MALABARES DE UN TURISTA ITALIANO

MALABARES DE UN TURISTA ITALIANO

Con el cabello atrapado entre una gorra de bufón, la misma que usa en los carnavales que reviven el Medioevo en el sur de Italia, y sus ojos verdes apuntados al horizonte, Fabio Zaganelli no deja caer los pinos de colores.

31 de enero 1997 , 12:00 a.m.

Es un trotamundos de 31 años, una especie de gitano moderno que después de recorrer parte de América, regresó a Colombia para empaparse de esa diversidad cultural que olfateó la primera vez, hace un año, en Cartagena.

Ahora les da la razón a sus tres amigas, las colombianas que en Rávena, al sur de Venecia, le hablaban del realismo mágico con la mirada alucinada.

Allá vive Zaganelli el resto del tiempo, durante el verano, mientras atiende el Molo , el bar que en la playa ofrece pasta con salsa de pescado.

Con él hablamos acerca de Bogotá, en el Parque Santander, en pleno centro de la ciudad, mientras jugaba al malabarista, ese que le permite sobrevivir mientras recorre el mundo. Buscábamos otra mirada, la del extranjero desprevenido que se ha dejado tocar por la urbe.

Qué le dice Bogotá? Es muy variada. La Candelaria tiene la mejor arquitectura colonial del país; ni en Cartagena ni en Villa de Leyva, tampoco en Barichara o en Popayán es mejor y los bogotanos no la visitan. No saben lo que tienen.

Si caminamos por la avenida Jiménez, encontramos una gran ciudad como cualquiera; si nos vamos a Teusaquillo, hallamos sectores de arquitectura inglesa. Aquí hay más desarrollo cultural que en otras ciudades colombianas. He conocido más artistas aquí en dos meses que durante dos años en Italia .

Ha sentido miedo? Dicen que es peligrosa, pero yo he llegado al terminal de noche y no he tenido problemas... tal vez suerte. En Milán, al llegar a la estación de trenes, hay que moverse muy rápido pues allá sí es realmente peligroso .

Qué le cambiaría a Bogotá? El tráfico automotor y exigiría control a la contaminación de la gasolina. El aire se siente muy pesado.

Evitaría el tránsito de vehículos por la zona histórica. Por ejemplo, en Italia por esos sectores solo se puede circular a pie o en bicicleta .

Fueron 20 minutos de espectáculo y recogió lo suficiente como para dos almuerzos. Había poco público. Un buen día ha llegado a reunir hasta 40 mil pesos. Recuerda los almuerzos en el Valle de Tenza, los mejores que se ha comido. No puede hablar de buenos restaurantes durante sus viajes. No los puede conocer si quiere ahorrar.

Fue en Tailandia donde empezó a aprender malabares: Hace tres años en una playa. Había muchos viajeros como yo y la mayoría tenían esto como afición y algunos lo usaban para sostenerse .

En México, hace dos años, se percató de la utilidad de perfeccionarse, de construir un personaje y dotarlo de carácter. En Bogotá se juntó con el Teatro Taller de Colombia para tomar talleres y recibir guía: Cuando estaba en San Agustín una mujer a la que conocí me habló del grupo .

Ahora vuelve a su patria para participar en una feria de espectáculos cerca a Roma. Fabio Zaganelli Quisiera regresar a Colombia pero con un montaje para sala.

Habla de la novia que dejó en Cartagena, de Lilian, y recuerda la pasta con salsa de pescado: calamares, cangrejos, camarones, algo así como sardinas, pulpos, tomate, cebolla, zanahoria y todo se pone a hervir aproximadamente dos horas . Recoge los pinos y se interna en la Jiménez, en ese sector de gran ciudad que debe atravesar para llegar a su zona preferida: La Candelaria.

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