VAMOS POR LA CABEZA DE ALVARO GÓMEZ

VAMOS POR LA CABEZA DE ALVARO GÓMEZ

Mientras la Fiscalía General de la Nación trata de hallar un rastro que permita identificar a los autores intelectuales del magnicidio de Alvaro Gómez Hurtado, uno de los testigos claves en el proceso, el mismo que condujo a la captura y posterior llamamiento a juicio de tres de los asesinos materiales, deambula por las calles de una de las principales ciudades del país sin ningún tipo de protección, endeudado y sin un peso para su manutención.

14 de abril 1997 , 12:00 a.m.

Alfonso Rodríguez*, 21 años, dijo a EL TIEMPO que su único delito fue confiar en la justicia y colaborar con ella a costa de una vida clandestina y de las constantes amenazas de muerte contra su familia.

Hoy, cuando ya no me importa que me maten exige que el Gobierno Nacional le cumpla la promesa de los 2.000 millones de pesos ofrecidos por el propio Presidente de la República para quien suministrara información que ayudara a esclarecer el magnicidio.

Con esa plata afirmó por lo menos podría brindarle la seguridad a mi familia, que no se cansa de reprocharme: Por colaborar con tu justicia nos enterraste a nosotros .

En diálogo con EL TIEMPO y al igual que lo han sostenido en el pasado otras personas que han intentado acogerse a la protección del Estado, el testigo denunció que el Programa de Protección de Testigos no sirve y que la Fiscalía sencillamente le retiró la protección argumentando problemas de alcoholismo.

Lo paradójico es que la propia Fiscalía, en cabeza de uno de sus investigadores estrella, emitió el último 10 de marzo una constancia en la que certifica: La colaboración presentada por el señor Alfonso Rodríguez*, en la investigación por la muerte del doctor Alvaro Gómez Hurtado, se concreta en elementos consignados en la resolución de acusación en contra de dos autores materiales del magnicidio .

El ente acusador se defendió y sostuvo que si el testigo se encuentra por fuera del programa es por su propia voluntad y que difícilmente podría pensarse hacia al futuro en brindarle protección porque se rompieron los principios fundamentales de confianza .

Lo cierto, hasta el momento, es que el testimonio de Rodríguez* contribuyó para que los fiscales que adelantan la investigación profirieran, el 15 de noviembre último, resolución de acusación contra Héctor Paul Flórez Martínez, Manuel Mariano Montero Pérez y Flaminis Tovar Pérez, los tres hombres que dispararon contra Gómez Hurtado y cuya identificación y captura fue posible, principalmente, en virtud del testimonio de Rodríguez*, hoy sin protección de ninguna índole.

Además de otro crimen cometido en Sucre y desentrañado en virtud del testimonio de Rodríguez*, en el caso Gómez, la Fiscalía halló mérito para acusar a Flórez, Montero y Tovar como responsables de los delitos de homicidio agravado, tentativa de homicidio, concierto para delinquir con fines terroristas o de sicariato, porte ilegal de armas de uso privativo de las Fuerzas Militares, omisión de denuncia y lesiones personales.

Por ahora, el testigo espera la respuesta del derecho de petición elevado el pasado 21 de marzo ante el presidente Ernesto Samper para que ordene a quien corresponda adelantar los trámites tendientes a producir el pago de la recompensa ofrecida por el Gobierno Nacional por mi colaboración con la justicia... .

Foto: Alfonso Rodríguez*, quien espera que el Estado le responda por la recompensa ofrecida, reclama además la protección para su vida pero pide que ésta no signifique la confinación de por vida en una pieza.

De qué se enteró Alfonso Rodríguez*? Tres días antes de que mataran a Alvaro Gómez, Alfonso Rodríguez* se enteró en un parque de Sincelejo del plan criminal y, un día después de materializado el magnicidio, conoció, en un prostíbulo, los pormenores de lo que los supuestos asesinos calificaron como el homicidio del siglo .

Los siguientes son los principales apartes de lo que Alfonso Rodríguez* le dijo a la Fiscalía y que a la postre contribuyó a la captura de los que hoy la Fiscalía acusa como asesinos materiales de Gómez: El 30 de octubre yo me encontraba en un parque de Sincelejo, que queda a dos casas donde yo vivía con mi familia. Allí me encontré con mis amigos Héctor Paul Flórez Martínez, Manuel Mariano Montero Páez y Flaminis Tovar Pérez, quienes me dijeron que había un billete largo por la cabeza de Alvaro Gómez.

En ese momento no capté quién era Alvaro Gómez, pero después de cinco minutos de estar hablando y hablando me di cuenta de que se trataba de ese señor tan importante. Ellos insistían en que había un billete largo por matar al doctor Gómez.

