La segunda coronación de Pombo

La segunda coronación de Pombo

Si el poeta Rafael Pombo (1833-1912) se levantara por estos días de su tumba, probablemente se sentiría asistiendo a su segunda coronación.

20 de abril 2012 , 12:00 a.m.

La primera, que muy pocos conocen, ocurrió el 20 de agosto de 1905, cuando todo el país se volcó para rendirle un gran homenaje que terminó por llevarlo a la tumba, siete años más tarde, el 5 de mayo de 1912, al caer en cama víctima de la alergia al polen que le generaron las centenares de coronas de flores que le llegaron de todos lados.

Así lo recuerda la escritora Beatriz Helena Robledo, quien además de presentar en la Feria la reedición de su biografía sobre el padre de Rin Rin Renacuajo, tuvo a su cargo la curaduría de la gran exposición, que se puede ver en el segundo piso del pabellón 8 de Corferias, como parte de las celebraciones del centenario de la muerte del poeta (véanse recuadros).

Cuenta Robledo que varios amigos de Pombo convocaron al gran homenaje, al que terminó uniéndose hasta el presidente de entonces, el general Rafael Reyes, quien no solo donó la corona de oro, sino que creó una junta para organizar la ceremonia, que se llevó a cabo en el Teatro Colón.

"Con el corazón embargado por sentimientos encontrados, al salir de su casa Pombo encontró a una multitud que lo aclamaba con un fervor entre religioso y patriótico", dice.

"Parecía increíble que ese ser pequeñito, flaco, ligeramente encorvado por los años, con los ojos saltones cubiertos por unos anteojos redondos que ocultaban su nerviosismo de niño asustado, fuera nada más ni nada menos que el gran poeta nacional, el mismo que había escrito la profunda y terrible Hora de tinieblas; el creador de Edda, la poetisa que hacía vibrar las emociones de las mujeres americanas; el poeta de los niños, autor de La pobre viejecita y Rin Rin Renacuajo; el traductor de Byron y de Horacio; el que había luchado contra el imperialismo estadounidense con su trabajo de diplomático y con su pluma, autor del poema antiyanqui Los filibusteros. ¡Que viva el poeta!" Y agrega que hay que darle "¡tres hurras al maestro!", como le gritó el pueblo entonces, una frase a la que debe unirse de nuevo Colombia

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