En diez minutos se hizo la luz

En diez minutos se hizo la luz

La Luz roja apuntó primero sobre el ojo derecho. En diez minutos el láser milagroso empezaba a devolverle el foco a mi visión. La conciencia era tensa. Las gotas de anestesia local me dejaban presenciar en vivo una operación fugaz para corregir la miopía, que durante 14 años puso el mundo ante mis ojos sin tanta nitidez.

12 de julio 2012 , 12:00 a.m.

Las gafas el motivo principal del procedimiento. Un elemento menos en la relación matutina entre la cámara fotográfica y el ojo.

Vivía cada detalle: el agua clara y aséptica que limpiaba y refrescaba, la remoción fina del epitelio para dejar entrar el corrector y la constante luz roja que guiaba el camino del láser color violeta apenas perceptible. Con la misma tranquilidad con la que piloteaba a Esiris Standar -un láser de fabricación alemana-, el oftalmólogo José Luis Panesso, cirujano de la Clínica Oftalmológica Medellín me pedía tranquilidad. "Sus ojos tienen una córnea irregular, por eso es necesario el PRK y no el Lasik", explicaba Panesso sobre las bondades de las técnicas quirúrgicas para corregir los defectos refractivos. Se levantaba un olor a piel quemada cuando el láser actuaba guiado por las luces de fijación y las manos prodigiosas de un especialista que ya perdió la cuenta de ojos vistos. Volvía la tensión, empuñaba las manos cuando se apagaron las luces blancas del quirófano para registrar con claridad. Sólo diez minutos de trabajo y oscuridad para el reportero que me acompañaba. La imagen más semejante al momento presenciado; un televisor sin cable.

"El ojo izquierdo le va a molestar más. No hay explicación científica clara", añadía el médico, quien cada miércoles cuando programa sus cirugías cambia la vida de muchos. Incluyéndome.

Una silla de ruedas me esperaba en un pasillo. De nuevo un anestésico. La visión era normal y el trato del personal médico ejemplar.

No había dolor. Una enfermera jefe instaló los protectores blancos que debía tener durante los próximos cinco días para evitar lesiones.

Ya sin ropa azul volví a la calle, con curiosidad intenté abrir los ojos, pero la intención fue corta "cierre los ojos" me sugerían. En ocho días el tejido se había regenerado. El lente de contacto fue retirado y el cambio fue notorio. Quince días después el tejido sigue fortaleciéndose y la nubosidad se suple fácilmente con gotas.

Volví a obturar. Las diferencias son notorias y ya no hay barreras en mis ojos. Solo unas gafas oscuras de protección al sol que tendré que usar durante tres meses. Las viejas gafas ya están colgadas en la sala de mi apartamento. No por obsesión, ni como un objeto decorativo, sino como un homenaje al elemento que también fue la herramienta de trabajo inseparable. Ellas también fueron mis ojos

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