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DE RODILLAS ANTE EL MILAGROSO

DE RODILLAS ANTE EL MILAGROSO

Desde hace cuatro siglos su fama aumenta con las Rogativas. Un conjunto de manifestaciones religiosas que superan las fronteras nacionales y atrae peregrinos desde México hasta Panamá. Rezar el rosario, la novena, el viacrucis y la procesión de una imagen del Crucificado por las calles es la devoción característica durante nueve días.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Enfermos, industriales, novios, casados, políticos, obreros y amas de casa llegan hasta su altar. Hasta técnicos de fútbol han desfilado, como cualquier peregrino, para implorar por el éxito de los partidos locales, de la Copa Libertadores y campeonatos mundiales.

Con una promesa de peregrinación, el América consiguió su primera estrella en el rentado nacional del 79. Carlos Salvador Bilardo, técnico argentino, asiduo devoto del Milagroso, viajó desde Buenos Aires hasta el santuario para agradecerle la conquista de la Copa Mundo México 86.

A esta imagen del Cristo Crucificado se le agradecen tantos favores, que su fama supera la del Milagroso venerado en Lima (Perú).

La imaginería popular atribuye su origen a un pequeño crucifijo encontrado por una india lavandera, en el río Buga. Luego creció en un altar de madera que ella levantó en su choza para honrarlo. Las autoridades eclesiásticas de la época se enteraron del prodigio por la propia testigo y no tuvieron más remedio que dar fe al milagro. En terrenos donados por Rodrigo Díez de Fuenmayor se construyó una ermita donde se colocó el Crucificado para su pública veneración.

La devoción popular por el Cristo se vio interrumpida en 1600, cuando un vicario del Tribunal de la Inquisición, con sede en Popayán, ordenó su cremación por considerar que la imagen no despertaba ningún sentimiento religioso debido al deterioro que presentaba.

Cumpliéndose todos los cánones de un auto de fe, el Milagroso fue arrojado al fuego, pero empezó a sudar copiosamente sin que las llamas lo consumieran. Testigos de la época afirmaron que la imagen se conservó intacta y consta en los relatos que la imagen quedó más hermosa que antes.

Estos prodigios se difundieron por toda la región. Comarcanos de haciendas y caseríos, chapetones, indígenas y esclavos empezaron a llegar en romería para confirmar, personalmente, lo que corría de boca en boca. Los relatos pasaron los límites del entonces caserío de Buga para llegar hasta la diócesis de Popayán y la Nueva Granada, desde donde partieron numerosas romerías.

Las crónicas sobre el Milagroso señalan que la primera rogativa en su honor se celebró en 1622. La imagen fue sacada de la ermita por los devotos. Estos le solicitaban, con cánticos y plegarias, aplacar la furia de un despiadado verano que amenazaba cosechas y animales.

El mismo día que volvió el Crucificado a la ermita, un torrencial aguacero empapó terrenos y caseríos, amainando los rigores de la prolongada sequía.

Fue hasta 1666, cuando el entonces obispo de Popayán dio crédito a los hechos milagrosos sucedidos en torno al Cristo venerado. Desde entonces, una estela de hechos prodigiosos acompañan esta devoción constituida en una experiencia histórica común de la religiosidad popular de la región.

En fines de semana, domingos y puentes Emiliani , la parada obligada es Buga. No faltan botellas de agua bendita, escapularios, crucifijos, medallas, cuadros y velas.

La nube de buscadores de milagros llega hasta el camarín que aloja su imagen tallada en madera oscura, que descansa sobre un larguero de 1.70 metros y un carguero de 1.30. Sus heridas son el objeto de mayor devoción entre los creyentes: la del costado derecho por el lanzazo del Gólgota, y la del izquierdo propinada por un individuo que intentó destruir el Crucifijo.

Hasta tiene quien lo cuide personalmente. Desde 1884, los Padres Redentoristas atienden todo lo relacionado con la fe y devoción hacia su imagen. Ellos fueron los gestores de la idea de levantarle una Basílica, cuya consagración se realizó el 2 de agosto de 1907, presidida por una apoteósica procesión por la Ciudad Señora.

La primera piedra fue colocada el 7 de agosto de 1892, en el sitio, donde según la leyenda, la india encontró el crucifijo.

El 13 de julio de 1937, el Papa Pio XI elevó al santuario a categoría de Basílica menor, luego de las peticiones enviadas a Roma por el entonces obispo de Cali, monseñor Luis Adriano Díaz y el obispo coadjutor de Bogotá, Manuel González Arbeláez.

Un año después para festejar el título conferido al Santuario, las autoridades eclesiásticas de la región programaron solemnes rogativas. Según el rector de la Basílica, padre José Eduardo López, su devoción es uno de los temas que la religiosidad popular ha destacado desde la llegada de misioneros españoles a América Latina.

Cumpliendo con la costumbre de cada siete años, el tema de la Paz, la Reconciliación y los 500 años de Evangelización en América Latina, ha presidido cada una de las ceremonias de piedad previstas para este año. A las rogativas asisten unos 500.000 peregrinos provenientes de todos los rincones del país, de Panamá, Guatemala, Venezuela, Ecuador y México, principalmente.

Con actos presididos por el cardenal Mario Revollo Bravo, las Rogativas terminarán este domingo. La sagrada imagen del Milagroso descenderá del camarín en la que está entronizada y en solemne procesión recorrerá las calles de la Ciudad Señora acompañada por millares de peregrinos.

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