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NOSTÁLGICA EVOCACIÓN DE UN AMIGO

NOSTÁLGICA EVOCACIÓN DE UN AMIGO

Tenía razón Séneca cuando dejó escrito aquello de que La pérdida de un amigo es la mayor que nos puede acontecer . Lo sentimos ahora ante la irreparable de Próspero Morales Pradilla, cuya muerte, como lo dijimos en hora oportuna, nos ha lacerado hondamente el alma. Y ello, también, porque bien lo tiene dicho el Eclesiastés, Un amigo fiel es medicina de la vida . Y eso constituyó para nosotros el varón de excelencias humanas, cuyo fraterno afecto fue inefable bálsamo del espíritu. Porque él Próspero supo ser siempre, así fueran gratas o amargas las horas, más que el compañero de un determinado común destino, el entrañable hermano espiritual de todos los momentos vitales. Su infinita bondad, su afectuosa comprensión, nos acompañaron siempre: lo mismo en difíciles quebrantos de nuestra salud, como cuando algún trance de injusta ingratitud nos golpeara el ánimo. Siempre el mismo: cordial atalaya de nuestro cotidiano acontecer. Conocimos a Próspero Morales cuando en pleno goce de su jo

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Este recuerdo nos lleva de la mano a evocar al gran escritor que fue Próspero Morales. No solo como hábil periodista atento siempre al discurrir de los hechos. Tenía Próspero particular interés por todo lo relacionado con el acaecer latinoamericano. Tanto, que con él editamos una página, Nuestra América , en la cual no solo recogíamos los principales hechos del devenir continental, sino todo lo relacionado con el proceso cultural del Hemisferio. La página tuvo amplia acogida entre los lectores de EL TIEMPO, no solo de Colombia, sino de fuera, y diversos diarios de Centro y Sur América la tomaron como modelo y la imitaron en sus propias ediciones. Parece que, por entonces, había mayor interés por lo nuestro americano, interés que luego ha ido decayendo, hasta el punto de que hoy lo hemisférico poco cuenta, a no ser que se trate de catástrofes o de hechos políticos de alguna trascendencia. Pero la vida integral de nuestros pueblos carece de resonancia intelectual, especialmente en cuanto hace al proceso de sus culturas. Muchas veces lo americano fue tema de nuestras conversaciones de redacción con Próspero.

Pero hablemos ahora de la obra capital del prodigioso novelista que fue Próspero Morales Pradilla. Naturalmente nos referimos a su apasionante relato de Los pecados de Inés de Hinojosa. Nos enorgullece recordar ahora que fuimos los primeros en comentar y alabar los méritos insignes de este libro que tanto habría de honrar a la literatura colombiana en dimensión universal. Construida la novela sobre hechos históricamente ciertos, Morales Pradilla los enriqueció con el auxilio de su imaginación recreadora de tipos y situaciones. Aquellos existieron; éstas ocurrieron. Pero el novelista les dio a unos y otras un mágico toque de belleza. Algunos se escandalizaron por la crudeza de varios hechos narrados. Pero el ejercicio del novelista, sobre todo cuando se trata del recuento de hechos históricos, debe ceñirse a ellos, no importa la ruda realidad que contengan. Los pecados de la Hinojosa no podían callarse por falso pudor. Lo que importaba era ofrecerlos en limpia prosa castellana, y esto es lo que Morales Pradilla logró de mano maestra. De ahí la significación y prestigio alcanzados por el hermoso libro de Próspero, el cual, llevado a la televisión obtuvo el éxito reservado a las más vívidas historias de apasionante intriga. Pero no solo la tarea de escritor de Próspero se reduce a esta hermosa novela. Deja escritos cuentos de calidad excelente y un conjunto de agudos comentarios periodísticos, oficio-arte en el cual fue igualmente insuperable forjador de imágenes. Poco antes de morir concluyó otra novela que, una vez editada, prolongará su prestigio de creador de caracteres.

Pero si Próspero se destacó como escritor, no menos significativa fue su eximia condición humana. Caballero en el más exigente sentido del término, brilló con lumbres y calidades incomparables. Por todo ello, por sus virtudes de amigo, de ser humano, de escritor esclarecido, de caballero de rigurosa estampa de hidalgo, no será posible ovidar a quien hasta el instante de su súbita muerte, supo mantener íntegra la plenitud de sus excepcionales dones. Queden estas palabras, escritas bajo el agobio de una honda congoja, como tributo a quien estuviera hermanado a nuestra amistad entrañable por indestructibles lazos del corazón y del espíritu. Septiembre de 1990 P.D. Otro nombre de selecto amigo viene a sumarse a la luctuosa lista de quienes para siempre nos dejan. Nos referimos a Rafael Ortiz González, caballero de singular mérito, gran poeta de muy excelsa inspiración lírica y hombre bueno según el verso de Machado en el mejor sentido de la palabra bueno . Además de eximio creador de belleza, Ortiz González fue periodista de selecta prosa, como lo atestiguan los miles de editoriales que escribió en El Frente, de Bucaramanga, diario que él fundara y dirigiera con pulcritud de caballeroso combatiente. Santander ha perdido a uno de sus grandes. En dos ocasiones lo gobernó con eficiencia e inteligencia ejemplares, y lo representó con singular decoro en el Congreso, así en la Cámara como en el Senado, lo mismo que con elevada dignidad tuvo la plenipotencia del país en el exterior. Su muerte implica dura prueba para la comarca por él amadísima, y para las letras colombianas, a las cuales iluminó con las inextinguibles luces de su hermosa tarea poética.

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