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HAY QUE MANOSEAR LA CONSTITUCIÓN

HAY QUE MANOSEAR LA CONSTITUCIÓN

Sabes qué es lo primero que decir sobre este asunto de la Constituyente? García Márquez se quita los anteojos de présbita, mira hacia el techo como buscando inspiración y toma aire antes de responderse a sí mismo. En la mano derecha sostiene un ejemplar deshojado de la Constitución Política de la República de Colombia. Lo ha subrayado, anotado y corregido con fervor de estudiante primíparo. Encima de la mesa se acumulan fotocopias de decretos, hojas de fax con incisos, tratados sobre derecho constitucional, un ejemplar de la Constitución española, recortes de periódicos, galletas de avena y maní tostado. Gabo no viste levita, como se supone que lo hacían los constitucionalistas de antes, sino pantalones deportivos y una camiseta sin cuello que recuerda a la que llevaba Papillón cuando logró escapar por última vez de la cárcel de Cayena. Las botas, sí: las botas sí se parecen mucho a las que calzaban hace 104 años los redactores de la Constitución Nacional. El Premio Nobel está de p

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Lo primero que hay que decir se responde él mismo es que no he tomado ninguna decisión respecto de mi candidatura para la Constituyente, porque estoy pendiente de algunas condiciones que deben darse antes de que resuelva si me lanzo o no. Es bueno que se sepa claramente que no he hablado con nadie, que no tengo voceros, que no he contraído compromisos de ninguna índole. Lo que la prensa ha dicho hasta ahora sobre mi supuesta o posible candidatura a la Constituyente no es más que el resultado un poco alegre de los retozos democráticos que vive el país... .

Y sabes qué es lo segundo que hay que decir? .

Gabo medita un momento con el índice derecho colocado en cruz sobre el bigote y se dispone es evidente a eso que llaman emitir concepto.

Lo segundo que hay que decir es que resulta indispensable desmontar la trampa de los que podrán votar para elegir la Constituyente .

Gabo emitió ya concepto y ahora lo pule: En el artículo tercero del decreto que convoca a la Asamblea Constituyente el gobierno señala que solo podrán votar por ella el próximo 9 de diciembre los ciudadanos cuyas cédulas hayan sido incorporadas al censo electoral vigente para las elecciones del pasado 27 de mayo . Esto puede interpretarse en el sentido de que únicamente podrán votar los que se inscribieron para las elecciones pasadas, con lo cual quedarían marginados quienes se abstuvieron de hacerlo. Dentro de esta interpretación, yo, por ejemplo, no podría votar para la Constituyente, porque no voté en las elecciones de mayo .

La situación es más radical aún. Gabo no ha votado jamás. Confiesa que en el plebiscito de 1958, cuando se creó el Frente Nacional y la gente podía votar con cualquier documento de identificación, hasta con un recibo del agua o la hoja clínica del dentista, estaba dispuesto a votar, y a votar afirmativamente. Pero la jornada electoral lo agarró en el exterior.

La confesión sorprende: Gabo frentenacionalista? Gabo con la alternación, la paridad y esas otras cosas feas? El aclara que ese día sí. Pero que lo malo es que quienes votaron por el Frente Nacional no se dieron cuenta de lo largos que son 16 años: votaron para que los colombianos no se mataran por una diferencia de partido y al final acabaron matándose porque se había acabado la diferencia .

La hermenéutica restrictiva del artículo tercero del decreto propone, pues, dejar por fuera a los abstencionistas. Su párrafo final señala que el Consejo Nacional Electoral definirá si es técnicamente posible abrir un período para inscripción de cédulas y, en caso afirmativo, cuál será la duración del mismo .

El punto es definitivo para que García Márquez decida si se lanza o no. Ya tiene arreglado el problema de requisitos; en su momento, el gobierno produjo el texto necesario para que Gabo quepa entre los que podrán ser elegidos. Ahora solo falta aclarar si también él y 7 millones más de colombianos que no votan caben entre los que podrán elegir.

