FARC, PAZ A TRAVÉS DE LA GUERRA

FARC, PAZ A TRAVÉS DE LA GUERRA

Durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo la guerrilla quemó, sin consideración alguna, su pólvora: en 11 días realizó cuarenta atentados terroristas, asesinó a 28 policías y cinco soldados, y dejó a media luz a los siete departamentos de la Costa Atlántica. Tras el telón de esta escalada guerrillera se esconde más de una motivación. En primera instancia, la ofensiva de los insurgentes es la anunciada respuesta al golpe del Ejército al santuario de Casa Verde.

06 de enero 1991 , 12:00 a. m.

Así, hacen una demostración de fuerza que minimiza la acción oficial y enseña a unas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en disposición de un gran poder militar.

Esta lectura la comparten los comandantes del Ejército Popular de Liberación (EPL), y algunos miembros del M-19. El mensaje de las FARC, según ellos, es claro: No estamos derrotados militarmente. Si nos atacan, atacamos .

Sin embargo, al margen del pie de fuerza y del arsenal con que cuenten los comandos guerrilleros, es claro que la inocencia oficial ha facilitado esta contraofensiva.

Como si no se viviera en un país en guerra, las patrullas de Policía, blanco favorito de los insurgentes por su permanencia fuera de comandos y cuarteles, salen en camiones descubiertos, sin la más mínima prevención ante un eventual ataque.

Eso ocurrió hace tres días en la vía Cali-Buenaventura y, hace dos, en la carretera de Santa Marta a Ciénaga, en hechos en donde murieron 17 policías.

Ese tipo de emboscadas se han repetido, dentro de parámetros y características muy parecidas, durante los largos años de existencia de la más vieja guerrilla de América Latina.

Por eso, tras la toma de Casa Verde, de la mano con los partes de victoria ha debido ir una serie de estrictas medidas de seguridad que debían cumplir todas las patrullas y unidades en movimiento.

A juicio de un experto militar, cualquier comando de soldados o de policías debe evitar al máximo repetir las mismas rutas; cada convoy de más de cinco hombres debería ir precedido por una especie de lazarillo que ausculte el camino; por ningún motivo se deben movilizar en vehículos descubiertos que son fácil blanco.

De cara a esta realidad, el general Miguel Antonio Gómez Padilla, director general de la Policía, señaló que ante el ataque aleve y el acto terrorista es muy difícil cualquier reacción , haciéndole el quite al tema de la falta de prevención.

Pero, precisamente, cuando se sabe que la acción de la guerrilla tiene ese definido perfil terrorista --tanto que las FARC ahora se dedican también a volar oleoductos--, es cuando más medidas de seguridad hay que tomar.

Además, ochenta guerrilleros, como Pedro por su casa, en las goteras mismas de la sede de la Primera División del Ejército en Santa Marta, interrumpieron una vía de alto tráfico, se apertrecharon cómodamente y esperaron al grupo de policías que no tuvo opción alguna de defenderse. Juego de fuerzas Con esta serie de golpes, la guerrilla, además de responder a la ofensiva del Ejército, busca colocarse otra vez en una posición ganadora ante la eventual reanudación de los diálogos con el Gobierno, intención que ya han manifestado, al tiempo que han pedido un intercambio de ideas con una comisión de la Constituyente.

También, a un mes de la iniciación de las deliberaciones de la Asamblea, las FARC, al mostrar sus garras, consiguen que el tema del conflicto guerrillero y la búsqueda de salidas políticas vuelva a estar sobre el tapete, recuperando protagonismo y nuevo espacio en el juego político.

Ahí, se cuece otra estrategia clara de las FARC: tensionar la situación de violencia, llevándola a los extremos, para que la necesidad de la paz sea mayor. Si hay más muerte, más espacio ganan las voces en torno de la necesidad de desmontar el conflicto por la vía política.

La Consejería para la Paz maneja dentro de sus presupuestos, de un tiempo para acá, la certeza de que con las FARC es posible, pese a tanta violencia, llegar a un acuerdo. Tal vez por eso, Humberto de la Calle Lombana, quien estrena el manejo de la cartera política, ha dicho que no hay condiciones para el diálogo , pero que el Gobierno mantiene las puertas abiertas a esa posibilidad.

Pero la realidad concreta de este comienzo de año es que el camino todavía no se despeja. La muerte sigue rondando a los agentes de policías, las acciones terroristas están en alza y la violencia marca más puntos rojos sobre la realidad colombiana. Otra arista El círculo de muerte del año nuevo lo completan los ataques de las bandas de sicarios, en la capital de Antioquia, contra miembros del F-2 y del comando especializado antisecuestros.

El Director de la Policía ha señalado que los crímenes de miembros de la Policía fueron ejecutados por hombres que trabajan para el Cartel de Medellín.

Si eso es así, además de las graves connotaciones que tiene el hecho de que seis periodistas sigan secuestrados con la intención de chantajear al Estado, estos nuevos episodios de violencia podrían marcar la reactivación del narcoterrorismo. Los Extraditables , hasta ahora, no han desmentido la afirmación de Gómez.

Con esas acciones el Cartel apuntaría a buscar que la Constituyente aborde el estudio de otras salidas distintas (indulto, por ejemplo) a las que puso en marcha Gaviria con los decretos de confesión y no extradición, tal como lo señalan informes de los organismos de inteligencia.

Esta última podría ser la ruta escogida por Pablo Escobar Gaviria, pues algunas fuentes en Antioquia aseguran que es eminente la entrega de los otros dos hermanos Ochoa Vásquez.

Los hechos de violencia en Medellín confirman, además, que el fenómeno del sicariato, al margen del conflicto con los narcotraficantes, tiene tela de dónde cortar para rato.

El propio Presidente dijo el día de su posesión que los problemas de Medellín habían trascendido las dimensiones del narcotráfico y el narcoterrorismo adquiriendo proporciones de un conflicto social de características muy complejas .

A seis meses de ese anuncio no se ven los efectos de las estrategias puestas en marcha desde la Consejería especial para esa ciudad. Si bien todavía es demasiado temprano para evaluar tal tarea, también es cierto que la explosiva situación de Medellín se mantiene en erupción.

Así, comienza el año nuevo con una panorama difícil. Los violentos siguen quemando su explosiva pólvora, el luto invade los humildes hogares de los policías de Colombia y el discurso de la paz ronda por ahí, como un fantasma vagabundo.

Pero, pese a esa realidad, tal vez a través del juego dialéctico: la tesis --simbolizada en esta coyuntura por la legitimidad de las Fuerzas Armadas-- y su antítesis --la lucha de las FARC--, se alcance por fin, tras el cruce de fuego, la síntesis: un acuerdo de paz con esta guerrilla.

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