A mí me dio miedo y les dije que yo a eso no le jalaba, que yo nunca había matado a nadie. Les pregunté por qué lo iban a matar y sólo decían que lo único que sabían era que el billete era bastante. A ellos los buscaron allá, en Sincelejo, porque ya había la experiencia de que en los crímenes grandes a los asesinos siempre los buscaban en una de las cinco principales ciudades del país.

Confiamos en... Creo que ellos nunca supieron quiénes eran los autores intelectuales. Ellos no son más que matones a sueldo. Listo. Tú no vas, pero confiamos en ti , me dijo uno de ellos.

Tranquilos compadres que aquí no va a pasar absolutamente nada, siempre y cuando ustedes no se metan conmigo , fue todo lo que les respondí y me fui para mi casa y luego para Coveñas.

El 2 de noviembre, cuando escuché la noticia de que habían matado al doctor Gómez se me estremeció todo el cuerpo. Yo me preguntaba por qué no hice algo para impedir su muerte, si sabía que lo iban a matar. Claro que cuando ellos me comentaron lo del plan pensé que me estaban mamando gallo .

El 3 de noviembre, como a las 12 del día, volví a encontrármelos en las afueras de mi casa y me saludaron. Y cuando iban a comenzar a contarme cómo perpetraron el homicidio salió mi mamá y mi abuelita y me dijeron: Niño, vamos para adentro .

Me despedí y mientras me alejaba les dije: Nos mosve a las tesie en el quepar , que significa nos vemos a las siete en el parque.

Yo estaba ansioso por conocer cómo habían perpetrado el crimen. Miré el reloj y salí al parque.

Hermano, hicimos el homicidio del siglo, el homicidio del año , me dijo uno de ellos. Yo sólo atiné a responderle: Sí. Eso estuvo muy bien preparado, pero pilas hermanos, cuídense, tengan mucho cuidado porque los pueden llegar a matar .

Me invitaron a Altamira , el mejor prostíbulo de Sincelejo, y pidieron una botella de aguardiente y me contaron paso a paso cómo habían matado al doctor Gómez.

El crimen Me dijeron que a las 6 de la mañana habían abordado una avioneta en una pista clandestina de Sincelejo y que minutos más tarde habían aterrizado en otra pista que queda por ahí en las afueras de Bogotá.

Allí los estaba esperando un carro, que de inmediato los trasladó a una casa. Una vez en ese sitio, dizque les explicaron los pormenores del plan para atentar contra el doctor Gómez en las afueras de la Universidad Sergio Arboleda.

Luego salieron para la universidad y, según me dijeron, dentro de la universidad había un estudiante o un infiltrado que les avisó el momento en que el doctor Gómez abandonaba la Sergio Arboleda.

Héctor se hizo al lado donde estaba el doctor Alvaro Gómez y disparó contra él. Manuel se ubicó al lado donde estaba el escolta y también disparó contra él, y Flaminis iba en la parte de atrás como refuerzo.

Una vez perpetrado el crimen, ellos metieron sus armas entre sus chaquetas y caminaron normalmente, como si no hubiera pasado nada.

A tres o cuatro cuadras los estaba esperando un carro Daewoo. Los recogieron y fueron trasladados a una casa de Bogotá, que nunca me dijeron dónde estaba ubicada. La organización los felicitó y les comunicó que serían tenidos en cuenta para otros trabajos.

Dos horas después abandonamos el bar y Héctor me lanzó una advertencia: Si usted llega a hablar yo salgo en 40 años y te mato .

Salí muy nervioso y me fui para mi casa. Eran como a las 11 de la noche.

Jamás pensé en echarlos al agua . Dije esto murió para mí, es un homicidio más de estos señores y listo, pero la conciencia de ver todos los días al doctor Gómez en los medios de comunicación y leer que habían capturado a inocentes y la actitud distante y despectiva de ellos me decían que tenía que a hablar.

A los pocos días tomé la decisión de colaborar con la justicia, me fui para la Sijín y hablé con el agente Acuña, el mismo al que le había llevado una información sobre carros venezolanos robados.

Luego hablé con el mayor Duarte, quien era el jefe de homicidios de la Dijín. Fue entonces cuando el 22 de noviembre de 1995 la Policía practicó los allanamientos, los capturó y corroboró mi testimonio , puntualizó.

Nota de la R: El verdadero nombre del testigo se mantiene en reserva para proteger su identidad.

Por su propia voluntad no tiene protección : Fiscalía Alfonso Rodríguez* sostuvo que cuando aceptó ingresar al Programa de Protección y Asistencia a Testigos de la Fiscalía jamás pensó que iba a ser tratado como una basura o un delincuente y menos aún que la protección consistiría en que él debía permanecer encerrado en un cuarto como si fuera un prisionero . (Ver Facsímil de la constancia de la Fiscalía).

