LAS CALLES: EL CALVARIO DEL OLVIDO

LAS CALLES: EL CALVARIO DEL OLVIDO

Muchos ven a Bogotá como una ciudad caótica, algunos como la ciudad de las oportunidades y otros como un cúmulo de ciudades dentro de la ciudad.

24 de marzo 1997 , 12:00 a.m.

Algunos la relacionan con el centro histórico y limitan este al barrio La Candelaria. Pero la mayoría desconoce algunos rincones ocultos que en otra época, cuando era una sola ciudad y sus habitantes no pasaban de cien mil, tenían nombres evocadores y sugestivos.

Perdidas en los barrios La Candelaria, Belén, Las Nieves y San Victorino sobreviven unas calles que durante la colonia eran las calles de la ciudad. Ahora son más cortas, llenas de parqueaderos o de negocios de comidas rápidas y están cercadas por la inseguridad y abandonadas al olvido.

De las de La Candelaria se conservan muchos nombres: calle de La Fatiga, del Afán, del Carmen, de La Peña. De las de los otros barrios poco se sabe. Desde hace cerca de un año, la alcaldía local de Santa Fe está empeñada en recuperar la memoria de esos otros sectores que conformaban la ciudad de pañolón, ruana y silencios.

Así, hoy es posible saber que la calle 21 con carrera 4 forma una figura muy especial. En la esquina noroccidental se inicia la calle del Calvario de Las Nieves, en la esquina nororiental empieza la calle del Mal Ladrón y en la esquina suroccidental comienza la calle del Buen Ladrón.

Según Moisés de La Rosa en su Manual de calles, en esa esquina debió existir algún nicho o cuadro que representaba el sacrificio del Calvario y la gente debió tomar de las imágenes de los crucificados a la derecha y a la izquierda de Jesús los nombres con los que bautizó las esquinas contiguas. Tanto así que situado en la esquina de la calle del Calvario, a la derecha queda la del Buen Ladrón (que oficialmente se llamaba calle de San Dimas) y a la izquierda, la del Mal Ladrón.

Según Luis Marino Chaparro, que desde hace 8 años vive en esa esquina, la gente ve las placas y se ríe. Piensan que es un aviso alertando la presencia de ladrones dice Luis, a quien le encanta la historia antigua de la ciudad y le preocupa que a muy pocos les importe saber cómo era la capital.

Un poco más arriba, cruzando lo que ahora es la carrera 3 se encuentra la calle del Pecado Mortal. Ni los conductores de la ruta de ejecutivos que llegan allí, ni el muchacho que limpia los carros, ni la dueña de una vieja barbería saben qué significa ese nombre.

Al respecto Pedro Ibáñez explica en sus Crónicas de Bogotá que por esa calle pasaba un viejo que desde lejanos tiempos cruzaba las calles de Santa Fe a altas horas de la noche cargando una linterna y haciendo sonar una campanilla. El se llamaba Pecado Mortal porque con voz hueca y cavernosa pedía limosna para hacer bien a los que estaban en pecado mortal.

Hacia el occidente, está la carrera 5 entre calles 21 y 24. Antes era una sola calle llamada de Jerusalén. Según de La Rosa, tomó su nombre de un solar que se llamaba así. Y como en las otras, sus actuales habitantes no saben el origen del nombre.

Marco Tulio Barón, un zapatero de 30 años, no se dio cuenta cuándo pusieron la placa y todo lo que sabe del nombre es que hay un barrio de la ciudad que se llama así. La ciudad? No se donde queda dice Marco y sigue arreglando una suela.

Esta calle de Jerusalén hoy son tres cuadras llenas de parqueaderos y tipografías. Uno que otro graffitti y cientos de personas la habitan durante el día. Muchos se sorprenden al saber el nombre y recuerdan: Curioso porque estamos en Semana Santa .

Caminando hacia el sur, donde hoy es la carrera 3 entre calles 5 y 6 del barrio Belén, quedaba el Llano de Belén. Allí había unas tapias derruidas llamadas Tapias de Pilatos y era el sitio en el que inhumaban a las pocas personas que en esos tiempos se suicidaban.

Hoy, según un vecino del lugar, son pocos los que se cuelgan como Judas pero sí son muchos a los que cuelgan pues es un sector muy inseguro.

De las cuatro nomenclaturas que según de La Rosa, ha tenido la ciudad de aquella evocadora de personajes, santos, pasajes bíblicos y lugares remotos quedan muy pocas huellas y muchos misterios.

Tantos como los de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

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