VÍA PASTO-MOCOA: 148 KM DE MIEDO

VÍA PASTO-MOCOA: 148 KM DE MIEDO

Los 148 kilómetros que separan a Mocoa de Pasto son de terror.

03 de noviembre 1996 , 12:00 a.m.

Así lo aseguran los conductores que atraviesan diariamente los páramos, valles y selvas inhóspitas que cruza la carretera entre una y otra capital, en un recorrido que puede demorar entre 10 o 12 horas y otras veces muchas más según el estado de la vía o la acción de la guerrilla.

Los nativos también la llaman la carretera de la muerte . En septiembre de 1991, el represamiento de una laguna provocó una de las peores tragedias que aquí se recuerde: En el sitio Murallas, 50 vehículos quedaron sepultados por toneladas de lodo y más de 100 personas murieron. El Putumayo quedó aislado del resto del país durante un mes.

Desafiando abismos, páramos y numerosos cauces que lo atraviesan, es el camino que recorrió el conquistador Hernán Pérez de Quesada con 270 soldados, 200 caballos y diez indígenas que lo guiaron en su conquista del sur.

También fue la ruta que en 1835 ya utilizaban comerciantes presurosos de llegar al río Putumayo para llevar en canoas caucho, tagua y quina, hasta Manaos y Belén del Pará, y regresar con hierro, sal, licores y otros productos extranjeros.

Por las dificultades para cruzar ese camino y llegar al Putumayo, el general Rafael Reyes tomó a Mocoa como cárcel para desterrar a sus enemigos políticos. Dio paso a las tropas colombianas que defendieron la soberanía nacional durante el conflicto con Perú en 1932.

Pese a su importancia como punto estratégico y vía de comunicación de las selvas colombianas con el occidente del país, fueron misioneros catalanes quienes más aportaron en su mejoramiento a comienzos de siglo.

Por ahí penetró el torrente de colonos con el pretexto de la transformación de la región, y también llegaron quienes huían de la violencia política, inmigrantes atraídos por el hallazgo de petróleo y finalmente los que se ilusionaron con la bonanza cocalera.

Llegar, una odisea Llegar a Mocoa o salir de la región resulta incierto. Muchos desisten de viajar al Putumayo cuando piensan en los derrumbes que encarecen los costos del transporte.

En ocasiones, los taponamientos se alternan con los paros que ordena la guerrilla, como en agosto y septiembre pasado, o los movimientos campesinos. Casi que los únicos que se pueden movilizar sin complicaciones son los guerrilleros y los traficantes, que sacan provecho de la soledad de los tramos.

Para el gobernador de Putumayo, Jorge Fuerbringer Bermeo, el principal problema de la región es el avanzado estado de deterioro de la red vial. El Putumayo no solo tiene los 148 kilómetros que separan a Mocoa de Pasto. Lo conforman 1.100 kilómetros en su totalidad destapados y semejantes a caminos de herradura.

Al departamento lo cruzan dos carreteras: San Miguel-Pitalito que da inicio desde el sur del país a la Troncal del Magdalena, con una longitud de 221 kilómetros.

El otro eje vial lo constituye la carretera Tumaco-Pasto-Mocoa-Puerto Asís, que con una inversión y mantenimiento adecuado, le permitiría a la región contar con una salida al océano Pacífico.

En el Putumayo, la navegación fluvial se constituye en el principal medio de transporte. El río Putumayo es navegable desde Puerto Asís hasta su desembocadura, en una longitud de 1.350 kilómetros. Otro río navegable es el Caquetá. Pero al igual que la porción carreteable, los dos presentan dificultades. Se requiere de la conservación de sus cuencas altas para disminuir la sedimentación que ocasiona cada año la pérdida de diez kilómetros de navegabilidad.

Así, por agua y tierra, la movilización de los putumayenses es lenta y con un alto índice de accidentalidad.

Rodolfo Albarracín, gerente de la empresa Transipiales, que opera la mayor parte de rutas de la región, opina que el transporte en todas sus modalidades recibe los mayores perjuicios por el estado de incertidumbre e inseguridad. Ojalá que una comisión del alto gobierno viajara en trayectos Pasto-Mocoa-Puerto Rosario-Puerto Asís-Orito-La Hormiga hasta San Miguel, en límites con el Ecuador, y verificaran el estado de las vías. Olvidan que aquí también hay poblaciones surgidas como por encanto, tan colombianas como Cali, Bogotá, Medellín o Cartagena , opina el dirigente transportador.

Una región atractiva De no ser por los problemas que presenta la carretera, el Putumayo sería una de las regiones más atractivas para visitar por los hermosos y singulares paisajes que se observan en su recorrido por el Macizo Colombiano.

Se destacan las cumbres del Patascoy y Bordoncillo, tapizados por fraylejones, a más de 3.380 metros de altura sobre el nivel del mar, para luego descender al Valle de Sibundoy, bautizado como la Suiza de Colombia.

El Valle está a 40 kilómetros de La Cocha, el principal centro turístico en el oriente de Pasto. Se trata de una región con una de las mayores riquezas biológicas de los Andes colombianos.

Colón, Santiago, Sibundoy y San Francisco, están en un valle, asiento de un lago prehistórico, rodeado de montañas.

A la planicie la bañan varios ríos y quebradas, donde habitan colonos, mestizos, indígenas, dedicados a la explotación agrícola y pecuaria.

Ochenta kilómetros más abajo está San Miguel de Mocoa, próspera y señorial, cuyos habitantes hacen de ésta una capital de manos tendidas.

1 kilómetro y 20 curvas A partir del sector de San Francisco, la travesía de 76 kilómetros se tiene que hacer en una carretera donde hasta estornudar produce pánico.

El ancho de la banca no es superior a los 4 metros, y solo puede transitar un vehículo. Por cada kilómetro existe un promedio de 20 curvas.

El trayecto se hace sobre una zona geológica inestable. En este sector, kilómetro 100, ha sido detectada una nueva falla que ya fue reportada al Comité Nacional de Emergencias.

En sitios como El Mirador y Chorlavi, los deslizamientos son permanentes.

Una de las causas para que se produzcan estos fenómenos son los torrenciales aguaceros que caen permanentemente.

La comunidad llama a este fenómeno las conejeras .

Los conductores aseguran que nunca se sabe cuando se va a quedar atrapado .

Por eso no dudan en apurar un trago de aguardiente para controlar los nervios, y enfrentar las rocas quebradas, taludes con fuerte presión de agua, caños y quebradas, y una densa neblina que hacen de esta región un mundo aparte.

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