EL LAGO DE TOTA

EL LAGO DE TOTA

Dios creó el lago para su propia recreación!. Lo conocí hace 75 años en una preciosa estancia de don Emilio Jiménez Robayo, un acaudalado terrateniente y todavía señor feudal de Puebloviejo, dueño de los páramos extensos de Hirba y Sisbaca, hoy transformados en ricas fincas agropecuarias, que bajando del desaguadero natural del lago es el útero del río Upía, que acrecienta sus aguas purísimas en tierras calientes de poblaciones riberanas pujantes.

04 de marzo 1997 , 12:00 a.m.

El mayordomo de la estancia Hatolaguna se llamaba Capitolino y era un magnífico cruce entre español e india. Yo le decía por vida suyita que me invitara entre dos luces a traer las palomas que él diariamente aportaba para el desayuno de los amos. Con el changua , dado por la cocinera, nos bajábamos a un bosque grande, precioso, a orillas de l lago con árboles de guayacán, cedros, arrayanes, mortiñales, higuerones, bunes, chilcos y arbolocos, en los que se enredaban los curubos indios, chupadores en cantidades inmensas, dulces y perfumados que fueran genéticamente transformados en la curuba de exportación. Capitolino, con escopeta de fisto, buscaba las eras con gavillos de trigo y de dos disparos que hacía a la manada tumbaba seis palomas. En las tardes friolentas salíamos a ver los atardeceres mágicos de forja antigua y luna reflejada en el lago azul, sentados bajo los aleros, para ver pasar a sus quedaderos las bandadas de patos, garzas, gavilanes y mochuelos. Yo vi un alcatraz que tenía don Emilio colgado, con muchas aves disecadas al natural, en los corredores de su inmensa casona de Puebloviejo.

Nos enviaba don Emilio amasijos humeantes y mercados frescos con perfume de naturaleza. Navegábamos en una barca hecha de un cedro milenario, pintada de lama verde musgosa; ella siendo joven navegaba sacando las cosechas de la Isla Grande. Hace 75 años el agua golpeaba con su oleaje musical trémolo los cimientos del camino indígena hoy retirado un kilómetro. En sus playas encontrábamos huevos de laguna , del tamaño de una naranja (agua congelada con piel de musgo), caracoles, cangrejos y, entre los juncales y matorrales, siatobas, torcazas, patos de colores, liebres, mirlas, siotes, toches bemoles , perdices que volaban de nuestros pies y en la negrura de las noches el arrullo fúnebre de los búhos. Los mayores mandaron pescar y aparecieron los peces originarios, grises, atigrados, planchetos y con un alto porcentaje de aceite cristalino. Era, pues, la parte ecológica preciosísima del lago hace 75 años y, tal vez, hay en Aquitania, Tota, Cuítiva y Sogamoso quien de fe de mi certísima narración, vista desde niño.

*Escritor sogamoseño

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