LA OTAN ABRE EL MERCADO PETROLERO

LA OTAN ABRE EL MERCADO PETROLERO

Un documento de 16 páginas firmado en el Elíseo de París puso punto final a 40 años de rivalidad militar y política sostenida entre los países de la Otan y Rusia.

02 de junio 1997 , 12:00 a. m.

El presidente Boris Yeltsin decidió desmantelar las armas nucleares dirigidas a los países aliados. Fue un acto histórico donde participaron los dieciséis jefes de Estado de los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y Rusia.

Pero lógicamente la decisión de Yelsin no fue simplemente una postura política que sorprendió, incluso a los más escépticos. Con tal determinación logró abrir el mercado petrolero del Mar del Norte y la condición de negociar su crudo en Europa.

Fue una jugada diplomática de grandes alcances a nivel comercial y económico. Rusia siempre ha sido una potencia petrolera, aunque su economía se encuentre abatida con la crisis económica que provocó a partir de 1991 la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y el comienzo de la transición a una economía de mercado.

Con los negocios logrados por Yelsin y los miembros de la Otan aparece la posibilidad de que la Rusia Petrolera resurja nuevamente para volver a ocupar el lugar dominante que le corresponde en el mercado petrolero internacional.

El cumplimento del acuerdo, destinado a mitigar las consecuencias que tendrá para Moscú la ampliación de la Otan a los países de Europa del Este, estipula que las dos partes creen un Consejo Permanente Otan-Rusia para incluir a Moscú en algunas decisiones de los aliados. Pero Rusia no tendrá derecho de vetar las decisiones de la Alianza.

Con la decisión política de Yelsin los signos de reactivación que venían presentándose se dinamizaron. Después de una aguda crisis que se ha prolongado durante los últimos seis años, algunos de los indicadores fundamentales del sector petrolero ruso empiezan a activarse de forma positiva, anunciando el comienzo de una recuperación que podría colocar a Rusia y algunas otras de las repúblicas ex soviéticas en una posición decisiva para el desarrollo de los sectores minero-energéticos en todo el mundo.

Los recursos naturales de los que dispone el territorio ex-soviético convierten la zona en una de las regiones potencialmente más ricas del mundo, siendo la Federación de Rusia la poseedora de la mayor parte de estos recursos.

Si bien los signos de reactivación son buenos, la producción petrolera de toda la Comunidad de Estados Independientes ha experimentado una caída espectacular.

A mediados de la década del 70 la URSS ocupaba el primer lugar en el ranking mundial de productores de crudo, con 490 millones de toneladas anuales. Este crecimiento se mantuvo hasta 1988, fecha en la que se alcanzaron las 624 millones de toneladas.

El panorama minero-energético de la Gran Rusia era inmejorable, ya que los 20 mayores campos, que contenían el 60 por ciento de las reservas recuperables de la URSS, y que aseguraban más del 70 por ciento de la producción total, habían agotado, en 1989, más del 75 por ciento de sus reservas.

Vacas flacas El comienzo de la transición del viejo régimen comunista a una economía de mercado coincidió con la delicada situación de la industria petrolera del cruce de las décadas de los 80 y los 90.

La crisis económica de 1991 y la consiguiente desaparición de los mecanismos de coordinación entre las diferentes repúblicas que aseguraban el buen funcionamiento de la industria petrolera de toda la Unión fracasó.

Esta situación tuvo como consecuencia que entre 1991 y 1995, la producción rusa se hundiera literalmente, pasando de 515 a 355 millones de toneladas anuales.

El mismo panorama vivieron el resto de las repúblicas de la CEI con cierta relevancia en el mercado petrolero internacional, la situación no era muy diferente.

Por ejemplo en Kazajstán, la segunda república en producción, su dependencia de las refinerías rusas y las limitaciones de su derecho al acceso a la red rusa de oleoductos redujo fuertemente sus exportaciones, a pesar de que el descenso de la producción fue en su caso bastante menos acentuado.

Por su parte, la producción de Azerbaidzhan cayó, en Turkmenistán sucedió algo parecido y en Uzbekistán la producción se mantuvo tímidamente.

En materia de sísmica el volumen experimentó un fuerte descenso, pasando de unas perforaciones de 6,5 millones a un millón de metros, debido, fundamentalmente, a la retirada de la mayor parte de las subvenciones gubernamentales y a la insuficiencia de las inversiones.

El panorama desmejoró notablemente en el área de la refinación. La pujante industria soviética del refino se resintió por las viejas infraestructuras, no obstante, mantiene una razonable capacidad de refino.

La CEI logró en 1995 una capacidad de destilación de 465 millones de toneladas que representa el 13 por ciento de la capacidad mundial.

Este viacrucis ha hecho que Rusia sea nuevamente la república con mayor capacidad; sus 26 refinerías le permiten alcanzar los 275 millones de toneladas/año, mientras que Ucrania, con seis refinerías, se sitúa en torno a los 59 millones de toneladas.

Todas la refinerías de la CEI son viejas. De acuerdo con el propio gobierno ruso, entre el 80 y el 85 por ciento de las plantas actualmente en funcionamiento necesitan obras de modernización.

Las nuevas condiciones de los carburantes requieren un mejor desarrollo en materia de protección medioambiental, además, limitan las posibilidades de exportación de productos petrolíferos desde Rusia, desviándose estas exportaciones a mercados menos remuneratorios

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