SU OBRA ES RICA Y ESTIMULANTE

SU OBRA ES RICA Y ESTIMULANTE

El escritor español Jorge Semprún fue galardonado esta semana con el Premio Jerusalén de Literatura 1997, que se otorga cada dos años durante la Feria del Libro de la ciudad, por su compromiso con la libertad del individuo dentro de la sociedad .

11 de enero 1997 , 12:00 a.m.

Semprún, de 74 años, es autor de muchos libros: Netchaiev ha vuelto, Autobiografía de Federico Sánchez, La segunda muerte de Ramón Mercader, La escritura o la vida, etc.

Este premio ha sido entregado a importantes nombres de la literatura, como Bertrand Russell, Eugene Ionesco, Octavio Paz, Simone de Beauvoir, Jorge Luis Borges, Milan Kundera, Graham Greene, Isaiah Berlin, Max Frisch y, en 1995, fue adjudicado al peruano Mario Vargas Llosa, quien recibirá a Semprún en la entrega del premio.

Se da la curiosa circunstancia de que, el año pasado, Semprún fue quien recibió en Francfort a Vargas Llosa como ganador del Premio de la Paz de los libreros alemanes, que él había recibido a su vez en la edición de 1994.

Mario Vargas Llosa habló sobre el premio recibido por Semprún.

Es un acierto la concesión del premio a Jorge Semprún dice el peruano. No sólo por la calidad literaria de su obra, que es muy alta, sino también por la trayectoria política y personal de Semprún, que ha sido siempre un luchador por unos ideales que lo llevaron a la cárcel, que lo hicieron vivir la terrible experiencia del campo de concentración de Buchenwald. Duras experiencias a las que él ha sobrevivido y sobre las que ha escrito y reflexionado con enorme lucidez, sacando además conclusiones de todo ello para la lucha por la libertad y la democracia en nuestro tiempo. Creo que la obra de Semprún, como novelista, ensayista o guionista, es una de las más ricas y estimulantes de nuestro tiempo .

Ha sido Semprún, en lo político, un ejemplo para usted? Sin duda. Creo que Semprún ha estado siempre comprometido con la idea de la justicia, con la idea de la moral inseparable de la vida política. Creo que esas ideas lo llevaron en su juventud a militar en el partido comunista y luego a apartarse de él.

En Semprún hay algo muy admirable que por desgracia va siendo cada vez menos frecuente, y es el compromiso. La idea de que la actividad literaria no puede estar disociada de una cierta responsabilidad cívica, de una participación del escritor en el debate político, la importancia de que la política se nutra de ideas, etc.

En todas esas ideas coincido enteramente con él, aunque tenemos algunas divergencias. Yo creo que él está más cerca de la socialdemocracia que del liberalismo, al cual yo soy cercano. Pero estas diferencias son bastantes adjetivas con respecto a lo que es un acuerdo sobre lo esencial, que es la defensa de la cultura de la libertad, del sistema democrático, de la lucha contra los abusos a los derechos humanos, y la necesidad de que la cultura tenga raíces en la experiencia vivida y no sea solo un ejercicio de la inteligencia, un juego meramente intelectual .

A qué se debe, en su opinión, que el compromiso sea más tenue en las nuevas generaciones? Hay dos razones. La primera es la sensación de fracaso, de frustración. El compromiso en el pasado de otros escritores no contribuyó en ninguna manera visible o significativa a cambiar la sociedad, a traer una sociedad mejor, y eso ha llevado a muchos intelectuales a considerar que la literatura es impotente para producir cambios sociales o políticos, y por lo tanto a romper con esa actitud de compromiso.

En otros casos, simplemente se debe a que la sociedad se ha democratizado y a que hay otros canales para que se exprese el descontento y la crítica frente a lo establecido. Entonces el escritor considera que puede confinarse en una actividad puramente artística o estética y desinteresarse de lo cívico, de lo social. Es lo que pasa con los países anglosajones, en Inglaterra, en Estados Unidos.

Los escritores no participan pues consideran que la política tiene sus propios canales, que son sociedades democráticas y que el escritor puede dedicarse a su profesión. Yo no estoy de acuerdo con esa posición, pero creo que es una actitud que se ha generalizado, sobre todo en las sociedades con raigambre democrática muy sólida.

El compromiso, curiosamente, está muy vivo en los países en los que la democracia o no existe o es incipiente y corre el riesgo de desplomarse. Allí sí la gravedad de la situación incita a los intelectuales a comprometerse y a sentirse cívicamente responsables .

El escritor Mario Vargas Llosa habla de su colega español Jorge Semprún, quien recibió la semana pasada el Premio Jerusalén de Literatura 1996. Un premio muy merecido , dice el autor peruano.

le entregará en abril el Premio Jerusalén a Semprún. El peruano recibió ese mismo reconocimento hace dos años.

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