LA FRANCIA DE JACQUES CHIRAC

LA FRANCIA DE JACQUES CHIRAC

Los sondeos del mes de diciembre fueron implacables con el presidente Jacques Chirac: al final del año sólo un 30 por ciento de franceses aprobaba su gestión, frente a un 59 por ciento de descontentos y escépticos con el futuro del país en sus manos.

03 de enero 1997 , 12:00 a. m.

Pero el descrédito de Chirac es tal que éstas cifras, muy por debajo de la línea de flotación, fueron para él una buena noticia, pues supusieron un aumento de 4 puntos con respecto al mes anterior. Al lado del presidente, el primer ministro Alain Juppé también toca fondo con un 24 por ciento de favorables, tras haber subido 3 puntos desde el último sondeo. Cómo se pudo llegar tan bajo? Como todos saben aquí en Francia, existen dos Jacques Chirac: el de la política exterior, con vistosos y atrevidos lances internacionales, y el presidente al interior del país, más modesto, Chirac empezó el año con el fin de las pruebas nucleares, una gesta que en 1995 lo enemistó con todos los países del Pacífico y en la que al final se salió con la suya haciendo los 6 tiros que se había propuesto.

Al anunciar el fin de la serie declaró que Francia firmaría la prohibición total de hacer pruebas nucleares como parte de su adhesión al Tratado de No Proliferación Nuclear, y de paso dijo a los cuatro vientos que en el lugar del polígono nuclear francés, en la isla de Mururoa, se construiría un parque natural, una bofetada en la mejilla de la organización ecologista Greenpeace, que hizo lo posible por impedir los disparos atómicos arguyendo justamente razones ecológicas.

El otro frente internacional del 96 fue el aspecto extraterritorial de la explosiva ley Helms-Burton, aprobada por el congreso norteamericano. Chirac jugó un papel clave en la unificación de un frente europeo para oponerse e idear sanciones contra Estados Unidos si éste la ponía en marcha. Lo mismo se hizo con la ley D Amato del congreso norteamericano, que penalizaría a los países que comerciaran con Libia e Irán, caso de Francia y Alemania.

Ahí empezaría la imagen del Chirac rebelde de Washington, del presidente que a toda costa deseaba mostrar independencia y autonomía con respecto a la Casa Blanca. De ello se benefició el presidente Ernesto Samper, entre otros, pues fue recibido por Chirac en agosto en momentos en que Estados Unidos le había retirado el visado.

En general, la avanzada de Chirac en el plano internacional -continuando lo hecho en 1995- muestra que ésta era una de sus obsesiones, tanto por resucitar la vieja idea gaullista de la grandeza de Francia , como sin duda porque en ese terreno, en la política exterior, fue donde más ahondó su predecesor, el ex presidente Francois Mitterrand. Chirac, por su actitud rebelde, terminó por convertirse en la cabeza visible de Europa al cabo del año 96.

En el terreno nacional, la tregua que produjo la muerte de Francois Mitterrand duró poco, y muy rápido las críticas internas empezaron a resurgir. Chirac se había hecho elegir con un programa social que debía resucitar a la sociedad francesa y reconciliarla, aboliendo las fracturas creadas en la última década por la crisis económica y el desempleo, y con la promesa de una reducción en los impuestos que ahogaban a la clase trabajadora.

Ese había sido el guión que los franceses compraron al elegirlo, un guión que de inmediato, una vez Chirac instalado en el palacio del Eliseo (sede de la presidencia), comenzó a sufrir cambios: el desempleo no sólo no mejoró sino que aumentó en más de 150.000 personas; la reconciliación social quedó en el tapete, como demostraron las diferentes huelgas a lo largo del año, se crearon nuevos impuestos y se congelaron los salarios de los funcionarios públicos.

El terrorismo fue el otro problema grave. Tras la ola de atentados islamistas del 95, las autoridades se vanagloriaron de haberlo frenado. Pero una bomba en la primera semana de diciembre, con 7 muertos y 40 heridos, vino a despertarlos a la realidad; el terrorismo seguía porque las razones que lo provocan continúan, es decir el apoyo económico de París a Argel y el abandono en que se encuentran los jóvenes islamistas franceses de las barriadas pobres.

Así las cosas, en el plano nacional Chirac pierde altura al tiempo Pie de foto: Jacques Chirac, presidente de Francia

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