DE CAFÉ

Sin muchas esperanzas de lograr un consenso, los representantes de los 72 países que conforman la Organización Internacional del Café (OIC) iniciarán desde hoy en Londres lo que podría ser el último intento para abrirle camino a un nuevo pacto cafetero. Los delegados de 50 países productores y de 22 consumidores empezarán a discutir la situación cafetera mundial en unas reuniones que, si no fracasan antes de tiempo, se deben prolongar hasta el 28 de septiembre.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

La expectativa está centrada sobre la posición de Brasil que, como primer productor, podría dar una luz para renegociar el pacto que fracasó el 3 de julio del año pasado o, simplemente, o se convertiría en el sepulturero definitivo del convenio.

El debate se centrará en las intenciones de cada uno de los gobiernos miembros de la OIC para negociar o no un nuevo pacto de cuotas que permita regular el mercado y recuperar los precios, que han caído hasta los niveles más bajos en 14 años.

Los delegados de Colombia, el gerente de la Federación de Cafeteros, Jorge Cárdenas Gutiérrez, Alfonso Palacio Rudas, Juan José Turbay y el representante permanente ante la organización, Néstor Osorio, presentarán una dura declaración, en la defenderán el convenio y dejarán constancia de los esfuerzos diplomáticos que ha hecho el país por revivirlo. Frenar las pérdidas El argumento central de los que defienden un nuevo pacto es la necesidad de buscar la recuperación de precios y frenar las pérdidas que han sufrido sus países y que han llevado a que se deterioren los ingresos de los productores y a desmontar todas las instituciones cafeteras. Colombia es el único que las ha sostenido y ha aumentado el precio interno.

Las pérdidas de los países productores, que fueron a parar a manos de las multinacionales tostadoras, se estiman en 3.000 millones de dólares entre julio de 1989 y julio de 1990. Recibieron 7.000 millones de dólares en el primer año de mercado libre, frente a 10.000 millones anuales cuando existía el sistema de cuotas.

Los ingresos no descendieron más porque la competencia de exportaciones permitió ventas de 81.2 millones de sacos de 60 kilos entre agosto de 1989 y julio de 1990, frente a 65.6 millones de sacos en el mismo período anterior. Colombia aumentó exportaciones de 10 a 13 millones de sacos y sinembargo dejó de percibir 250 millones de dólares.

Unos más, otros menos, los países productores y consumidores están de acuerdo en los perjuicios que representa esa baja en los ingresos. Sinembargo, el problema es lograr un consenso para distribuir cuotas de exportación.

El representante de Brasil, Joao Rodrigues Cunha, ha reiterado que su gobierno no permitirá que se rebaje ni un punto del 30 por ciento con el cual ha participado ese país en el mercado mundial.

Esa posición sigue en contravía frente a la que defendieron las 11 naciones que conforman el grupo de productores de otros suaves (especialmente centroamericanos) que, con el apoyo de los Estados Unidos, vienen pidiendo que les aumenten sus cuotas porque hay mayor demanda de cafés de calidad. Otras posiciones Indonesia, tercer productor después de Colombia, aún no ha revelado su posición. Pero, al parecer, está satisfecho porque de haber tenido una cuota de 5.2 por ciento, con el mercado libre la subió a 8.2 por ciento.

Aún no se conoce cuál será la posición de Costa Rica, que a los otros suaves , pero se sabe que aunque ha perdido 100 millones de dólares posiblemente insistirá en una mayor cuota.

Méjico, que también perdió unos 200 millones de dólares, no parece muy interesado en el pacto, porque ha vendido bastante café. Sinembargo, está dispuesto a conversar.

Estados Unidos, que es el primer consumidor, estaría dispuesto a colaborar en un nuevo convenio, pero ha reiterado que todo depende de la disposición de los productores. Lo mismo sucede con la mayoría de países consumidores europeos.

Aparte del problema de las cuotas, habría otro escollo: las ventas a los países no miembros de la organización, ahora que han abierto sus economías. Y buscar que ingresen, tomaría su tiempo.

Hoy, cuando se conozcan las primeras intervenciones en la OIC, se podrá saber si hay o no futuro para un nuevo pacto. Si no hay posibilidades, simplemente se mantendría el acuerdo sin cláusulas económicas que regulen el mercado hasta octubre de 1991. En ese momento, a no ser que ocurra otra cosa, se empezaría a desmontar el organismo que nació en 1962, cuando se firmó el primer pacto cafetero.

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