EL ALCARAVÁN ALZA VUELO

EL ALCARAVÁN ALZA VUELO

Susto? Cuál susto? Para Germán Castro Caicedo, el hombre, volar por el Llano en los veteranos aviones DCá3, contemporáneos por cierto, es darle un despegue a la inspiración.

22 de octubre 1996 , 12:00 a.m.

El Alcaraván alzal vuelo Y así se lo hizo sentir el hombre al periodista y escritor. El resto fue dejar volar la pluma para crear a El Alcaraván , la obra más reciente de Castro Caicedo que será lanzada esta semana en todo el país.

Un viaje sin escalas a través de 487 páginas; un homenaje a la valentía, sapiencia y romanticismo del piloto llanero.

Germán Castro Caicedo dialogó con Llano 7 días y hoy presenta en primicia nacional un aparte de la obra, editada por editorial Planeta.

Llano 7 días: Y por qué El Alcaraván? Germán Castro Caicedo: Es que el alcaraván, según muchos, es un pájaro que no se hizo para volar porque tiene la cola muy corta y el cuello muy largo; sin embargo, vuela porque tiene cojones, lo mismo que los pilotos del Llano.

Por qué escogió este tema? Porque yo volé mucho en la décadas de los años setentas por el Llano, volé todo el Llano, volé la selva y volví a mediados del año pasado y me volví a encontrar los mismos aviones y muchos de los pilotos con los que volé hace 30 años. Entonces me encontré que es una aviación realmente de pobres, de la cual emerge un hombre lleno de imaginación, de iniciativa que se supera esa pobreza y logra hacer una aviación que es única en el mundo.

Se está presentando algo irónico. Aviones como los Boeing 757 con toda la tecnología del mundo, se están accidentando, mientras que los vetustos aparatos que vuelan en el Llano siguen ahí.

Lo que pasa es que el piloto llanero es de lo mejor del mundo. Frente a esos pilotos que se juegan la vida en el Llano está la Aeronáutica Civil que es un ente burocratizado que nunca se ha ocupado por darle al Llano infraestructura, sino por sancionar y perseguir al Llano...

...No tiene esa mínima infraestructura, pistas de barro no tiene radioayudas, pero hay un piloto que es superior y se sobrepone a todo eso Además de la sapiencia y valentía del piloto llanero, que otra enseñanza le dejaron? El romanticismo, son muy románticos. El libro comienza con unos pilotos viendo volar los pájaros cuando regresan al nido cerca a Vanguardia.

A vuelo de pájaro El siguiente es uno de los apartes de El Alcaraván , en exclusiva para Llano 7 días: El accidente del Trece Quince, fue un cachondeo o como se dice en Colombia, una mamadera de gallo, porque después del cimbronazo contra el suelo, la nube de tierra que inundó el avión y la lluvia de zapatos, - Lo primero que se le zafa a uno son los chagualos á, todo quedó en silencio y los veintiún sobrevivientes solo empezaron a gritar cuando vieron que pasaba por allí una carreta llena de cerveza y partieron a su encuentro.

Eran las siete de la mañana. La llanura estaba desierta y solo se veían la carreta halada por un tractor que roncaba en el caminito que va de Monterrey a Barranca de Upía y dos ancianos que salieron del único rancho a pesquisar de donde venía el encuentro.

Cuando Leonel Aguirre fue a partir, un llanero de alpargatas y maletera al hombro lo atenazó por el cuello y sin darle la menor oportunidad, le soltó en la cara un par de palabrotas y mientras sacaba del cinto su revólver treinta y ocho largo, le decía: Usted es el técnico del avión? Usted es el mecánico? Ahora me va a tener que explicar por qué se barajustó ese motor. So, jodío! .

Ahí fue cuando le comenzó el culillo al hombre áque había permanecido tranquilo durante la emergenciaá, porque el llanero le rastrillaba cada vez más con arrebato la punta del cañón sobre la cabeza, hasta que alguien se dio cuenta y dijo: Don Tito, deje de ser faramallero y suelte a ese cristiano que no tiene velas en este entierro .

Mientras tanto, los pasajeros habían convencido al hombre de la carreta para que les vendiera la cerveza y venían rodeándola con gritos y aplausos, dispuestos a descargarla al lado del avión, porque ahí era donde había que ahogar el desaliento .

