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SABATINI Y PETE SAMPRAS: LA NUEVA OLA

SABATINI Y PETE SAMPRAS: LA NUEVA OLA

1990 pasará a la historia como el año del sacudón en la cúpula mundial del tenis. En los cuatro torneos del Gran Slam, Australia, Roland Garrós, Wimbledon y Nueva York, nadie logró repetir y la lista entregó los honores sin distingos a veteranos y jóvenes. Graf en Australia, Seles en Francia, Navratilova en Inglaterra y Sabatini en Estados Unidos, es un repertorio tan heterogéneo como el de los varones. Lendl en Melbourne, Gómez en París, Edberg en Wimbledon y Pete Sampras en Nueva York, hacen un cuadro de honor en el cual una nueva generación está pidiendo pista.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
11 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

En seis meses, la veinteañera argentina Sabatini reconstruyó su vida: cambió de entrenador, se acercó a un psicólogo y recuperó la motivación. De jugadora apática y poco combativa, pasó a mostrar un tenis sensual y ofensiva que demolió a Steffi Graff.

Con solo 18 años, tranquilo como el que todo tiene por ganar, dueño de un servicio demoledor, Pete Sampras es ahora el ganador más joven de Flushing Meadow, en la final de la nueva ola.

Agassi, su oponente, irreverente con todos los protocolos del vestir del tenis, no pudo contrarrestar a Sampras, pero ambos dejaron por escrito que en el 90 el tenis se revolucionó precipitadamente.

Otra circunstancia salta a la vista: cada vez, la edad para ser campeón es inferior y ahora el deporte blanco, amén de haber perdido su invulnerabilidad en la publicidad y costumbres, consagra cada semana a adolescentes millonarios. Sampras ganó el domingo en Nueva York 182 millones de pesos en un par de horas de trabajo con la raqueta. Algo para motivar a cualquier jovencito con aptitudes que en un solo día puede arreglar su vida.

Con una inesperada y hermosa victoria frente a la alemana Steffi Graf, en el cemento de Flushing Meadow, la argentina Gabriela Sabatini conquistó el sábado anterior su primer título del Gran Slam , exhibiendo de paso un estilo ágil, ofensivo y sensual, opuesto al tenis defensivo y monótono que solía practicar algunos meses atrás.

La transformación de Gaby, que encantó y conquistó a Nueva York, dominó esta semana deportiva, en la que Pete Sampras confirmó el surgimiento de una nueva ola en el tenis estadounidense y el brasileño Ayrton Senna dio un gran paso hacia un segundo título de campeón mundial de pilotos de Fórmula 1.

Sabatini dio el primer título femenino del Gran Slam a Argentina y el segundo mayor del año al tenis latinoamericano, ya destacado gracias al ecuatoriano Andrés Gómez, vencedor en Roland Garrós.

A los 20 años, Sabatini coronó sus primeros cinco de profesionalismo y quedó en el umbral de una segunda carrera. Al vencer a Graf borró una temporada negra y enmudeció a los especialistas que comenzaban a evocar su decadencia.

Lesionada en el Abierto de Australia y eliminada prematuramente en Roland Garrós, acosada por las quinceañeras Mónica Seles y Jennifer Capriatti, acomplejada por la superioridad de Steffi, afectada por una frustrada relación amorosa, Gabriela parecía tocar fondo.

Sin embargo, en julio pasado, en el aristocrático césped de Wimbledon, la tenista argentina había dado signos de resurrección a pesar de haber perdido en semifinales frente a la estadounidense Martina Navratilova.

Cuidado con Gaby. En el futuro habrá que contar con ella , dijo entonces Navratilova.

Sucede que después de la derrota en París, Sabatini y sus allegados habían adoptado una serie de medidas radicales tendientes a salir de la peligrosa espiral del fracaso.

La principal fue separarse del entrenador español Angel Giménez, que se había convertido en un obstáculo objetivo para su evolución. La segunda, contratar al brasileño, de 39 años, Carlos Kirmayr, especialista del juego rápido y el ataque en la red. La tercera, consultar a Jim Loehr, un sicólogo especializado en deportistas.

Cuando empecé a trabajar con ella estaba completamente perdida. No sabía qué hacer para ganar ni en qué dirección trabajar. Sufría una presión considerable. Nadie parecía darse cuenta de que tenía apenas 20 años y necesitaba paciencia y confianza , dijo Kirmayr.

La victoria de Sabatini desacralizó, por otra parte, a Graf quien este año ganó solamente un torneo del Gran Slam (Australia) y participó en otras dos finales (Roland Garros y Flushing). Para cualquiera eso sería la gloria. No para Graf, que en 1989 había obtenido tres torneos y en 1988, realizado el Gran Slam .

Por primera vez en muchos años nadie logró triunfar en dos torneos del Gran Slam . Graf obtuvo la victoria en Australia; Seles, en Roland Garrós; Navratilova, en Wimbledon; y Sabatini, en Flushing Meadow.

Lo mismo sucedió en el circuito masculino. Iván Lendl ganó en Australia; Gómez, en París; Stefan Edberg, en Wimbledon; y Pete Sampras, en Flushing Meadow.

Sampras, 19 años, dueño de un potente servicio y tranquilo como un pepino palabras de John McEnroe, se convirtió en el vencedor masculino más joven de la historia del Abierto de Estados Unidos, venciendo a André Agassi.

Sampras, descendiente de griegos, y Agassi, de iraníes, forman el relevo del tenis de Estados Unidos que, después del eclipse del inigualable John McEnroe, vivía una profunda crisis de confianza.

McEnroe intentó y estuvo a punto de lograr un regreso triunfal al primer plano del tenis. Pero el colérico neoyorquino encontró en su camino al calmado Sampras, que lo dominó en cuatro sets como antes a Lendl.

Sampras y Agassi son los herederos de McEnroe. Sampras por el estilo; Agassi por el carácter. Con la diferencia de que en McEnroe los ataques de furia eran naturales, formaban parte de su ser, mientras que en Agassi son una pose, un ingrediente más del look imaginado por los expertos en marketing de su patrocinador. Reconciliación en Monza Frente a la imagen de un tenis sin jerarquías definidas, el brasileño Ayrton Senna y el francés Alain Prost confirmaron en Monza que, hoy por hoy, son los dos únicos que cuentan en la Fórmula 1 del automovilismo deportivo.

Senna ganó el Gran Premio de Italia delante de Prost y dio un gran paso hacia un segundo título de campeón mundial.

Pero lo más importante fue quizás el apretón de manos con que Senna y Prost pusieron fin a la guerra que los oponía desde hacía un año. Magic Senna superó su resentimiento y aceptó al fin la propuesta de reconciliación de Prost.

Eso llevó a que un comentarista hiciera una insólita asociación con el apretón de manos de Bush y Gorbachov a la misma hora en Helsinki. 9 de septiembre de 1990: el día en que terminaron dos guerras frías , escribió.

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