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EL SINO TRÁGICO DE LOS JUGLARES VALLENATOS

EL SINO TRÁGICO DE LOS JUGLARES VALLENATOS

En Fundación (Magdalena) aún se sienten los pasos de Juancho Polo Valencia. En Planeta Rica (Córdoba) dicen que Alejo Durán sigue vivo y su estampa morena con sombrero vueltiao se pasea en noches de luna llena. Y en San Juan del Cesar (Guajira) algunos aseguran que las notas de Juancho Rois suenan en serenatas a medianoche.

En Fundación (Magdalena) aún se sienten los pasos de Juancho Polo Valencia. En Planeta Rica (Córdoba) dicen que Alejo Durán sigue vivo y su estampa morena con sombrero vueltiao se pasea en noches de luna llena. Y en San Juan del Cesar (Guajira) algunos aseguran que las notas de Juancho Rois suenan en serenatas a medianoche.

Estas historias no tendrían nada de raro de no ser porque los protagonistas ya están muertos. Todos desaparecieron trágicamente, luego de unas vidas tempestuosas, cuyos finales no podían ser la muerte natural.

Y es que en el folclor de la tierra de Francisco El Hombre existe una extraña relación entre la gloria alcanzada con la fama y la figura de la muerte. En una gran mayoría, las páginas de los máximos exponentes de este género musical se cierran con desenlaces fatales.

Es el destino de muchos juglares vallenatos: vivir de manera intensa para morir trágicamente. La lista de compositores, acordeoneros y cantautores que fallecieron en la miseria, en accidentes o asesinatos extraños, o hasta perseguidos por la justicia y encarcelados, sobrepasa los veinte (ver recuadro).

Casos recordados.

El caso más recordado es tal vez el de Rafael Orozco Maestre, la voz líder del Binomio de Oro, quien perdió la vida en 1992 en un atentado en su casa en Barranquilla. En esos momentos el artista había triunfado en escenarios nacionales e internacionales y empezaba a mostrar su faceta de compositor.

La canción que le compuso a su esposa Clara Elena Cabello, titulada Sólo para ti, lo consagró ante su público: Yo siento que te he querido/ y te quiero más.../ es algo que necesito para vivir/ mi vida no sería vida si tú no estás/ todo lo veo más bonito solo por ti.

Incluso, el sino trágico en el caso de Orozco continuó después de su muerte y alcanzó a otros. Ocho personas que tuvieron algo que ver con el expediente por el crimen del cantautor (procesados, testigos e investigadores) perdieron la vida en forma violenta o se encuentran desaparecidos. Sobre el fin de este juglar se tejieron diversas versiones, desde móviles pasionales hasta vínculos con personajes oscuros de la mafia.

Muy singular, e incluso un poco cruel, fue la tragedia de Juancho Rois. El acordeonero murió en el momento en que había conseguido casi todo lo que ambicionaba.

El Conejito , como se le conocía, había logrado madurar y posicionarse como uno de los mejores intérpretes del acordeón. En cuanto al corazón, luego de muchas novias pasajeras, había logrado conquistar por fin a la monteriana Jenny Cecilia Dereix, un objetivo que le significó una lucha constante y tenaz, pues el muchacho no era bien visto por los padres de ella.

En esta etapa de su vida fue cuando escribió la canción Por qué razón, dedicada a Jenny Cecilia, en la que argumenta sobre la fuerza de su amor: Que Dios me quite / la vida si no te quiero/ y es muy difícil/ que los dos nos separemos.

Y Dios se la quitó (la vida) y lo separó de ella (de Jenny). Recién casado y esperando a su primogénito, a Juancho Rois lo sorprendió la muerte en 1994 en un accidente aéreo, después de cumplir compromisos artísticos en Caracas. Junto con él fallecieron el bajista Rangel El Maño Torres y el técnico de acordeones Eudes Granados.

