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TOTA ES UN PARAÍSO AMENAZADO

TOTA ES UN PARAÍSO AMENAZADO

Mucho más que una laguna, Tota es un paraíso hermoso y hechizante donde las horas se escapan plácidas y lentas; pero, por desgracia, es un paraíso amenazado. Es casi como un tesoro en peligro, que se va extinguiendo poco a poco.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
17 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

A simple vista, todavía es ese mundo calmado y apacible de los viejos tiempos, que aún mantiene intacta una belleza serena que deslumbra y apacigua el alma, como si fuera el último refugio que encontró la paz.

Aquí todavía es posible acampar a sus orillas, encender una fogata en medio de la noche y soñar a cielo abierto, mientras en lo alto parpadean las estrellas.

También se puede caminar descalzo sobre la arena fina y blanca de una espléndida e insólita playa perdida del mar, como un inesperado rincón de El Rodadero extraviado, por obra del misterio, en pleno corazón de Boyacá.

Y se puede navegar con las velas desplegadas sobre unas aguas mansas, mientras se aguarda en silencio a que muerdan la carnada las famosas truchas arco iris en una inolvidable jornada de pesca.

Y visitar las cinco islas desperdigadas en la enorme laguna, entre las que sobresale la que semeja una ballena enorme que trata de flotar.

Todo eso se puede hacer aquí o simplemente caminar, a paso lento, por entre las arboledas en un dorado atardecer, para sentir el aire fresco en pleno rostro y el placer de reconciliarse siquiera un día con la naturaleza.

Esos, y muchos otros, como el hecho simple pero grandioso de que aquí el sosiego no solo sea posible sino infinito, son los embrujos de la Laguna de Tota.

Pero, todo eso, las tierras, las aguas, el aire, los peces, las plantas y aun el propio hombre, están seriamente amenazados por los abusos que contra la naturaleza, irónicamente, han cometido los propios seres humanos. Una vieja historia Por desgracia para todos, la de las amenazas contra la vida y la salud de la fascinante laguna ya es una historia vieja, sin que todavía se le hayan aplicado los remedios definitivos, aunque, por fortuna, todavía se puede.

Por eso, todos los problemas que afectan a la Laguna de Tota y a su enorme cuenca que se extiende a lo largo y ancho de 20.000 hectáreas así como las soluciones, fueron examinados durante un foro que se celebró el domingo pasado en la pequeña población de Iza y que fue auspiciado por EL TIEMPO.

Los peligros más graves que acechan a la laguna son el exceso de extracción, el desperdicio y la contaminación de sus aguas y la presencia en ellas de una espesa y abundante vegetación, convertida ya en una plaga.

Como consecuencia, se ha reducido la población de truchas en la laguna, lo que a su vez ha provocado una disminución del flujo de turismo.

Todos ellos son eslabones de una misma cadena, que a veces pareciera no tener final.

En el estudio de los problemas de la laguna se han gastado muchas horas de análisis y debates, y se han hecho correr ríos de tinta, sin mayores resultados.

Sinembargo, ahora todo promete ser diferente, porque, de hecho, con la creación de la Asociación de Municipalidades de la Provincia de Sugamuxi como primera gran conclusión concreta del foro, será la propia comunidad la que asuma el manejo de la laguna y la que ponga manos a la obra en la búsqueda de soluciones.

Las aguas del lago son usadas para el consumo doméstico, las tareas agrícolas, para algunos procesos industriales y como atractivo turístico.

El aprovechamiento del Lago de Tota se remonta a 1928, cuando se construyó un primer túnel de derivación de sus aguas con destino a la hacienda La Compañía, en el Valle de Iza y Firavitova, según afirmó el geógrafo y ecólogo Alfonso Pérez Preciado.

Ese túnel fue comprado años después por la Empresa Siderúrgica Paz del Río, establecida en Sogamoso, que en 1952 recibió, además, mediante decreto del Gobierno, atribuciones especiales para emplear las aguas de la laguna.

Ahora son dos los túneles y se comenzó a construir un tercero, obra a la que se han opuesto los alcaldes de Aquitania, Tota y Cuítiva, y la comunidad, por estimar que ya existe un exceso de extracción de aguas.

