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UNA SOLUCIÓN: GAS PARA TODO EL PAÍS

UNA SOLUCIÓN: GAS PARA TODO EL PAÍS

El título no es una noticia. No significa que tengamos gas para todo el país no lo samenos pero sí que debemos y podemos llevar gas a todas las grandes ciudades de Colombia. Suena un poco extraño y, ciertamente, no es muy fácil. Pero tampoco imposible. La adopción y el seguimiento, por muchos años, de políticas equivocadas en materia de estructura de precios y de aislamiento o integración económica, llevaron al país a una absurda estructura de consumo de energéticos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Nos condujo a utilizar la energía eléctrica en cantidades exageradas para cocción de alimentos y calentamiento de agua, que pueden hacerse de otras formas más económicas.

En efecto, según cálculos muy serios, la energía eléctrica para esos usos tiene un costo económico aproximadamente cinco veces superior al del gas natural y tres veces al del gas licuado de petróleo (GLP).

Pero, por las políticas erróneas mencionadas antes, en América Latina somos el país con mayor proporción de electricidad gastada en el sector residencial y con más alto consumo por familia.

Mientras en Brasil, Venezuela y Chile el consumo residencial representa el 21 por ciento del total y en Suramérica (sin Colombia) el promedio es de 24 por ciento, aquí la cifra llegaba al 49 por ciento en 1988. Medio intento Solamente durante la primera mitad del gobierno anterior, y aunque sin intentar mucho cambio en las políticas mencionadas, el ministro Guillermo Perry se empeñó en un plan bandera, denominado Gas para el Cambio . Consistía basicamente en llevar el gas a los pueblos y barrios de ingresos bajos de las ciudades de la Costa Atlántica y en el debatido proyecto del Gasoducto Central que habría de traer el combustible para su distribución masiva en Bogotá.

Lamentablemente, el ambicioso plan quedó en la mitad del camino: en los desarrollos de distribución en la Costa, bien importantes y avanzados, y en la traída del gas de Apiay a los barrios del suroriente de Bogotá. Con esta fuente de suministro solo se podrá atender un máximo de 260.000 usuarios, de un total de 850.000 que se proyectaba cubrir con el Gasoducto Central.

El proyecto del Gasoducto fue suspendido durante el proceso de adjudicación del contrato principal. En parte, y como razón principal, se tuvieron en cuenta algunos hallazgos por esos días, que abrieron esperanzas sobre importantes reservas en zonas más cercanas a Bogotá, como el piedemonte llanero y la misma Sabana. Pero también pesó imposible negarlo el argumento de las pocas reservas probadas en la Guajira, para asegurar el suministro a la Costa y a Bogotá por un tiempo razonable. Por cierto que la suerte no nos ha acompañado y los pozos perforados en la Guajira y en la Sabana han resultado secos. La mejor opción Pero aun con esos malos resultados en exploración que tampoco son definitivos como para afirmar que no tenemos gas es válido y posible traer y llevar gas a todos los grandes centros urbanos del país. Es, no solo la mejor opción energética, sino que conlleva también la solución definitiva al dramático problema financiero del sector eléctrico.

Dos razones fundamentales soportan esta afirmación: por una parte, la utilización masiva del gas rebaja considerablemente los requerimientos de inversión hacia el futuro, en todas las fases del proceso: generación transmisión y distribucion.

Por otra, la utilización de gas en los renglones de mayor consumo a nivel residencial cocina, calentamiento de agua y acondicionamiento de aire rebaja drásticamente los consumos de electricidad por suscriptor a niveles que hacen más viable la aplicación de tarifas de pleno costo sin aumentar la factura energética total del consumidor. Gas venezolano Pero, de dónde sacar el gas? Del vecindario. Se puede buscar una negociación razonable con Venezuela. No podemos seguir pensando con mente estrecha y de aislamiento.

La internacionalización de la economía debe incluir ese importantísimo campo y aprovechar esa situación. Venezuela tiene unas reservas conocidas de 104.000 Gpc, mientras las nuestras apenas llegan a 3.700 Gpc. Y con esa superabundancia, a ellos les debe interesar vendernos lo que a nosotros nos debe interesar comprarles, con grandes beneficios para ambos. Claro que se necesita hacer los números, la factibilidad completa. Pero hay que empezar por el planteamiento.

En su aspecto físico, el problema no es muy complicado. Ubicando en el mapa una región rica en gas natural, a unos 120 kilómetros al sur de Caracas, se ve claramente que una tubería hasta Barrancabermeja para servir la refinería y salir de allí con ramales a Bogotá, Medellín, Manizales, Pereira y Cali resulta inclusive más corta que la línea entre la Guajira y Bogotá.

Y el aspecto geopolítico sí que es positivo. La experiencia ha demostrado que un alto grado de interdependencia en esas materias, en vez de avivar temores, es factor creciente de seguridad y conveniencia mutua.

Baste pensar en el gigantesco gasoducto soviético que, hace ya una década, lleva enormes cantidades del energético desde los campos siberianos hasta Italia y España, dejando suministros en toda Europa Central.

Finalmente, de máxima importancia y como factor más positivo para el futuro, también la experiencia ha demostrado y la razón indica que para incentivar la búsqueda del hidrocarburo, hay que crearle y asegurarle un mercado.

Y esta sería la mejor manera. O sea que el mismo desarrollo de un mercado creciente, abastecido con gas importado, induciría la exploración en cuantía muy superior a la alcanzable sin ese desarrollo. Se rompería el círculo vicioso y nos podría conducir a mayor abundancia, asegurada para plazo más amplio. El autor es consultor económico experto en energía.

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