Afirmó que la Fiscalía lo retiró del programa argumentando problemas de alcoholismo y derroche de la asistencia económica que era de 410 mil pesos mensuales. Yo pensé que la justicia era seria. Lo único que puedo sacar de esta pesadilla es que jamás volveré a colaborar con la justicia y que, si es necesario, no dejaré de acudir a los medios para que se sepa la verdad porque yo le he pedido a la Fiscalía que me someta a los exámenes que quiera .

Al respecto, voceros de la Fiscalía, incluido el propio el Alfonso Valdivieso, fueron enfáticos en rechazar las acusaciones de Rodríguez* y sostuvieron que si el testigo no cuenta con protección oficial es por su propia voluntad.

Debe quedar claro que él no es el único testigo en el caso Gómez. Su testimonio fue importante y por eso la Fiscalía siempre ha estado pendiente de él , dijo un vocero de la Fiscalía.

Sin embargo agregó la conducta que está presentando de evidenciarse como testigo e ir a los medios de comunicación es irresponsable y en las oportunidades que ha tenido relación con el programa ha renunciado o incumplido los compromisos adquiridos .

Según el vocero, hasta hace pocos días el nivel de riesgo del testigo era bajo, pero con sus presentaciones públicas a través de los medios de comunicación eleva su nivel de riesgo .

Para la Fiscalía, al testigo no le interesa la protección de su vida sino hacer efectiva una recompensa que ofreció el Gobierno Nacional y que el Programa de Protección no es el encargado de pagarla.

Los voceros de la Fiscalía sostuvieron que para entender el problema de Rodríguez* sólo es necesario revisar las fechas en que el testigo tuvo contacto con el programa: El 30 de noviembre de 1995 el fiscal de conocimiento del caso solicitó que vincularan a Rodríguez* al programa.

El 5 de diciembre comenzó a brindársele protección provisional.

El 18 de diciembre del mismo año Rodríguez* renunció al programa argumentando que no estaba dispuesto a cumplir con las restricciones.

El 27 de diciembre reitera no someterse al programa y vuelve a hablar de su interés en que le cumplan con la recompensa ofrecida por el Gobierno.

Por petición del fiscal de conocimiento se le brinda una asistencia económica de 410 mil pesos.

El 23 de enero del 96 pidió regresar al programa, pero en dos comunicaciones del 14 y 29 de febrero insiste en que no desea protección y encierro y que sólo quiere hacer efectiva la recompensa.

El programa realiza labores de inteligencia que establecen que los recursos asignados los utiliza para llevar una vida libertina e irresponsable para su condición de persona amenazada. Es así como el 28 de diciembre de 1996 se le suspendió la asistencia económica.

El 5 de febrero de 1997 el programa acude al comando de la Policía Metropolitana de Bogotá para que estudie el nivel de riesgo del testigo y promueva un plan para garantizar su integridad física.

El 25 de marzo la Policía conceptúa que el nivel de riesgo del testigo es bajo y asegura que se le recomendaron medidas para su seguridad personal. Vuelve a insistir en que se haga efectiva la recompensa del Gobierno.

El 26 de febrero el testigo escribe al programa expresando que no quiere que la Policía asuma su seguridad. Reitera que necesita cobrar la recompensa .

Más allá de la respuesta oficial, no obstante, lo cierto es que Alfonso Rodríguez*, uno de los testigos claves en el caso Gómez, deambula sin protección, sin recursos y con el temor de haber puesto en manos de sus asesinos las vidas de toda su familia.

Por lo demás, en un país en el que el perfil de los sicarios ha coincidido con el alcohol y las drogas y la vagancia, no parece muy claro que a futuro, frente a crímenes que estremecen a la Nación, la Fiscalía y otras autoridades puedan acudir a testigos sin ningún tipo de vicios.

Nota de la R: El verdadero nombre del testigo se mantiene en reserva para proteger su identidad.

Así son los tres asesinos En pocas palabras, Alfonso Rodríguez* describe a sus viejos amigos, hoy enemigos a muerte , como unos muchachos que en sus trabajos siempre iban a la fija .

Héctor Flórez Mide más o menos 1,80 metros. Es de piel blanca, ojos negros, pelo liso, nariz larga y es acuerpado. El tiene un tatuaje en la mano derecha y hubo un testigo que sí lo vio en el momento en que disparaba contra el doctor Gómez .

Manuel Montero Es bajito. Mide más o menos 1,58 metros. De 1,60 no pasa. No es muy blanco, pero tampoco es muy moreno. Es de pelo liso y ojos negros. Fue la persona que disparó contra el escolta del doctor Gómez .

Flaminis Tovar Mide entre 1,68 y 1,70 metros. Es moreno, ojos negros, pelo liso y se motila bajo. Es relativamente delgado. También tiene un tatuaje en una pierna, pero no me acuerdo en cuál de las dos. El fue el que estuvo como acompañante en el crimen .

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