ALFONSO VALDIVIESO, EL ANIMAL POLÍTICO

ALFONSO VALDIVIESO, EL ANIMAL POLÍTICO

La primera vez que Alfonso Valdivieso Sarmiento escuchó que iba a ser Presidente de la República fue en una tarde de 1970. Cursaba tercer año de derecho en la Universidad Javeriana de Bogotá.

11 de mayo 1997 , 12:00 a.m.

Esa tarde, como muchas otras, estaban en la casa de Jaime Jaramillo, su compañero de universidad. Jugaban a la Uija y utilizaban una copa de jerez que hacían rodar por la tabla. Jaramillo le preguntó al supuesto espíritu si Alfonso Valdivieso iba a ser Presidente de la República y la copa, dicen, se paró en la palabra sí.

Cierto o no, brujos, prestidigitadores, politólogos y encuestas dan hoy por hoy a este menudo hombre, de un metro con 58 centímetros de altura y de 47 años, como uno de los aspirantes más fuertes a ocupar el Palacio de Nariño.

Pero, quién es realmente este hombre que se hizo famoso en todo el país por sus actuaciones como Fiscal y que ahora deja ese cargo para lanzarse a la arriesgada arena electoral? En la única percepción en que coinciden amigos y enemigos es en que Valdivieso, tez trigueña y cabello color cenizo y una calvicie que disimula con un peinado de corte santanderista, es un animal político con más 22 años en la vida pública.

Racional y calculador, la última vez que lloró fue en 1994 cuando murió su madre, días después de ser nombrado Fiscal General.

Valdivieso solo necesita cuatro horas de sueño para descansar. Es un madrugador empedernido que, aunque se acueste a las tres de la mañana, a las seis ya está levantado. Es un hombre difícil de descifrar quizás porque vive metido en sus palabras. Quienes le conocen lo definen como trabajador incansable, sencillo, honesto, moralista, tímido, madrugador e impuntual.

Aunque a él no le gusta que lo relacionen o lo cataloguen a secas como político, su carrera germinó, creció y maduró al lado de su primo Luis Carlos Galán, fundador del Nuevo Liberalismo.

Ha hecho una carrera que para algunos, como Alfonso Gómez Méndez, ex procurador general de la Nación, fue suspendida con el nombramiento de Fiscal General, pero que para otros, como el ex ministro de Justicia Carlos Medellín, se consolidó en la Fiscalía a la que convirtió en trampolín político.

Valdivieso abomina la intrascendencia y siempre quiere dejar huella, aunque curiosamente no le gusta publicitar nada de lo que hace. Es un hombre que se mueve rápida y silenciosamente, y sabe esperar.

Algunos afirman que es indeciso y dubitativo a la hora de tomar decisiones, pero él asegura que siempre analiza muchas variables y puntos de vista y de conciliar posiciones.

De Boston a Bucaramanga La historia pública de Valdivieso se inició en 1976, después de hacer una maestría en desarrollo económico en Boston University, entre 1974 y 1975. Decidió radicarse en Bucaramanga, a pesar de los cargos importantes que le ofrecieron en Bogotá personas como Mario Galán, padre de Luis Carlos Galán, y el sacerdote Gabriel Giraldo, de la Facultad de Derecho de la Universidad Javeriana, que por esa época ejercía todo su poder.

El prefirió irse a Bucaramanga, porque quería conocer la forma de hacer política local, desde la base, y al mismo tiempo quería realizar una carrera profesional , recuerda Jaramillo.

Además, Bucaramanga era su ciudad natal. Allí nació el dos de octubre de 1949 bajo el signo Libra. Entre 1957 y 1961, estudió la primaria en el colegio Divino Niño, y en 1967, se graduó de bachiller del colegio San Pedro Claver, después de cursar los primeros cinco años de bachillerato en el Instituto Tecnológico Santandereano.

Precisamente fue en 1968 cuando viajó a Bogotá y empezó, no solo su carrera de derecho en la Universidad Javeriana, sino su estrecha relación familiar, de amigos y política con su primo Galán. Llegó en enero, con su caminado rápido y la estatura de un niño de trece años, a vivir en la casa de los Galán Sarmiento.

Durante muchas noches entablaron largas discusiones, arreglaron el país y se regalaron y robaron ideas. Fue el inicio de una admiración mutua, a pesar de que Alfonso era varios años menor , dice Augusto Galán Sarmiento.