Si llega a interpretarse que solo participarán en el plebiscito los que estaban inscritos en mayo comenta Gabo, es mejor despedirse de candidaturas. Los independientes, los que no militamos en ningún partido, tenemos nuestro electorado es allí, en esa masa mayoritaria que está tan desencantada que ni siquiera vota .

A mí me encantaría ver en la Constituyente a varios abstencionistas, saber qué piensan, por qué no les ha interesado tomar parte en los procesos electorales agrega. Yo insisto en que la Constituyente debe estar al tanto de lo que siente el país, pero eso no lo vamos a conocer si se trabaja solo con una parte del país. Lo malo es que, si se interpreta restrictivamente el decreto de convocatoria, estaremos montando una Asamblea para tratar de aumentar la participación ciudadana, pero la estaremos montando solo con los viejos miembros del club .

Gabo quiere que los colombianos le pierdan el temor a esta corporación. La palabra Constituyente es una palabra que mete miedo a la señora que madruga a comprar leche y al camionero de tierra caliente. Gabo reivindica el derecho a manosear la Constitución.

Esta vaina es de todos , dice, y señala el libro descosido de la Constitución Nacional. No hay que entregarles el monopolio de la Carta a los políticos o los catedráticos de derecho. Es fundamental que la Asamblea no se nos convierta en un cónclave docto de constitucionalistas profesionales, sino en una reunión abierta donde prevalezca lo más importante de todo: el sentido común .

Un aspecto indispensable, según Gabo, será la formación de una comisión redactora del texto constitucional que borde la pieza final. Tendrá que haber una comisión de estilo para evitar disparates y exprese de manera clara y sencilla lo que se acuerde .

Nadie en esta materia sabe más que García Márquez. En los últimos meses se ha convertido en un cazador inclemente de gazapos constitucionales. No hay anfibiología que no haya detectado, eufemismo al que no le haya alzado la falda, enclítico que no mire con sospecha, iteración que no esté en capilla para desbastar ni anacronismo que no aparezca atravesado por un alfiler. La antología es larga Mira esta vaina dice Gabo: el literal b del artículo octavo se mete con los hijos de padre o madre colombianos que hubieren nacido en tierra extranjera. Esto está mal redactado: De qué hablan? Quiénes son los que nacieron en tierra extranjera: los hijos o los padres? Ese mismo artículo se retuerce para mencionar a los hispanoamericanos y brasileños por nacimiento , en vez de hablar en forma llana de los iberoamericanos .

Mira esta otra: en nuestra Constitución los gobernantes aparecen con la facultad de nombrar o separar a sus subalternos. A los constituyentes del 86 les producía pudor la palabra destituir y por eso se refugian en un eufemismo tonto, que suena más bien como si metieran en un cuarto aparte al subalterno ineficiente o lo divorciaran de su mujer .

Y hay más García Márquez es implacable: el artículo 201 parece crear una circunscripción nacional para los alcaldes, pues no dice que deben ser elegidos por los votos de los respectivos municipios; otro artículo sugiere que los colombianos tienen varias vidas, como los gatos; el 41 versa sobre la educación y le fija más obligaciones al estudiante que al Estado, y el 73 establece la siguiente joya: Por acuerdo mutuo, las cámaras podrán trasladarse a otro lugar . Yo me pregunto cómo puede haber un acuerdo que no sea mutuo: Hay acaso acuerdos unilaterales? .

A veces son peores las omisiones. El deporte y la recreación no aparecen por lugar alguno. Tampoco la conservación del medio ambiente que no era un concepto de la época. Nunca se define qué es un diputado y para qué sirve (pero, bueno: Acaso alguien lo sabe?).

García Márquez ha pillado otras curiosidades constitucionales. El artículo 48 parece autorizar la formación de guerrillas y grupos paramilitares, pues señala que nadie podrá, dentro de poblado, llevar armas consigo sin permiso de la autoridad . Agrega Gabo: Por consiguiente, en despoblado sí; de donde deducimos que está prohibida la guerrilla urbana, pero se autoriza la guerrilla rural y los paramilitares . Para mayor sindéresis zurda, otro artículo, el 165 dice: Todos los colombianos están obligados a tomar las armas cuando las necesidades públicas lo exijan para defender la independencia nacional . Comenta Gabo: Pero no se dice quién determina las necesidades públicas .

