LA HABANA SE REMOZA

LA HABANA SE REMOZA

Para la mayoría de los estadounidenses, es como una ciudad prohibida. Durante los últimos treinta años, desde que Fidel Castro se hizo al control de Cuba, los estadounidenses sólo han tenido oportunidades ocasionales para echarle un vistazo a la capital de esta nación insular marxista, frente a la costa de la Florida. No importa escribe Joseph Judge de National Geographic el tiempo se ha detenido en las angostas calles de la antigua Habana... . A pesar de la negligencia de capitalistas y comunistas, la vieja ciudad, dentro de las primitivas murallas, ha seguido siendo esencialmente la misma durante siglos: un conjunto de construcciones coloniales palacios,iglesias,mansiones y humildes moradas tan extraordinario que ha sido reconocido como patrimonio de la humanidad por la Unesco.

06 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Más de 900 de los edificios del sector son de importancia histórica; 144 de ellos datan de los siglos XVI y XVII. Apenas 101 se construyeron en este siglo.

En el último decenio, según Judge, el gobierno cubano ha hecho considerables esfuerzos para recuperar su patrimonio. Se han restaurado completamente 68 edificios en el centro histórico. Los resultados son a menudo deslumbrantes: se ofrecen espaciosos panoramas de la vida colonial, con patios soleados, amplias escaleras, espléndidas habitaciones, y balcones colmados de flores, que dan sobre calles empedradas.

La Plaza de Armas, primer mojón en la historia de La Habana, es aún el lugar más hermoso de la ciudad, sombreado por palmas reales con amplias perspectivas más allá del Castillo de la Real Fuerza, el más antiguo de los cuatro fuertes (comenzado en 1558) que guardaban las centelleantes aguas de uno de los mejores puertos del Nuevo Mundo .

Corona la torre de La Fuerza una figura de bronce, La Giraldilla de La Habana, es el símbolo de la ciudad. La leyenda dice que es la esposa del explorador espa ñol Hernando de Soto, que escruta el horizonte mientras espera su regreso. En ese entonces, las aguas de La Habana acogían los barcos de los exploradores y conquistadores, y, a comienzos del siglo XVI, lo que estos hallaban: plata y oro de México y Perú, que se amontonaban a bordo de galeones que todos los veranos se dirigían a España. La fortaleza de San Carlos...

Hoy, buques petroleros y de carga, la mayoría procedente de la Unión Soviética, desfilan por la angosta entrada y dejan una estela de mugre convirtiéndolo en uno de los puertos más contaminados del mundo . A esta polución contribuyen las industrias vecinas.

Los planes para la restauración de La Habana se extienden hasta el año 2000. Incluyen la reparación total de los edificios más importantes y un arreglo de fachada para los demás.

El área ya restaurada representa sólo una fracción de una antigua ciudad afligida por la decadencia, la pereza y la ruina. Hace diez años se calculaba que de los 3.157 edificios dentro del perímetro de las viejas murallas, sólo 500, aproximadamente, se encontraban en buenas condiciones.

Aunque muchos de los bares, cafés y restaurantes han desaparecido, las calles se ven agitadas, con vitalidad latina. Sesenta mil, de los dos millones de habitantes de La Habana, se congregan dentro de las históricas murallas.

Punto central de los planes de restauración, supervisados por el historiador de la ciudad Eusebio Leal Spengler, lo constituye las cinco antiguas plazas de la ciudad. Dos de ellas son, ciertamente, elegantes espacios europeos insertados en América: la Plaza de Armas y la Plaza de la Catedral, que tienen al frente la soberbia fachada barroca de la antigua iglesia de los jesuitas, donde se dice que los huesos de Colón, quien descubrió a Cuba en 1492, se guardaron durante un siglo.

La Plaza Vieja está sometida a restauración. Las otras dos, La Plaza de San Francisco y la Plaza del Cristo, están exactamente como la historia las dejó. Los soldados están reparando los imponentes fuertes de la antigua Habana. La enorme Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, que se perfila sobre los barcos que pasan, desde una colina al este del puerto, resplandece de pintura fresca, con piedras y ladrillos acabados de labrar. La residencia de Hemingway El Morro, fuerte casi más espectacular, sometido a reparación, se asoma sobre los azules estre chos y las corrientes que se estrellan lejos de la costa, donde se precipitaba el novelista Ernest Hemingway. Ahí atrapó peces por primera vez en abril de 1932, a bordo de la lancha Anita, de Joe Russell, en los alrededores de Key West. Los hombres se registraron en el hotel Ambos Mundos, de cinco pisos y ladrillos rojos: estructura anónima del siglo XX, que también se está restaurando. Hemingway siguió registrándose en este hotel, que se convirtió en su virtual residencia: allí pasó algunos de sus últimos y mejores años.

Ese hotel, con excepción del cuarto de Hemingway, fue expropiado por el Estado, a raíz de la revolución de Castro, para albergar a los empleados del Ministerio de Educación. Lina Zambrano, de 80 años, quien vive cerca, en la casa más vieja que se conoce de la ciudad, recuerda a Hemingway y al hotel Ambos Mundos. No he podido olvidar los lujosos matrimonios en los jardines colmados de rosas y los elegantes empleados del hotel . La casa de Lina, o algo que se le parece en aquel sitio, fue construida en 1570, y aparece en los mapas de ese entonces. En la planta baja, empotradas en las paredes de piedra, hay argollas de hierro donde se encadenaba a los esclavos.

El bar preferido de Hemingway, el Floridita, también está como él lo dejó, con los pardos pilares y terraplenes, hasta don de Spencer Tracy y Marlene Dietrich venían a descansar. Todavía se sirve allí el ron que hizo famoso Constante Ribailagua: el daiquiri.

Un verdadero crisol de razas fue La Habana antigua, dice Judge. Hacia 1570, según cierto cálculo, de los 17.550 habitantes de Cuba, 1.200 eran europeos, otro tanto, indios, y el resto, negros y mulatos.

La vida azarosa y espontánea de una ciudad porteña le dio a La Habana la reputación de ser un lugar en que los exponentes de las altas clases sociales bailaban bajo las palmeras, en que se bebía ron y giraban las ruletas de los casinos, y en que proliferaban los sórdidos mundos de la prostitución y el contrabando. Cierta melancolía impregnaba el encanto y la seducción tropicales.

La formidable labor restauradora cubre los aspectos social y arquitectónico. Y ese recinto de la Ciudad Antigua sigue colmado de residentes de vieja data.

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