¿Hasta cuándo?

La terrible mezcla de alcohol y gasolina ha vuelto a enlutar a varias familias. El fin de semana pasado, un vehículo, al volante del cual iba una persona en aparente estado de embriaguez, chocó contra una caravana de motociclistas y causó la muerte de tres de ellos y dejó herido a uno. Ocurrió en una concurrida vía de las laderas de los cerros orientales de Bogotá y en inmediaciones de una de las zonas de rumba de la capital. Lo cual no significa nada, excepto que se trata de una estrecha carretera, que suele ser transitada igual por camiones que por motos, carros y ciclistas.

11 de julio 2012 , 12:00 a. m.

Tan grave como la tragedia es confirmar, una vez más, que no ha habido campaña, programa, pacto o norma que logre persuadir a quienes insisten en conducir después de haber ingerido alcohol de que no lo hagan, por muy inofensiva que parezca la dosis. Irónicamente, el mismo día que se presentaron los hechos entraba en vigencia la ley -otra más- que obliga a los conductores a someterse a la prueba de alcoholemia so pena de una multa de 850.000 pesos si se niegan, y suspensión de la licencia hasta por 10 años.

Pero ni esto parece conseguir el efecto disuasivo que se pretende. Las autoridades aún investigan lo ocurrido, pero es claro que, si se trató de otra tragedia por cuenta de conducir embriagado, no cabe más que condenar que semejante conducta se siga repitiendo y que un acto de simple sentido común, de autorregulación y no de permisividad irresponsable, evite enlutar, incluso, a la propia familia del presunto autor del accidente.

Ya en el pasado se han publicado, con lujo de detalles, hechos similares. Ha habido sentencias ejemplares que se pensaría desaconsejan a cualquiera verse involucrado en tamaños episodios. Pero no es así. En lo que va de este año se han registrado 120 accidentes por la misma causa, con un saldo trágico de 35 personas muertas. Y las autoridades siguen reteniendo a decenas de conductores por ir manejando con copas de más.

Ante episodios como estos, y a riesgo de parecer reiterativos, se debe insistir en revivir la norma que castiga con prisión a quienes resulten involucrados en la muerte de otra persona por no medir las consecuencias de manejar con tragos. Norma que, lastimosamente, se hundió con la fallida reforma de la justicia.

editorial@eltiempo.com.co

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