Cómo curar un corazón destrozado

Cómo curar un corazón destrozado

A Perla, paciente joven con una enfermedad autoinmune, le duelen el corazón y el pecho. Siente que se le oprimen y le generan un dolor agudo, punzante. Y no es por el mal que padece, sino por una ruptura afectiva. Visto desde la perspectiva de la neurología, lo que le pasa a Perla es lógico y válido.

22 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Así lo han confirmado varios estudios científicos. "A pesar de que en su pecho y su corazón no hay fractura por terminar con el novio, si observáramos su cerebro por imágenes diagnósticas modernas encontraríamos un resultado equivalente al de la fractura de un hueso, pero en este caso asociada a un alto contenido emocional", asegura el médico Santiago Rojas, especialista en cuidados paliativos oncológicos, que acaba de lanzar el libro Alíviate el corazón roto. Cada semana, Rojas recibe en su consultorio a 10 personas, en promedio, con casos como el de Perla: con 'tusas' que los sumen en una gran tristeza y suelen tener efectos devastadores en lo psicológico y en lo físico; es casi el mismo número de pacientes que lo buscan por duelos de muerte.

De acuerdo con el médico colombiano Armando Solarte, experto en psiconeuroinmunología, "no sentirse amado puede ser tan tóxico como fumar, comer altas cantidades de grasa saturada o ser sedentario, con respecto al riesgo de enfermedad cardiovascular o muerte".

Y su incidencia en el cuerpo es tan fuerte que cuando, por ejemplo, se le muestra a un 'entusado' una fotografía de su ex, esto puede activar en su cerebro las mismas áreas que cuando se le aplican estímulos dolorosos producidos por la quemadura con una bebida caliente en los brazos, como lo reveló el estudio publicado, en el 2011, en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, realizado por la Universidad de Columbia.

Duelo como deuda En su libro, Rojas entrega una serie de consejos. Uno de los más importantes es perdonar y perdonarse lo antes posible porque, como él dice, "ese duelo es como una deuda": entre menos se demore pagándola, menos angustia le producirá y más posibilidades tendrá de salir fortalecido para tener nuevas y sanas relaciones.

"En ese proceso uno debe dejar atrás el orgullo -comenta el autor-. No se perdona al otro porque lo merezca, porque ese otro tendrá que asumir las consecuencias de sus actos; se perdona porque así se puede vivir definitivamente sin él y porque, de lo contrario, siempre que se piense en esa persona, aunque hayan pasado muchos años, seguirá doliendo". Y remata: "No se hace para olvidar, sino para aprender de lo que pasó y no repetir esos errores en nuevas relaciones".

Si usted hace la tarea juicioso, el cambio de actitud hará que, frente a otros, en parte también por procesos bioquímicos, irradie una energía diferente. Eso, por supuesto, incluye que vuelva a ser atractivo para los demás.

Sanar heridas .

No es un fracaso Lo vivido y la pérdida no son un fracaso, sino un aprendizaje. Si no lo ve así, lesionará su autoestima y prolongará su sufrimiento.

No busque a su expareja No debe llamar, buscar ni contactar por ningún medio a su expareja con la disculpa de querer saber cómo está. Apóyese en sus amigos. .

'Compañeros de causa' Si tiene que seguir relacionado con su ex por trabajo o hijos, su nexo será el de 'compañeros de causa'. Solo deben contactarse por ello.

Nuevos proyectos Es clave recuperar la autoestima y reafirmar el proyecto de vida o emprender otros, así reinvertirá la energía que le daba a la relación.

El otro como una adicción hay que romper totalmente el vínculo.

El cerebro, asegura Rojas, "procesa la separación de la pareja de manera equivalente a la ausencia de una sustancia determinada en un adicto, así que se debe empezar por reconocer que, en gran medida, su vida está controlada por el poder otorgado a otro". Esto debe acompañarse, de acuerdo con el libro, de la firme decisión de romper el vínculo con la expareja y de "estar dispuesto a pasar por el síndrome de abstinencia". Volver al consumo, sin importar la cantidad, "producirá una sensación de bienestar seguida de caos y más demanda". El libro plantea que "separarse poco a poco y con encuentros fugaces suele ser muy conveniente para uno de los miembros de la pareja, pero no para el otro, que sentirá más dolor y no podrá sanar las heridas si sigue en ese círculo vicioso"

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