Sus compañeros recuerdan que Valdivieso no fue un estudiante brillante, que estudiaba apenas lo necesario, especialmente con los apuntes de otros, porque los suyos eran ilegibles.

Todo esto sirvió para que durante esa época despertara en él el animal político. Trató, sin éxito, de revivir la revista que Luis Carlos Galán había hecho en la universidad e intentó crear un movimiento político liberal.

Con la ayuda de Galán, Alfonso Valdivieso se vinculó a EL TIEMPO en 1970, en la sección Internacional. Jorge Nieto, quien en esa época era el encargado de la sección, recuerda que Valdivieso era una persona colaboradora, agradable, muy dedicada al trabajo y con ganas de aprender, aunque era un poco tímido. Le tocaba tomar los cables, cortarlos, ordenarlos y preparar una información básica. Al principio, le daba pena decir que era primo de Galán, porque quería estar allí por sus propios méritos .

Ese es el mismo recelo que Valdivieso ha tenido en toda su vida. Sus contendores dicen que creció a la sombra de Galán y llegó a todos los cargos con su ayuda, o por lo menos con su imagen, como lo dice Luis Guillermo Nieto, quien también cree que si Galán no hubiera existido, Valdivieso tampoco.

No me gusta que por buena o mala fe se piense que lo que he hecho en la vida lo hice por la cercanía a Galán. Tengo clara la relación con él, lo que ha influido en mi vida y seguirá influyendo, pero creo que me labré mi propio destino , dice Valdivieso.

La verdad es que, con la elección de Galán al Senado en 1978, Valdivieso quedó como líder del movimiento en Santander. El nunca trató de estar por encima de Galán, era el encargado de toda la organización del movimiento, de generar toda la logística y de acompañarlo en sus correrías por todo el departamento , recuerda Silvia Rogeles, suplente de Valdivieso en su paso por el Congreso de la República. En 1982, fue elegido como Representante a la Cámara y en 1986 llegó al Congreso de la República.

Mientras estuvo vivo Galán, todas las posiciones del movimiento en el Congreso se preparaban y presentaban en grupo. Además, Valdivieso no es de esos discursos veintijulieros. Dice lo que tiene que decir, como un académico, y ese es un defecto en este oficio , dice Alberto Montoya.

La muerte de Luis Carlos Galán sorprendió a Alfonso Valdivieso en Valledupar, en un homenaje que se le hacía al galanista Alfonso Araujo. Ese día, alguien le propuso que tomara las riendas del movimiento y se hiciera Presidente, pero ni siquiera pensó en la propuesta.

Extraditado del Senado Durante su paso por el Senado, Valdivieso siempre estuvo en la Comisión Primera, que más allá de reformas constitucionales no administraba directamente recursos económicos ni puestos burocráticos.

Silvia Rogeles, suplente de Valdivieso, recuerda que por ese entonces, 1989, él reasumió su curul como senador, porque era demasiado arriesgado y peligroso para ella.

Participó en varios proyectos, como el de descentralización administrativa, pero sin duda, una de sus mejores actuaciones fue cuando se opuso a que un mico contra la extradición se colará, por vía de un referendo, en la reforma constitucional del Gobierno Barco.

Paradójicamente, su aliado en esa batalla y en muchas otras en Santander fue su amigo Horacio Serpa, el mismo contra quien hace unas semanas Valdivieso libró una medida de aseguramiento.

La oposición al mico se tradujo en amenazas y a Valdivieso le asignaron un escolta. Como yo no tenía carro me tocaba andar con él en taxi, y pocos meses después me tocó dejarlo, porque el permanente cambio de rutas y travesías me duplicó los gastos y me reventó el presupuesto , dice el ex fiscal.

Durante diez años, Valdivieso estuvo en el Congreso, pero afirma: No se me nota y no se me identifica con lo que se llame el hombre político. Si se me identifica como un representante de la política limpia, no me molesta. Tampoco me disgusta que se me considere un hombre político, sobre todo de aquellos que trascienden el interés personal, que están comprometidos con servir a la sociedad, que actúan de forma recta y transparente .

En 1990, al comenzar el gobierno de Gaviria, fue nombrado Ministro de Educación.

Para los medios y sus críticos, como Boris Montes de Oca, presidente de Fecode, pasó por esta cartera sin pena ni gloria. Fue muy poco lo que hizo en materia educativa, pues no logramos avanzar en nada en la solución a los problemas del sector . Obviamente, el ex fiscal tiene otra opinión.