En ese avión debería haber viajado también Diomedes Díaz, el Cacique de la Junta quien finalmente tomó otro vuelo. Diomedes consiguió burlar a la fatalidad esa vez, pero cinco años más tarde terminó envuelto en un sórdido escándalo que culminó en el crimen de Doris Adriana Niño, una admiradora suya. Hoy está huyendo de la justicia.

Un caso triste y de mucha recordación por la forma como se fue de este mundo es el del compositor Miguel Yanet Díaz, autor de temas como Los 20 años y Figura Macabra, en los que de manera premonitoria anunció su fin. El siempre les dijo a sus amigos que el día que muriera quería que sus despojos estuvieran junto a los de su madre.

Su deseo no se cumplió. Murió de una cirrosis hepática, producto de su gran afición por el licor. En 1976 expiró en la solitaria habitación de un hospital en Medellín y fue sepultado como NN. Sus restos jamás se pudieron recuperar, aunque su hijo Miguel Segundo sigue empeñado en buscarlos y traerlos a Valledupar.

Esa figura macabra/ no se aparta de mi vista/ y en una de esas visitas/ dijo que me iba a llevar. Así reza uno de sus versos vallenatos.

Más allá de la muerte.

La mayoría de estos juglares siempre han estado familiarizados con la muerte y lo hacen saber a través de sus composiciones. Juancho Polo y Alejo Durán le cantaron al más allá, desde el más acá. Letras como Alicia adorada o Lucero espiritual, de Juancho, especulan sobre cómo será el cielo.

Juancho Polo era el juglar auténtico. Un día estaba amenizando una parranda en El Retén (Magdalena) y al día siguiente se le veía bebiendo ron en un pueblo alejado del Atlántico.

Su desventura, más que a las mujeres, se la debió al ron. En la miseria y borracho, la muerte lo sor prendió en Fundación hace 22 años.

Otro es el caso de Durán, que parrandeaba sin beber licor. Cuando el corazón le comenzó a fallar y le sobrevino la muerte en un mísero hospital de Montería en 1989, no parecía estar preparado para recibirla, como lo deja entrever en una de sus frases soltada en una radio de pueblo: Si la muerte me quiere, que me busque .

De dónde puede provenir esta tendencia al final fatal e infortunado de la mayoría de grandes juglares?.

Nadie se atreve a decirlo con certeza. Uno de los pocos estudiosos del vallenato que arriesgan una explicación es Andrés Salcedo. El no descarta que el origen de la tragedia pueda esconderse en lo sobrenatural.

Sin embargo, también tiene una explicación muy terrenal: Los juglares son personas de origen humilde y, generalmente, vienen del sector rural. De manera que cuando se vuelven famosos se trasladan a las ciudades y se convierten en personajes urbanos. La popularidad los acerca al alcohol, a la droga y, en algunos casos, al mundo de la mafia.

Lo cierto es que por estos días, cuando se revive la tradición del Festival de la Leyenda Vallenata, no solo la plaza Alfonso López de Valledupar se llena de parranda y folclor. Muchos creen que en alguna parte del cielo, Rafael, Juancho, Juancho Polo, Alejo y otros arman su desorden sin ron.

FINALES TRISTES.

En la obra de Rafael Oñate Rivero titulada Vallenatos inmortales, que es un homenaje póstumo a 22 de los mejores juglares, la vida y obra de estos cantautores y el punto final de su existencia está escenificada en el marco de la miseria, la violencia y la tragedia.

Oñate Rivero dice que en la física miseria murieron Chico Bolaños, Miguel Yanet Díaz, Juancho Polo Valencia, Esteban Montaño Polo, Carlos Huertas Gómez, Alberto Pacheco Balmaceda, Luis Enrique Martínez y Julio Enrique de la Ossa. Los tres últimos nombres alcanzaron a coronarse como reyes del Festival Vallenato.

En sucesos trágicos (accidentes y asesinatos) murieron, entre otros, Freddy Molina Daza, César Arturo Molina, Héctor Arturo Zuleta, Octavio Daza Daza, Rafael Orozco Maestre, Juan Humberto Rois Zúñiga, Julio Díaz Martínez y Hernando José Marín.

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