La 'diosa Pelíkula' En busca del protagonista

La 'diosa Pelíkula' En busca del protagonista

Cuando buscábamos locaciones por las bellísimas tierras de Palenque, Primer Territorio Libre de América, el director de la película Quemada, Gillo Pontecorvo, vio a Evaristo Márquez galopar por la sabana como un monumento ecuestre. Convencido se dijo que había encontrado al negro José Dolores, al protagonista de nuestra historia, que debía representar, al lado de Marlon Brando, un héroe revolucionario nacido del pueblo, que primero se vuelve guerrillero, después Libertador y, finalmente, jefe de Estado. Algo como el Toussaint l'Ouverture de Haití. "Préndetele", grita Pontecorvo, "agárrenlo".

13 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Como si fuera fácil trepar el Ford Bronco en que nos movilizábamos por las praderas. Pero como a los cinematografistas nos protege la diosa "Pelíkula" (como dice Tom Hanks), sin razón aparente, el caballo blanco paró en seco, levantó las patas delanteras y se acercó a nosotros. "Qué buscan", preguntó.

"A usted", le respondí. "Pa' qué sería", dijo. "Queremos ofrecerle un trabajo", le dije. "Ya tengo uno", y riéndose arrancó al galope saltando una cerca de matarratón.

Tratamos de seguirlo, sin éxito... Llegamos al caserío y preguntamos por el jinete. Las referencias no fueron de las mejores: mujeriego, tomatrago, sin trabajo fijo, no sabe leer ni escribir, buen chalán.

"Es él, es él", insistía Gillo, mientras nosotros le pedimos que pensara en la dificultad de trabajar con un jornalero analfabeto que nunca había visto una película, que hablaba con monosílabos y que tenía que actuar a lado del más grande actor del mundo, Marlon Brando, y en inglés (!). "Es él, es él...", seguía murmurando, como en trance, Gillo. "Yo hablo con Marlon. Estoy seguro de que me ayudará", dijo. "Le enseñamos... tengo una magnífica directora de diálogo... En la Batalla de Argel hice lo mismo... Allí, la Pointe era Brajim Haggiag.

En la reunión de producción del día siguiente, el doctor Grimaldi, productor y financiador de Quemada, preocupado por la locura de Evaristo, vino con la noticia de que la agencia de casting había conseguido dos citas con un joven actor negro, famoso por una serie, la primera de actores todos afroamericanos, Clarence Williams III, y con el grande Sidney Poitier y que esperaban a Gillo en Nueva York. "¡Mamola!", le contestó el director con el clásico gesto italiano de una mano que golpea el antebrazo con fuerza.

Y así me tocó a mí, su asistente, ¡pobrecito!, el viaje y las entrevistas y las fotos en la bellísima Nueva York, año 1968. Y todo Gracias a la diosa Pelíkula.

basilesalvo@yahoo.com

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