A las ocho estaban bebiéndose las primeras botellas cuando zumbó el motor de un avión pequeño. Era el Cessna de Jairo Rueda que escuchó por radio el reporte de la emergencia y aterrizó en el caminito en plan de auxilio, pero como no había víctimas ni heridos para evacuar, dio aviso a Villavicencio y antes de partir con sus tres pasajeros, se tomó un par de agrias y se fue.

Como de costumbre, el accidente se originó cuando el DCá3 decolaba de Monterrey y el motor derecho lanzó una explosión y más adelante aterrizó de barriga en una sabana ganadera llevándose con el ala, primero a un toro gordo y luego a dos novillos ya entrados en carnes que quedaron tendidos por el camino.

El avión se deslizó unos trescientos metros, halló una zanja y al cruzarla se partió por la mitad, pero siguió arrastrándose y remolcando la cola que se movía como la de un pescado cuando muerde el anzuelo y cuando se detuvo, vieron que también tenía destrozada el ala con que despanzurro al toro y a los novillos.

Ocasión única para celebrar con carne el acontecimiento y a las ocho y media alguien dijo: Don Tito, deje el susto y traiga mas la carne de esos bichos y nos la comemos . Sí señor. Recogieron unas cuantas arrobas y allí mismo empezaron a cortar ancas, piernas, costillares, murillo, mientras otros hacían fogatas y ensartaban las mejores presas encima de la lumbre.

A las once de la mañana habían consumido parte de la carreta de cerveza y les anunciaron que en la pista de un caserío cercano que se llama El Iguaro, se hallaba otro DCá3 de La Urraca que venía a evacuarlos, pero mandaron a decir que no querían saber nada de aviones y continuaron celebrando, tal vez hasta el atardecer, porque el piloto y sus auxiliares se retiraron cuando la gente empezó a acusar los efectos de la euforia.

Mas allá del Iguaro está Barranca de Upía que se comunica por tierra con Villavicencio y el chofer del bus de la tarde contó después, que la celebración terminó a la madrugada porque la mayoría tampoco quería saber de buses.

A los tres días, el capitán Alvaro Henao, dueño de La Urraca, envió a un técnico para saber exacatamente las condiciones en que había quedado la nave, pero el tipo sobrevoló un par de veces y regresó con la noticia de su destrucción Sin embargo, buscaron a Oscar Arenas, un experto en estructuras y lo mandaron en el avión de Cuco Torres. El observó desde el aire y antes de regresar dijo que quería meter primero el dedo en la llaga, lo que le pareció de fundamento al viejo Pompilio Brito áun ganadero del lugará que ordenó ensillar bestias y se fueron hasta el sitio de la fiesta.

A su regreso a Villavicencio, Arenas dijo: Yo puedo y el dueño del avión le respondió: proponga .

áNecesito mecánicos y ayudantes, materiales, una cocinera, comida y dinero.

á Cuánto va a durar la reparación? áSeis meses áEscoja su equipo Arenas cobró doscientos cincuenta mil pesos por la reparación de un avión que, en ese momento, valía el doble si estaba volando, pero cuando cerró el trato no pensaba en ganar o en perder dinero, ni en salvarle el avión al patrón, porque sí, sino... Sabe qué? Por el reto. Es que era un trabajo complicado, de mucha precisión y en condiciones difíciles, sin los equipos ni las ayudas técnicas que se utilizan en cualquier otra parte del mundo .

Ese mismo día se lo comentó a algunos compañeros y todos dijeron, sí . Entonces invitó a Fabio Moreno a quien hizo su socio en el contrato, de manera que la alineación quedó asI: Oscar Arenas, especialista en estructuras. Fabio Moreno, en motores, estructuras, sistemas hidráulicos; un todero o lo que se llama en esta aviación, un mecánico misceláneo. Jimeno Flores, técnicos en láminas y como ayudantes, Leonel Aguirre -el mismo del altercado con don Titoá, Gustavo Torres, Celestino Velásquez y el maestro Cárdenas, carpintero de magnífica reputación...

áAh, y la cocinera, una mujer paciente y buena guisandera que trabajaba en el restaurante de La Urraca: la gorda Amelia. Esa se llevó a su hijo de seis años, apunta Oscar...

* Germán Castro Caicedo

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