¿Para qué una constituyente?

¿Para qué una constituyente?

Atribuirle a la Constitución todos nuestros males, y también su solución, es ya una vieja manía. Todo el tiempo vivimos en función de hacer o derrumbar constituciones. En el siglo XIX, numerosas guerras civiles se libraron para imponer o cambiar la Constitución. La de 1886, que siguió a la derrota del liberalismo en 1885, tuvo casi ochenta reformas en poco más de cien años.

11 de julio 2012 , 12:00 a. m.

Con la de 1991, vamos batiendo récord: en escasos veintiún años, treinta y siete reformas, ¡y las que vendrán! Porque mientras en países desarrollados las constituciones casi nunca se modifican, pues todas las fuerzas se esmeran en construir nación y desarrollar país, aquí nos dedicamos al "deporte" de hacer constituciones.

Ahora, ante recientes dificultades, vuelve a sonar la convocatoria a una "asamblea constituyente", no se sabe si para "refundar la patria" o para resolver problemas de coyuntura, pero con las mismas propuestas de siempre: hacer una nueva Constitución, revocar el Congreso, establecer un Legislativo unicameral, crear un sistema parlamentario, etc.

En general, no le ha ido bien al país con las llamadas "constituyentes". La de 1905 le prorrogó el periodo presidencial al general Reyes.

En 1952, luego del cierre del Congreso en 1949, Laureano Gómez creó una constituyente que, además de diseñar un proyecto constitucional fascistoide, terminó legitimando el golpe de Rojas contra el inspirador de la constituyente. Después reeligió a Rojas y lo había hecho por segunda vez cuando este fue depuesto, en mayo de 1957.

La constituyente de 1991 diseñó varias de las buenas instituciones que hoy existen (la tutela, por ejemplo), pero también tuvo lunares en sus orígenes y desarrollos: Se convocó por decreto de estado de sitio, la institución más odiada de la normativa anterior, con el implícito argumento de que la propia Carta causaba la perturbación del orden público. Se violó el entonces vigente artículo 218 superior, norma votada por más de cuatro millones de colombianos en el llamado "plebiscito" de 1957.

La "séptima papeleta", surgida de la masiva indignación juvenil por el asesinato de Galán y los crímenes del narcotráfico y la corrupción política atribuida -como ahora- al Congreso, nunca se escrutó.

Si bien la de 1991 fue convocada como asamblea constitucional -para reformar la Carta-, se convirtió en "Constituyente" para expedir una nueva. Pese a la posición del gobierno de entonces, contra la opinión del ministro Humberto de la Calle, se terminó prohibiendo la extradición de nacionales (principal motivo de los extraditables para los magnicidios y bombazos), cuando un intento del Congreso para hacerlo acarreó el desprestigio y llevó a Barco a hundir su reforma constitucional.

Muchas cosas buenas que han pasado por cuenta de la Constitución legitimaron ante la nación lo que pudieron ser pecados originales. Sin embargo, ahora las propuestas que se oyen van en el sentido de cambiar lo que entonces se aprobó como saludable: el Consejo de la Judicatura, las funciones nominadoras de las cortes, la circunscripción nacional para Senado, el restablecimiento de la Vicepresidencia, entre otras.

Como había tanta indignación con el Congreso por el intento de suprimir la extradición, el país recibió con beneplácito que un cuerpo elegido por tres millones de votantes revocara el Congreso, elegido por ocho millones. A la constituyente se le admitió lo que no se le toleró al Congreso.

Ese "nuevo" Congreso protagonizó sonados escándalos, como el proceso 8.000, el 'pomaricazo' o la 'parapolítica'.

¿Para qué otra constituyente? ¿Para revocar el Congreso? ¿Para establecer un sistema unicameral que por sí solo no es antídoto contra la corrupción política? En fin, ¿qué esconde esta propuesta? @gomezmendeza

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