En la primera crisis ministerial salió del Gobierno y fue nombrado embajador de Colombia en Israel, en donde vivió por primera vez una vida tranquila con su esposa y madre de sus dos hijos, Martha Cecilia León Reyes, a quien conoció en 1976, en Bucaramanga. Se casó en 1983, después de cinco años de noviazgo, en las que impuso la hora Valdivieso , una característica que lo ha acompañado toda la vida.

Siempre llegaba media o una hora tarde a todas a las reuniones del movimiento , recuerda Eduardo Durán, uno de los directivos del periódico Vanguardia Liberal y miembro del grupo político.

A esas reuniones, Ernesto Suárez Rueda, un político de Santander, asistía a la hora exacta, pero Alfonso siempre llegaba media o una hora tarde. Un día, Valdivieso llegó a tiempo y empezó a presidir la reunión. Treinta minutos después llegó Suárez y sin dejarlo entrar le dijo: - Por qué llega tan tarde, mi doctor? - Qué tarde, a las Valdivieso en punto , le respondió Suárez.

Una casa y...

En 1993, renunció a la embajada para aspirar al Senado, pero fue derrotado, por primera vez, en una elección pública.

Mientras su madre se debatía entre la vida y la muerte, y él creía que iba a ser incluido en la terna de Contralor, Gaviria le dijo, como en 1992, que lo iba a incluir en la lista de Fiscal. Está vez aceptó.

Valdivieso, que visitó uno a uno a los magistrados y les lanzó su proyecto en caso de tener una oportunidad en la Fiscalía, fue elegido por la Corte Suprema de Justicia el 26 de julio de 1994.

Su designación fue un verdadero palo pues dejó atrás al máximo aspirante y candidato de Gaviria, el ex procurador Carlos Gustavo Arrieta, y al segundo opcionado, el entonces ex constituyente Juan Carlos Esguerra.

Ya en la Fiscalía, recuerda un asesor, estableció una estructura que era la de golpear a todos los que se beneficiaban con el narcotráfico, hacer presión para que la sociedad se diera cuenta de que el narcotráfico no era bueno. Nunca se habló de perseguir a X, Y o Z, sino de presionar a los beneficiados .

Que el narcotráfico se enteró de sus intenciones es un hecho que incluso puede documentarse. A los pocos días de la posesión del Valdivieso llegó un mensajero a la Fiscalía con un Rolex de oro que enviaba Justo Pastor Perafán. Iracundo, Valdivieso salió a la puerta de su despacho y le dijo al mensajero: Dígale a ese señor que yo no recibo regalos de narcotraficantes .

La verdad es que Valdivieso es poco adepto a las dádivas, vengan de donde vengan. En sus campañas ha tenido cuidado frente a la procedencia de los aportes y jamás ha recibido demasiado dinero de nadie porque, según añade su suplente Rogeles, siempre ha pensado que eso genera compromisos difíciles de eludir .

Podría decirse que ha aplicado el mismo principio a su vida personal. En varias oportunidades, sus amigos le han ofrecido conseguirle o darle créditos más blandos, incluso uno le ofreció venderle un apartamento más barato, pero no ha aceptado.

De hecho es un hombre sin grandes recursos. Martha de Valdivieso dice que todas sus pertenencias están repartidas entre la casa de sus padres, de sus hermanos, familiares y en varias bodegas. Paradójicamente, ahora, cuando tiene unos ahorros, no ha podido conseguir un apartamento porque nadie quiere tener de vecino al ex fiscal. Por eso, en Bogotá, aún vive con sus suegros.

Valdivieso, quien no deja de afirmar que en Bogotá se siente como en comisión, ha decidido apostarle ahora a una larga estadía: el período 19982002, como inquilino del Palacio de Nariño, el cargo de elección popular más codiciado de toda la Nación.

La última vez que se embarcó en algo así , cuando se lanzó a la campaña para Senado en 1993, sus amigos, familiares y conocidos le colaboraron en más de una rifa para financiar el proyecto. Al final, derrotado, quedó debiendo cerca de 20 millones de pesos sólo terminó de pagar cuando cumplió un año al frente de la Fiscalía.

Ahora, nadie sabe exactamente cuántas rifas tendrán que hacerse, ni a cuánto ascenderán las deudas de una campaña que apenas comienza.

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