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AKIRA KURUSAWA

AKIRA KURUSAWA

La lucha del hombre en la que no se arranca con desventaja debe ser para no perder las esperanzas. Así piensa este convencido del homocentrismo, sin ser muy consecuente, claro: habiendo fracasado con su primera cinta en color, Dodesukaden, en un período de crisis decidió suicidarse en 1971. Hizo un intento fallido con una técnica tradicional de su cultura.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

En todo caso, sus películas han revelado para Occidente al japonés y su cultura. Una realidad para la cual ha escogido como ingredientes el humanismo, la estética y la temática fuerte.

Así también traza esos dibujos de los cuales nacen sus escenas y por los cuales casi escoge ser pintor. Casi, porque de no ser por esas entradas gratis al teatro donde trabajaba su hermano...

Eso lo llevó a hacerse asistente de Kajiro Yamamoto y, a los 26 años, a responder a un aviso de prensa para entrar a los estudios PCL.

Su primera película fue No añoro nuestra juventud (1943). Después, para estudios Toho realizó tres obras para cuestionar el desorden moral, consecuencia de la Segunda Guerra Mundial: Un domingo maravilloso, Un ángel ebrio y Perro rabioso.

Con Rashamon, la historia sobre el asesinato de un noble del Japón medieval, obtuvo el Gran Premio del Festival de Venecia. También el Oscar en 1952.

De esa misma década son Ikuru y el ya clásico del cine de este siglo Los siete samurais. Trono de Sangre es considerada la mejor versión de Macbeth llevada al celuloide.

En fin, fue una época prolífica: casi una película por año. Porque cuando el cine es asumido como religión, y con el ánimo de producir conflicto en el espectador, no es difícil encontrar seguidores.

Akira Kurosawa, nacido en Tokio hace 80 años, tuvo de nuevo en sus manos, a mediados de los años 70, la estatuilla de Hollywood con Dersu Uzula, realizada en la Unión Soviética. Y el Palma de Oro en Cannes, en 1982, con Kagemusha, la sombra de un guerrero.

Contemporáneo de Robert Bresson, Luis Buñuel e Ingmar Bergman, es aficionado a la lectura de Gorky, Dostoievsky y Tolstoi. De este tiene planeado La guerra y la paz.

Aquí sí es consecuente: recomienda para la escritura de guiones, el estudio de las grandes novelas y dramas del mundo. Lo recomienda y lo hace.

Por eso es continuador de la tradición cinematográfica japonesa de Mizogushi, Murata, Ozu, Shindo y Oshima. Por eso valora las producciones de Vittorio de Sicca, John Ford, Fritz Lang y Charles Chaplin.

Su última película Konna Yume Wo Mita (Sueños, 1989) fue patrocinada por Steven Spielberg, y Martín Scorsese representó a Vincent Van Gogh.

Está anunciada su próxima realización: Rapsodia en agosto. Un reto como el que piensa lograr con la dirección del Otoño del patriarca, del Nobel colombiano Gabriel García Márquez y con quien está haciendo sus primeros contactos.

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