De otra parte, el artículo 38 es un fósil inventado para luchar contra la chicha y el guarapo. El 49 es un furioso anacronismo que prohíbe emitir papel moneda de curso forzoso. El 13, propuesto quizás por Perogrullo, resuelve que debe considerarse traidor al colombiano que fuere cogido con las armas en la mano en guerra contra su patria. Y otro artículo deja a los desempleados al margen de la ley y de la Constitución al consagrar el trabajo como una obligación social . No hay desempleado, es evidente, que cumpla con este sagrado deber.

Aquí hay que hacer mucha limpieza , suspira Gabo.

Sabes qué? . (Gabo se vuelve a colocar los anteojos de présbita y cierra el libro. Caen varias páginas sueltas sobre el tapete, como un otoño anticipado): A esta Constitución hay que llenarla de derechos .

Para ello, por supuesto, lo primero será llenar el salón de la Constituyente de colombianos que entiendan bien sus deberes. Las reformas gabianas a la Constitución Si escoge lanzarse como candidato a la Asamblea Constituyente (el gobierno la llama Constitucional) ya García Márquez puede considerarse medio elegido. Los cálculos dicen que se necesitan setenta mil votos para conseguir una de las setenta curules y con la sola votación de mis hermanos llego a la mitad , estima Gabo.

Pero él tiene muy claro que lo importante no es llegar, sino saber a qué se llega. Esto es, si se decide a participar como candidato y si consigue los votos que sus hermanos no son capaces de proporcionarle. Por eso ha ido tejiendo una plataforma de reformas que no figuran en las propuestas de los partidos.

Algunas de las propuestas gabianas que flotaron en su conversación con EL TIEMPO son las siguientes: Preámbulo: el preámbulo de la Constitución del 86 reconoce a Dios como la fuente suprema de toda autoridad y proclama que la religión católica es la de la Nación. Esta es una definición de Estado confesional. Me parece que la Asamblea Constitucional debe tomar medidas serias sobre este punto, que tiene mucho que ver con el sistema institucional vigente, y también con el concepto de soberanía popular propuesto por el acuerdo de los partidos. Iglesia y Estado: hay que establecer la separación entre el Estado y las iglesias, todas las iglesias. La actual Constitución consagra en el artículo 53 una curiosa libertad de cultos que parece libertad condicional, pues dice no podrán atentar contra la moral cristiana. Qué es la moral cristiana y quién la fija? El único límite de la libertad de cultos debe ser la ley. Edades mínimas: al país hay que rejuvenecerlo con audacia, de una sola plumada, para ponerlo de acuerdo con su realidad. En consecuencia, la edad para ser ciudadano debe reducirse de los 18 años a los 16. Se podrá ser Presidente de la República desde los 21 años, y senador y representante a la misma edad, para que no se repita el caso de Luis Carlos Galán, que, siendo más capaz que muchos senadores viejos, tuvo que sentarse a esperar hasta los 30 años. La misma edad será requerida para ser Procurador, Contralor y, en general, para cualquier cargo de responsabilidad pública. Edades máximas: tan importante como fijar edades mínimas es establecer edades máximas. Es bueno establecer que después de los 50 años no se podrá ser senador, representante ni ocupar otros cargos públicos que se determinarán. El Congreso debe dejar de ser el símbolo de una clase política eternamente reelegible. A sus miembros hay que permitirles como máximo dos elecciones, es decir, dos períodos legislativos. Y después que se vayan a trabajar. Con esta fórmula, aún estarán en edad de hacerlo.

