Secciones
Síguenos en:
A PROPÓSITO DE HIPÓCRATES

A PROPÓSITO DE HIPÓCRATES

En la historia de la humanidad figuran personajes cuya existencia y ejecutorias perviven y se agigantan entre la bruma de la especulación. Tal es el caso del conocido en las páginas de la Historia de la Medicina con el apelativo de Hipócrates, y de quien autorizados investigadores afirman que más que un hombre, fue un nombre. No hay duda, sin embargo, de que ese personaje existió y que dejó honda huella en el desarrollo de la medicina. Por lo menos, dos contemporáneos suyos, Platón y Aristóteles, lo mencionan: aquel en Fedro y este en la Política. De la forma como trascurrió su vida en la isla de Cos, donde se dice que nació, y en la esplendorosa Atenas, donde ejerció su oficio, poco se conoce a ciencia cierta.

Un documento originado entre los siglos V y IV antes de Cristo, que fue la época en que vivió, perpetuó su nombre, sin que nadie haya probado que fue producto suyo. La paternidad del Juramento, que es al que me refiero, es de verdad brumosa. Hay fuertes indicios para creer que surgió de alguna secta mistérica, rezago de las enseñanzas pitagóricas. En efecto, la estructura formal del Juramento, al igual que las promesas contenidas en él, son de corte religioso y se ajustan, por lo tanto, a los votos que debían hacer quienes estaban en plan de profesar.

Recuérdese, además, que en aquellas calendas el ejercicio de la medicina no estaba reglamentado en Grecia. La practicaban quienes la aprendían de sus padres con carácter esotérico, como también cualquier otro, esclavo o liberto, que afirmara haber sido inspirado por los dioses. El oficio, en general, estaba desprestigiado. Aquellos, los que heredaban las enseñanzas, redactaron, a manera de juramento, un documento que le diera respaldo religioso al ejercicio, es decir, trascendentalidad, y conseguir con ello la confianza de los enfermos.

Sea lo que fuere, el Juramento contiene dos principios morales fundamentales, que han servido para cimentar la ética médica de Occidente: el respeto por la vida humana y el respeto por la integridad del paciente. Primum non nocere primero no hacer daño fue como los latinos interpretaron el mensaje del Juramento de los médicos griegos.

Al igual que el Juramento, el llamado Corpus Hippocraticum tampoco es obra exclusiva de Hipócrates. Se trata de una obra demasiado extensa, imposible de haber sido escrita por una sola persona. Quien haya leído los libros que la conforman podrá darse cuenta de que no existe unidad de estilo ni identidad de conceptos. Dicen los estudiosos de la Escuela Hipocrática que los conocimientos recogidos en los mencionados libros fueron producto de la experiencia de muchos médicos, obtenida a lo largo de muchos años, quizás de siglos.

Es cierto, tras la figura imprecisa de Hipócrates se oculta una legión de ignotos médicos, cuyas contribuciones sirvieron para darle al nombre de aquel estatura inconmensurable y a su supuesta obra especialmente al Juramento vigencia intemporal.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.