JAVIER CASTELL O LA IMPOTENCIA POR QUEDARSE AFUERA

JAVIER CASTELL O LA IMPOTENCIA POR QUEDARSE AFUERA

Javier Castell, el técnico de Unicosta, campeón de la Copa Concasa, vivió un partido aparte en Tunja, donde su equipo se enfrentó a Lanceros Boyacá.

03 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Castell, que estaba suspendido, tuvo que ver el partido desde la tribuna. Estaba vestido con una sudadera azul y amarilla, sin ningún distintivo de Unicosta, y unos tenis negros.

Castell tuvo que esquivar a varios hinchas de Lanceros para encontrar un sitio en la gradería. Finalmente pudo sentarse en la primera fila de la tribuna occidental, debajo de una barra del patrocinador de Lanceros. Ya los equipos estaban en la cancha y el entrenador se veía muy tranquilo.

El técnico, como el partido, estaba tranquilo hasta que llegó el penalti para Lanceros. Se puso de pie, sonrió y movió las manos como si estuviera empujando a alguien. No sería la única vez que hizo ese gesto durante el juego.

Con el gol se acabó su silencio. Villa, Villaa... , era el grito cada dos o tres minutos para llamar a José Villamizar, el preparador físico, que lo miraba y recibía instrucciones. Diferencia entre la Primera A y la Copa Concasa: los técnicos de los equipos profesionales se comunican por medio de radios o teléfonos celulares.

Luego vino el gol de Unicosta. Eso sí es un gol, no como los que hacen estos de penalti... , gritaba Castell, mientras saltaba y le daba patadas a la malla. La gente ahora sí sabía que él era el técnico de Unicosta.

El segundo tiempo llegó acompañado de nervios. Castell también se contagió. Llegaron los gritos al cielo y las maldiciones. Los llamados ya no solo eran para Villamizar, también para Pedro Blanco, el asistente técnico.

Lanceros apretaba y Castell se desesperaba. Villaa... que aprieten a Sandoval... Pedrooo... vamos a sacar a Tavo, que está cansado . Los miembros de la barra vecina, para sacar de casillas al técnico, comenzaron a gritar por Lanceros.

Casi al final del partido llegó el penalti para Unicosta. Castell se quedó quieto. Douglas Molina lo erró y el técnico comenzó a pedir calma.

Para Castell, el juego terminó en el minuto 43. Pedro, qué pasa, pide tiempo, oye... , gritaba, al tiempo que buscaba la puerta de ingreso a la cancha.

Cuando finalizó el partido, el grito de Castell fue lo único que se escuchó desde la tribuna. Los periodistas que habían ido desde Barranquilla corrieron detrás de Castell, pero no lo pudieron seguir: la policía no los dejó pasar.

El técnico llegó al centro de la cancha y abrazó a todas las personas que encontró vestidas de azul y amarillo. La misión estaba cumplida y él, que quizás sufrió más que sus propios jugadores, se pudo sentir campeón.

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