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POSTURAS ANTAGÓNICAS FRENTE A NAVARRO

POSTURAS ANTAGÓNICAS FRENTE A NAVARRO

Antonio Navarro Wolff hizo ayer su primera intervención como ministro ante el Senado, en el mismo lugar donde Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo Osa y Carlos Pizarro Leongómez, fueron velados. Nadie lo había notado hasta cuando él mismo lo advirtió.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Sus primeras palabras parecieron abrir un gran abismo en el recinto de la corporación. En tono enfático y con voz entrecortada, pidió a los congresistas tolerancia. Tolerancia con la democracia, tolerancia con el hecho de que su movimiento esté representado en el Gobierno y ocupe un puesto en la sociedad.

A pesar de su lesión en la garganta que le impide pronunciar con claridad algunas palabras, Navarro sorprendió a los senadores con su discurso.

Cuando entro al Congreso dijo me siento sobrecogido. Me siento sobrecogido porque hace trece meses velamos aquí a Luis Carlos Galán; hace ocho meses a Bernardo Jaramillo Ossa, y hace seis a Carlos Pizarro Leongómez. Y porque espero no venir al Congreso como vinieron la última vez Galán, Jaramillo y Pizarro! , dijo con un tono tan fuerte que su voz invadió completamente el salón.

El recinto quedó en silencio.

Luego prosiguió: Pido tolerancia para un hombre que, como yo, ha sido amenazado de muerte. Porque soy el único de los que aquí estamos, que usa chaleco antibalas. Y porque no quiero que me pase lo que a Uribe Uribe, a Guadalupe Salcedo y a Galán, que después de haber logrado un lugar en la sociedad, los asesinaron .

Los términos de la intervención de Navarro respondían a los reparos que en la noche del martes y ayer mismo, varios congresistas conservadores habían hecho a la circusntancia de que un ex guerrillero hubiera sido llamado al Gobierno.

A eso le llamó, falta de tolerancia. Si queremos la paz, yo creo que el Senado debe dar ejemplo de tolerancia , dijo.

A esa altura del debate, estaba claro que el Senado se había dividido en dos sectores: de un lado los conservadores que atacaban a Navarro, y del otro los liberales que lo defendían, más por el hecho de formar parte de un Gobierno liberal que por convicción.

El discurso de Navarro, al menos en su comienzo, fue emotivo. Era el resultado de haber escuchado pacientemente durante más de seis horas todo tipo de sátiras.

El senador Hugo Escobar Sierra lo había instado a renunciar. El senador Pablo Victoria, también conservador, lo había acusado de inmoral por no autorizar la entrega de la espada del Libertador, sustraída de la quinta de Bolívar el 17 de enero de 1974.

Se le había recordado permanentemente sus épocas de guerrillero. Se le había recriminado por haber firmado resoluciones ejecutivas para extraditar a tres presuntos narcotraficantes, pero haber declarado al mismo tiempo que su conciencia no toleraba ese acto.

Algunos liberales, como Armando Barona Mesa, habían intentado en vano su defensa.

Tras haber respondido apenas tangencialmente las sátiras lanzadas por los congresistas, Navarro hizo una explicación de fondo sobre los proyectos que se propone realizar.

Anunció la presentación de cuatro grandes proyectos de ley al Congreso en esta legislatura.

Uno de ellos tiene que ver con la creación de una mejor infraestructura en todo el país para el servicio del agua potable. El segundo se refiere a un cambio radical en el sistema de seguro obligatorio de accidentes, de manera que permita financiar mejor los servicios de urgencias. Otro está enfocado a la reestructuración del servicio de atención médica primaria y el último, tiene que ver con una política de medicamentos.

Las explicaciones del ministro dejaron satisfechos apenas a unos pocos.

Cuando terminó su intervención, Navarro, olvidando una de las reglas elementales de cortesía para el Parlamento, abandonó el recinto.

De inmediato los senadores comenzaron a gritarle que esperara, pero el Ministro rehusó.

No Huya , gritó alguien desde las curules conservadoras.

Aténgase a las consecuencias , le gritó el senador Victoria, promotor del debate sobre la espada.

Luego, en ausencia del ministro, el Senado arreció sus críticas al ministro Navarro Wolff.

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