En realidad, todo lo que tenga que ver con el Congreso debe examinarse con una atención milimétrica. El acuerdo de los partidos me parece complaciente en este punto, que es uno de los soportes de las clases políticas anquilosadas contra las cuales votó el país tanto en marzo como en mayo. Creo, en efecto, que el problema mayor que va a enfrentar la Asamblea Constitucional es la presión de esa clase política contra cualquier cambio que afecte sus privilegios actuales. El voto obligatorio: el voto obligatorio es antidemocrático. Votar o no votar son decisiones libres del fuero interno. Lo que hay que crear son estímulos contra la abstención. Doble vuelta electoral: uno de esos estímulos, sin duda, sería la doble vuelta electoral. Conviene establecer las dos vueltas en la elección de Presidente. Si ningún candidato obtuvo el 51 por ciento, se programa un mano a mano entre los dos candidatos con más votos. Esta figura favorece a la oposición y permite que el Presidente llegue con mayor representación popular. Hoy los presidentes son elegidos por una cuarta parte del país electoral, es decir, por una octava parte del país real. Elecciones primarias: ya se vio que las elecciones primarias son una institución que favorece a la democracia y debilita al caciquismo. Es bueno incorporarlas obligatoriamente a los partidos por medio de la Constitución. Elección presidencial: los presidentes no deben ser reelegibles en ningún caso y de ninguna manera. Es la única forma para acabar con el club de los ex presidentes, cuyas expectativas sustentan los vicios de la clase política que el país condenó en las dos pasadas elecciones. Período presidencial: como compensación justa a la no reelección y sólo en caso de que esta se apruebe, el período presidencial debe ampliarse a cinco años. Artículo 120: el artículo 120 fue un acuerdo político de emergencia para salir del gobierno militar del general Rojas Pinilla. En realidad, debió considerarse como norma transitoria de la Constitución, hasta que desaparecieran las circunstancias que lo hicieron necesario. Estas han desaparecido. El presidente debe tener absoluta libertad para integrar su gabinete. Los militares: no entiendo por qué se prohíbe a los militares que ejerzan un derecho tan elemental, democrático y secreto como el voto. El argumento para que los militares no voten es que no son deliberantes. De hecho, el Ministro de Defensa lo es cuando interviene en los consejos de ministros, o cuando despacha con el Presidente de la República, que es su comandante supremo. Y en esos casos, en técnica estricta, viola la Constitución. En cambio, votar es una acto íntimo, profundo y sagrado de la libertad de conciencia, que nada tiene que ver con la deliberación política. Asimismo, debe existir una jurisdicción especial para los militares, pero de carácter civil. El juicio de militares por los propios militares no me parece un privilegio, sino todo lo contrario, una fuente de problemas para ellos mismos.

El hecho es que hoy tenemos a los militares en un mundo aparte donde viven, se casan, proliferan y mueren entre militares, mientras los sacerdotes, con toda justicia, andan por todos los resquicios de nuestra vida cotidiana. Yo, por ejemplo, no he encontrado nunca a un militar en un cine. Y en materia electoral, es peor aún: los tenemos reducidos a la misma condición de los presos y los locos. Hay que rehabilitarlos de esa minusvalidez injusta, elevar su nivel ciudadano y formarlos en profesiones civiles para que puedan servir no solo con las armas sino en las múltiples necesidades de la paz. Otra cosa, en beneficio de la paz y de las propias Fuerzas Armadas, es que estas no tengan funciones de Policía, las cuales deben estar a cargo de un cuerpo adscrito al Ministerio de Gobierno. Basta un repaso a la historia reciente del país para justificar esta medida.

Soy partidario, por último, de que los militares tengan un delegado, con voz y sin voto, en la Asamblea Constituyente. Extradición de nacionales: hablar de la no extradición de nacionales será un acto de valor civil en la Constituyente, pues quien lo intente se sentirá señalado de antemano como agente de los narcotraficantes. Sinembargo, la extradición de nacionales, además de indigna, es una amenaza permanente para todos los colombianos, según las modas y según los tiempos. Es un tema ineludible en la Constituyente. Más aún: cabe preguntarse, en un país donde no existe la pena de exilio, si la extradición de nacionales no es una forma de exilio forzoso. El artículo más hermoso de la Constitución vigente es el 22: El que, siendo esclavo, pise el territorio de la República, quedará libre . Algo así de sencillo y categórico debería establecerse y tal vez en el título de los derechos humanos para la extradición de nacionales. Colaboración de delincuentes: la propuesta de los partidos prevé la posibilidad de negociar las penas con los delincuentes que colaboren con las autoridades, figura esta que está muy de moda en Estados Unidos. Me parece que es un estímulo inmoral. Educación y cultura: la educación pública en Colombia ha experimentado un descomunal desarrollo cuantitativo en los últimos años, hasta el punto de que se le ha salido de las manos al Estado. Al mismo tiempo, ha habido un incremento cualitativo de la educación privada, que es hoy una de las mejores del mundo, y también de las más caras. Este desequilibrio favorece una inadmisible selección de clases, por la cual los hijos de los ricos nacen predestinados para dirigir el país y prolongar los apellidos y los vicios de la clase política. Pero la Constitución vigente impone más obligaciones a los estudiantes que al Estado en materia de educación. Tratar de encontrar fórmulas para reducir las distancias entre educación pública y educación privada es un reto mayor para la Constituyente.

