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LA ALEGRÍA DE SERVIR

LA ALEGRÍA DE SERVIR

Acostumbrémonos a hacer algunas cosas bellas en favor de nuestra ciudad, en favor de nuestro pueblo. Volvámonos inspirados, volvámonos servidores.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

El que sirve encuentra la felicidad.

Usted, si es campesino, puede comprar y sembrar unos cuantos árboles. Puede traer nuevas especies a su huerta, a su hacienda, puede regalar unas cuantas a sus vecinos. Aprenda a regalar.

Usted puede embellecer su casa, reunirse con sus vecinos para mejorar totalmente su calle.

Usted puede mejorar su jardín, no lo deje decaer y marchitarse. De vez en cuando prestar un servicio de transporte a alguno que va por su camino.

Usted puede enterarse de las necesidades básicas de un vecino pobre y ver qué puede hacer.

Regalar un saludo, una sonrisa. Eso no le cuesta nada! Preguntar qué libro necesita el niño que pasa y regalárselo! Usted puede comprar unos zapaticos para el niño que lleva los zapatos rotos.

Usted debe sentir la alegría de servir a los hombres, a las mujeres, a los niños, a los viejos.

Usted puede volverse una persona extraordinaria en el mundo, prestando servicios diariamente. Usted puede salir del anonimato, de la mediocridad, de los que pasan la vida sin ayudar a nadie.

Usted puede entrar en la belleza de un sentimiento que es sentirse hermano de los hombres, de los desconocidos, de los anónimos.

Que todo lo humano le sea fraternal, le sea interesante. Que usted, de algún modo, participe del gran engranaje de la vida y del mundo.

Que cuando usted mire su pueblo, mire su plaza, mire su iglesia, mire su escuela, pueda decir: esta cosita la hice yo, este granito lo puse yo.

En este ancianato, en esta escuela, en este colegio, en esta calle, en este taller, en esta empresa yo hice algo.

Yo no pasé por la vida sin haber hecho nada.

Yo no guardé todo para mí, para mis hijos, para mis allegados.

Yo compartí. Yo simpaticé con todos, yo me inundé de amor para con todos, yo besé en silencio, yo miré con ternura, yo nunca fui indiferente, yo nunca odié.

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