¡Vamonos de parranda!

¡Vamonos de parranda!

Valledupar no tiene mar, pero por ella discurre el Guatapurí, que se desliza desde la Sierra Nevada de Santa Marta y baña la ciudad. Familias enteras llegan hasta aquí los viernes por la tarde para comenzar el descanso del fin de semana. Es su parque. Un lugar que, como tantas cosas en la capital del Cesar, cuenta una historia.

12 de abril 2012 , 12:00 a.m.

Del Guatapurí se dice que es el hogar de un ser mitológico. Al estar de pie sobre las piedras desde donde se ven peces nadando junto a la orilla también se aprecia, al otro lado, instalada en un pedestal, la estatua dorada de una sirena que recuerda a Rosario Arciniegas. La estructura evoca a una niña muy linda y caprichosa a quien sus padres le prohibieron bañarse en el río, por ser ese día un Jueves Santo.

Ella no hizo caso y se zambulló, pero al intentar salir del agua notó la metamorfosis. De la cintura para abajo se había transformado en pez. Los habitantes del pueblo la buscaron, creyendo que se había ahogado, y al día siguiente apareció sobre la roca de la que se había lanzado. Entonces, se despidió con la cola y se sumergió. Aseguran que quienes amanecen junto al Guatapurí oyen su canto.

Así es Valledupar, un lugar donde las leyendas brotan igual que los cientos de árboles de mango que perfuman las calles y regalan su sombra para hacer menos caluroso un paseo por el centro de la ciudad. Bajo un enorme palo de mango, en la plaza Alfonso López, los fieles seguidores de la música del Valle de Upar encuentran un sitio de peregrinación, pues allí se llevó a cabo el primer Festival de la Leyenda Vallenata, en 1968. Ese año, Alejandro Durán Díaz se convirtió en rey vallenato.

De hecho, una reliquia que perteneció al artista se conserva en el noroccidente de la ciudad, en el salón de reyes del parque de la Leyenda Vallenata: el acordeón que usó aquel año para ganar. Allí, el periodista Juan Rincón Vanegas se divierte hablando sobre la música de esta parte de Colombia, que hoy es un símbolo cultural tan popular como el sombrero vueltiao.

"Con el tiempo, el vallenato se tomará el mundo", cita Vanegas con emoción a Consuelo Araujonoguera, la fallecida fundadora del festival. Ella, hace 44 años, vaticinaba la expansión de esta expresión folclórica, a la que no pudieron resistirse príncipes, reyes ni tantos otros personajes, como Bill Clinton, que han asistido a conciertos de los famosos Niños del Vallenato.

Para ver a estos pequeños, a quienes les bastan caja, guacharaca y acordeón para contar las historias de su pueblo, se puede ir en carro hasta la Academia de Música Vallenata Andrés 'Turco' Gil, en el sur, a 15 minutos del centro.

Aquí, cada uno de los 10 salones de clase lleva el nombre de un juglar fallecido, entre los que figuran Alejo Durán, Colacho Mendoza y Juancho Rois.

"Un juglar -explica el 'Turco' Gil- no es solamente un acordeonero, sino también compositor, cantante y verseador". Alguien que intenta seguir ese camino es Juan David Atencia, uno de los alumnos más aventajados de Gil. El 'Turco' presenta con orgullo a este niño ciego, de 12 años, ante un grupo de periodistas que están de visita.

Entonces, Juan David le saca sonidos alegres a su acordeón e inventa algunos versos. "A todos los periodistas esto les quiero decir / que visitan la academia de mi maestro 'Turco' Gil. / Se lo digo con empeño, aquí les estoy cantando; / aunque me espantaron el sueño, les estoy improvisando". Juan David, como tantos niños que aquí crecen abrazados a un acordeón, tiene historias para contar. Igual que el Guatapurí.

*Invitación del Fondo de Promoción Turística.

La música de Patillal Media hora al norte de Valledupar está Patillal, un sitio en el que se les hace homenaje a ocho compositores nacidos en este pueblo. Se trata de un espacio abierto donde se levantan esculturas de cerca de un metro de diámetro, con forma de moneda, en las que las caras de maestros como Rafael Escalona se ven por un lado. Por el otro se lee un pedazo de la letra de una canción. Allí están también los rostros de Freddy Molina, Octavio Daza y José Hernández Maestre, entre otros

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