En cuanto a la cultura, es sorprendente que esta palabra no aparece más de una vez en la Constitución vigente,y está usada en el sentido de educación. Sinembargo, Colombia es una potencia cultural de primer orden en el mundo y esto hay que considerarlo como un patrimonio nacional invaluable que no puede escapar de ningún modo a la atención de la Constituyente. Otros: una Constitución moderna debe adelantarse a su tiempo. La nuestra tendría que prever hasta qué punto el desarrollo de la informática podrá influir sobre los derechos sociales e individuales. En este sentido habrá que pensar también en la conservación del medio ambiente, en los derechos de la nación en el espacio aéreo y, sobre todo, en la órbita geoestacionaria. En el futuro trataremos de colocar un satélite en esta franja espacial, que forma parte de nuestros recursos naturales, y la encontraremos ocupada por la chatarra de las grandes potencias. López rajó a Gabo en la escuela de derecho En 1949 un profesor de la Universidad Nacional rajó a Gabriel García Márquez en un examen de derecho constitucional. Esta fue una de las razones para que Gabo abandonara los estudios de derecho cuando cursaba el tercer año y para que no volviera a poner la mano en un texto jurídico hasta 1990.

El profesor se llamaba Alfonso López Michelsen y ahora, cuando Gabo se ha sumergido profundamente en las aguas del derecho constitucional, es una de las personas que le ayuda a bucear en ellas.

En los últimos cuatro decenios, López y García Márquez han hablado varias veces sobre aquella tarde remota en que el joven profesor de constitucional le hizo perder la materia. López no recuerda el incidente pero Gabo sí. Era una pregunta sobre el fenómeno de la prescripción. Gabo usó la palabreja; López le pidió que la definiera; Gabo dijo que consistía en la pérdida de un derecho por el transcurso del tiempo; López dijo que estaba equivocado, que no era la pérdida sino la adquisición de un derecho. La verdad es que, como diría un tratadista aficionado a las metáforas, las dos respuestas eran caras opuestas de una misma moneda jurídica.

En ese momento García Márquez cursaba segundo año de derecho, pero le interesaban muy poco los estudios jurídicos. Había sido el mejor bachiller del Liceo de Zipaquirá en 1946, pero lo que le llamaba la atención era el periodismo. La jurisprudencia le parecía una disciplina aburridora, demasiado intelectual y letrada. En 1948 se retiró de la facultad de derecho. Fue uno de los días más felices de su vida.

Después he vuelto a comentar con López aquel examen final en el que ambos teníamos razón dice Gabo. Por fortuna, ya es tarde para reparar el error .

Nunca más volví a leer la Constitución Nacional, y me pregunto si entonces la había leído. No es mala. Pero está vieja y remendada; el país la dejo atrás hace tiempos, quizás desde los tiempos de López Pumarejo. Y desde un punto de vista ideológico, la volvieron un sancocho .

Ahora, armado de textos constitucionales, de libros que le mandó el presidente español Felipe González, de sentido común y de sentido del humor, García Márquez se dedica obsesivamente a estudiar ese texto que había perdido para él todo interés, con el fin de cambiarlo y hacerlo más moderno. Han pasado 41 años. Es un derecho que García Márquez ha ganado, dijérase, por prescripción.

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