De la misma laguna se surten acueductos de seis municipios, los propietarios de unas 1.200 hectáreas cultivadas de cebolla y otros 1.700 predios. También ellas benefician a los pescadores locales, los turistas, los hoteles y los servicios anexos.

Lo cierto es que se ha generado un problema grave: el caudal extraído del lago es mayor del que se produce, a lo que se suma un alarmante despilfarro, imputado por algunos estudios a los usuarios agrícolas de Cuítiva e Iza, a Paz del Río y al acueducto de Sogamoso, según Pérez.

El despilfarro es de 300 litros por segundo en verano y de 700 litros por segundo en invierno, según cálculos preliminares.

La solución propuesta es que la administración de las aguas de la laguna no permanezca en manos de los usuarios. La asumirá la Asociación de Municipalidades de la Provincia de Sugamuxi, cuya creación será sometida a aprobación de la Asamblea de Boyacá el primero de octubre próximo. La plaga Como si el problema del exceso de consumo del agua fuera poco, a él se suma el hecho de que 700 de las 6.000 hectáreas de la superficie de la laguna, es decir el 12 por ciento, están invadidas de vegetación acuática, que se ha convertido en una plaga.

Esa vegetación no solo es excesiva en la superficie, sino que, al descomponerse, está creando una nociva acumulación de residuos en el fondo de la laguna.

Lo irónico es que esa invasión fue provocada por el Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (Inderena), que administró la Cuenca de la Laguna de Tota hasta 1975, cuando asumió el manejo la Corporación Autónoma de Regional de las Cuencas de los Ríos Bogotá, Ubaté y Suárez (CAR), que ejecuta varios programas para solucionar tales problemas.

El Inderena introdujo a la laguna hace 18 años la elodea, una planta que se propagó fácilmente, hasta convertirse en una plaga.

Su crecimiento excesivo se debe generalmente al enriquecimiento de las aguas con sales minerales, que se hallan en las aguas negras, los residuos de pesticidas y fertilizantes y en los desechos industriales.

En el caso de Tota, se responsabiliza especialmente a los cultivadores de cebolla, afincados principalmente en Aquitania, de lanzar a las aguas los residuos de los abonos.

Esa situación ha creado conflictos y algunos son partidarios de erradicar tales cultivos; pero otros estiman que ello generaría serios problemas económicos y sociales.

La solución propuesta para eliminar la excesiva vegetación en la laguna es su extirpación manual. Además, se recomendó racionalizar el uso de fertilizantes. Las pocas truchas Mientras tanto, cada día son menos las truchas que existen en la laguna y cada vez es menor su calidad.

Las dos causas principales de ello son la disminución de la siembra de alevinos truchas diminutas, que de varios millones en los años 70 pasó a unos pocos millares en la actualidad; y la pesca masiva de ellas, mediante el empleo de redes y otros sistemas que están prohibidos.

Un ejemplo de la escasez de truchas fue citado durante el foro por el geógrafo Pérez. Desnuda esa triste realidad: en los concursos de pesca que se efectuaban hace 20 ó 30 años, cada competidor capturaba entre tres y cinco truchas, con un peso individual de unas cuatro libras. En los últimos diez años, cada competidor no ha logrado pescar, en promedio, siquiera una trucha; y el peso de cada una no pasa de dos libras.

La CAR ha mantenido la producción y cultivo de alevinos, además de que los cultiva en jaulas, pero la pesca clandestina por las noches, mediante empleo de redes, ha generado múltiples riñas y enfrentamientos, en las que incluso ha habido varios muertos. Hace menos de dos meses, dos funcionarios de la CAR fueron muertos a tiros cuando trataban de evitar la pesca ilegal.

De la trucha y de la cebolla viven miles de personas en la región, pero ellas causan el principal problema de la laguna. El gran interrogante es cómo solucionar ese problema.

Por fortuna, pronto será la propia comunidad la que asuma el manejo directo de la Laguna de Tota y su cuenca.

Tal vez, esa es la única forma en que ese paraíso hermoso y hechizante deje de vivir amenazado, para que sea, de una vez y para siempre, un mundo sereno y apacible.

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