HERMANITA, NO ME DEJE MORIR

HERMANITA, NO ME DEJE MORIR

Frente a los dos ataúdes, rodeados por escasas cruces de flores, Damaris Largo contribuía al coro religioso que circulaba en el garaje de una humilde vivienda de Apartadó La mujer es hermana y tía de dos de las diez víctimas del carro bomba que estremeció el jueves en la mañana a esta población de Urabá.

01 de marzo 1997 , 12:00 a.m.

Largo recuerda que cuando pasó la explosión corrió para levantar a su hermano Walter de los escombros, que le repetía sin aliento: hermanita, hermanita no me deje morir . Walter, de 23 años, murió después con un sobrino de 11 años.

El cuerpo del niño fue el último en ser rescatado de las ruinas dejadas por el carro bomba con 100 kilos de dinamita, que presuntos guerrilleros de las Farc activaron frente al hotel El Pescador de Apartadó.

Después de la explosión, la familia del niño no lo encontraba por ninguna parte. Entonces, pensaron que estaba en el almacén El Pescador, donde murieron la mayoría de las víctimas.

El menor estudiaba sexto grado en las tardes, pero en las mañanas pasaba obligadamente por el local comercial donde trabajaba su tío Walter para llevarle los repuestos que él necesitaba para reparar ventiladores y otros aparatos eléctricos.

Damaris Largo acompañó doce horas al equipo de rescate que a las 9:15 de la noche del jueves le arrancó a los escombros el cuerpo sin vida de su sobrino.

Bajo las luces improvisadas para iluminar las ruinas vio a los socorristas secarse el sudor y anunciar que habían hallado el cuerpo de un niño. El que ella esperaba y el último que encontraron los hombres del equipo de rescate.

Es él, es mi niño! , gritó la mujer. Al ver el cuerpo se aferró, para no desmayarse, a uno de los tubos donde la policía de Apartadó izaba todos los días la bandera.

El niño perdió a sus padres cuando apenas tenía algunos meses de vida y con otros cuatro hermanos quedó al cuidado de su abuela paterna y de sus tíos.

En total fueron diez los muertos que dejó la bomba en las cuatro esquinas de Apartadó.

A cuadra y media del garaje donde Damaris Largo recordaba ayer la pesadilla, los obreros recogían con palas y máquinas los restos del hotel derrumbado.

Los técnicos recomendaron terminar de demoler el hotel, al igual que otra docena de edificaciones, incluyendo la estación de Policía.

Las autoridades evaluaron en más de 3.000 millones de pesos las pérdidas materiales.

Al frente del garaje donde eran velados los dos miembros de la familia Largo, en un segundo piso se asomaban de vez en cuando los familiares de Víctor Dairo Pérez Upegui, muerto en el atentado. A nadie le permitieron subir a acompañar el cadáver porque su cuerpo quedó sin cabeza.

El joven, de 20 años, estaba en el almacén El Pescador en el momento de la explosión y su cuerpo mutilado.

Fue el primero en ser sepultado a las 11 de la mañana en el cementerio de la población, en ceremonia que oficio el vicario pastoral de la Diócesis, sacerdote Hernando Díaz David, quien calificó a los autores del atentado como criminales de pacotilla .

Igualmente, a la población de Salamina (Caldas) fue trasladado el cadáver de Porfirio Aricapa, de 22 años, y en Medellín recibió sepultura un niño de cuatro años, hijo de un empleado de medicina legal.

En forma colectiva fueron sepultados en Apartadó Walter Largo y su sobrino; Edwin Alberto Oquendo, de 20 años; José Adalberto Correa Lopera, de 48; Alcides Darío García Morales, de 27 y María Cleotilde Pérez Espitia, de 30. En una ceremonia aparte se inhumaron los restos de Yolanda Barrios Ochoa, de 27 años.

La alcaldesa de Apartadó, que regresó ayer a la población para participar en el sepelio colectivo de las víctimas, censuró severamente a las Farc, pero también se quejó de la falta de seguridad en la población.

Cuando ayer en España con la Unión Europea hablaba de fortalecer a Apartadó en su acueducto, su alcantarillado, en su democracia... no sabía yo que las Farc estaban diciéndonos que no era ni educación ni salud, sino sangre lo que el pueblo de Apartadó tenía que pagar , dijo.

En un claro mensaje a los actores en conflicto, sostuvo que lo que esta guerra quiere es que nosotros legitimemos a quienes hoy están legitimando en Urabá la justicia privada como una alternativa .

Mientras tanto, en Medellín son atendidos los heridos: Diana Patricia Valencia, Cecilia Agudelo Cano, David Callejas, Luis Arturo Agudelo, Jenny Piedrahita, Sol Mery Salazar, el agente de policía Enrique Ocampo y un menor de edad.

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